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Miguel Álvarez: "En mi escudería tengo al Cristiano Ronaldo de los coches"

Miguel Álvarez. DP
Miguel Álvarez. DP
Quería continuar la historia de su padre, así que Miguel no se lo pensó. Dejó los rallyes porque no se le daban nada bien, y se puso al frente de su escudería, que ahora es una de las más grandes de Galicia. La ha llevado a lo más alto, pero sigue luchando por cambiar la imagen que se tiene de este deporte, que antes era de ricos y ahora carece de medios económicos para poder sustentarse.

SABE que en el mundo del deporte nadie regala nada. Miguel eligió dedicarse a vivir entre coches, de una manera u otra. Heredó la Escudería Pontevedra 1984, que era de su padre y se hizo cargo de ella dejando de lado los rallyes, porque según él, era muy malo. Ahora se enfada cuando se refieren a su pasión como ‘deporte de polígonos’.

Dejó de correr en rallyes para dedicarse a su escudería. ¿Cambió a mejor o a peor?
Dejé de correr porque era muy malo, hay cosas que hay que reconocer y esto era así. Yo quería seguir vinculado porque esto me gustaba, y cogí la escudería hace tres años. Era de mi padre pero cuando falleció decidí darle una vuelta. Adaptarla a la nueva generación, que digamos. Yo creo que el cambio fue a mejor.

¿Qué hay en esta nueva generación?
Pues sorprendentemente gente muy buena. Empezamos poquitos pero la cosa fue a más. Somos 41 personas. Le di el toque mágico porque ahora somos la escudería con más pilotos de toda Galicia.

¿Tiene usted una varita mágica?
Ojalá. Si la tuviera habría dado la vuelta a esto, porque cuesta mucho hacerse hueco en este deporte. Bueno, para empezar no se ve ni como deporte. Cuando vamos a pedir subvenciones nos dicen que vayamos a hacer trompos a los polígonos. ¡Oye, que somos gente seria, con todo legal y bajo una federación! Todavía no se entiende bien ese concepto de escudería, rallyes, coches y todo lo que lo rodea. Este año nos hicimos con el Campeonato Gallego de Montaña. Se piensan que somos cuatro 'vaquillas' que hacemos las rotondas de lado. Yo en la vida fui a un circuito o carrera ilegal.

"Se piensan que somos cuatro 'vaquillas' que hacemos las rotondas de lado, y no es así"

Lo tiene todo bien atado. 
Sí. Este era el deporte de los ricos antes ¿eh? A ver quién tenía narices a comprarse un coche para correr en los años 70. Sólo los que tenían pasta. Pero ahora no hay dinero y la gente quiere correr sin gastar.

¿Pelea a diario contra este tipo de críticas?
Siempre. No sé qué se piensan que somos. Como si fuese esto una película. Y es una pena porque invertimos muchísimo dinero, que sale de nuestro bolsillo. Van miles de euros en este deporte. Hay gente que no tiene dinero y se esfuerza por correr.

Si pudiera elegir ser otra persona, ¿quién elegiría ser?
Volvería a hacer lo mismo, pero en versión millonaria.

Lo suyo es vicio.
Es que esto es un vicio. Pero de los buenos ¿eh? No hacemos daño a nadie.

¿Un vicio que se vive en equipo?
Sí. Somos como un equipo de fútbol. Yo tengo a Cristiano Ronaldo, a tres galácticos más y el resto gente que va a pasarlo bien. Tampoco tenemos el dinero que tienen ellos, claro.

Igual eligió mal entonces...
Yo jugaba a fútbol, pero también era malo (se ríe).

"La gente que viene aquí es gente que se dedica a esto como deporte. Después, en la calle, con un coche, van lentos"

Lo suyo no era practicar deporte...
No, por eso me pasé al otro lado. Desde la sombra se me da mejor. Fíjate, he conseguido tener la escudería más grande de Pontevedra y una de las mejores de Galicia. Solo me falta la cuenta bancaria que tienen ellos y ya estaría completo.

Se compara mucho con el fútbol. ¿Tiene algo que ver?
Sí. Los sentimientos que hay en el fútbol los hay también en el automovilismo. La gente siente los colores. ¡Como en las gradas del Bernabéu! Nos ayudamos entre nosotros. Mi labor sobre todo es dar la marca a la gente y que ellos después corran donde quieran.

Ha hecho una comparación grande. 
Es que si vieses la cantidad de gente que hay viendo rallyes te sorprenderías.

Y en los ratos libres, ¿qué hace Miguel? ¿Conducir o jugar a fútbol?
Las dos cosas. Echo mis ‘pachangas’ con mis amigos. Pero como no estoy para dedicarme a ello, pues ahí queda. Cada uno tiene que saber donde está el límite. Hay algunos que vienen y me dicen: ¡es que yo soy muy bueno! Y yo les digo: Mira, Fernando Alonso, aquí no se viene a hacer trompos. Aquí si te lo quieres tomar en serio, entras. Sino, no hay hueco.

Las limitaciones de velocidad por la calle son muy estrictas, hay que ir con cuidado, ¿no? 
¡Si conduzco como un abuelo! Nadie me verá en mi día a día metiendo más velocidad de la que debo.

¿A eso se refiere cuando me decía que era malo?
No, yo era malo porque era así. Aunque ahora me empieza a picar el gusanillo de volver a correr. Pero la gente que viene aquí es gente que se dedica a esto como deporte. Después, en la calle, con un coche, van lentos. A veces demasiado diría yo.

Le vuelve a picar el gusanillo acaba de decir... El que tuvo, retuvo, dice el refrán.
Sí, me he comprado un Panda. Igual lo hago coche escuela de la escudería.

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