Nacer tres veces

Álex Meira, trasplantado de corazón, hará el 27 de abril su primera Pontevedrada después de ser el testimonio de la de 2023

Álex Meira, izquierda, en una de sus salidas en bici. DP
photo_camera Álex Meira, izquierda, en una de sus salidas en bici. DP

El lunes 10 de septiembre de 2012 el corazón del fútbol base pontevedrés se detuvo cuando lo hizo el de un chaval de 14 años que militaba en el conjunto cadete del Salgueiriños CF. Esa tarde-noche a Álex Meira le cambió la vida. Permaneció durante varias semanas en la UCI y muchos expertos consideraron que su recuperación había sido un milagro como confesaba él mismo meses después.

"Sé que es un milagro que esté vivo", expresaba después del infarto, con emoción y agradecimiento a todos los que le ayudaron. Había vuelto a nacer. Era la segunda vez que lo hacía. Después le instalaron un desfibrilador y así vivió hasta diciembre de 2018.

Para ganar vida "los médicos -explica Álex- decidieron operarme porque mi corazón no funcionaba bien. La idea era ponerme una válvula metálica, pero fue salir del quirófano y mi corazón comenzó a fallar". Fueron horas dramáticas. De nuevo entre la vida y la muerte. Regresaron los fantasmas del pasado.

"Los médicos me comentaron después que en la operación se dieron cuenta de que mi corazón no estaba bien y que no iba a funcionar. En REA (sala de reanimación) se me paró unas cuantas veces hasta que lo hizo por completo". En ese momento "me tuvieron que conectar a una máquina".

El ECMO fue su salvavidas durante los tres días en los que él estuvo en coma. Se encendieron todas las alarmas de nuevo. Los Meira comprobaron en primera persona por qué España es el gran referente mundial de los trasplantes de órganos. "Me pusieron en una lista que se llama cero (código cero), que es de máxima urgencia para conseguir un órgano" y tres días después llegó ese momento que su madre, minutos antes de que sonase la bocina de la Pontevedrada 2023, resumió con una frase muy contundente: "Mis risas son las lágrimas de otra madre".

Emoción

Fue nacer de nuevo. "He tenido tres oportunidades para vivir gracias a que alguien me donó su corazón. Ese gesto ha servido para que yo pueda vivir con normalidad", explica con cierta emoción, la misma que sintió el pasado año cuando fue el protagonista del tradicional testimonio con el que comienza la Pontevedrada, que el próximo 27 de abril vivirá una nueva edición.

"Fue un momento muy emocionante. Soy bastante tímido y no estoy acostumbrado a hablar en público y fue brutal. Al acabar no pude contener las lágrimas. Estaba muy emocionado y recibí muchísimo cariño por parte de todo el mundo, por eso me apetecía hacerla".

Hace casi un año se prometió que un día le gustaría ser uno más de esa marea roja que el último sábado del mes de abril sale de la avenida de Montero Ríos dirección a la plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela y ese día llegará el próximo 27 de abril.

"Es mi primera marcha y estoy muy ilusionado después de la experiencia del año pasado. Animado por el presidente de la Asociación Galega de Deportistas Trasplantados e en Diálise decidí hacerla con el propósito de terminar", algo que para él "ya es un reto. Si terminamos bien y si no, no pasa nada. Iremos hasta donde podamos". Otra motivación es que la hará con cinco compañeros del mencionado colectivo.

"Yo por mi cuenta hago mis rutas en bicicleta y ahora me estoy preparando para participar en julio en los Juegos Europeos de Trasplantados, que serán en Lisboa" porque el ciclismo se ha convertido en su válvula de escape.

Por culpa del infarto de septiembre de 2012 tuvo que abandonar el fútbol y después del trasplante los médicos y la fisioterapeuta le animaron "a que hiciera un deporte en el que las pulsaciones fueran constantes. Me recomendaron ciclismo, natación y carrera, pero suave".

Ahora disfruta de una vida normal. Se toma su medicación diaria y solo debe tener prudencia con las enfermedades, pero los fantasmas ya pasaron. Atrás quedaron momentos muy duros, llenos de incógnitas que fueron despejadas gracias a la solidaridad, esa a la que apela una marcha que reunirá a un millar de caminantes, entre ellos un pontevedrés que vio la muerte a los ojos, pero escapó de ella. Primero gracias a la cánula de Guedel y después a un trasplante.

El recuerdo de Antonio Puerta

El deporte pontevedrés entró en shock el 10 de septiembre de 2012. La noticia de que un chaval del Salgueiriños CF había sufrido un infarto de corazón corrió como la pólvora. El recuerdo de la muerte del sevillista Antonio Puerta estaba muy reciente.

Comenzaron a realizarse muchas preguntas. Cómo un joven deportista de 14 años podría sufrir un infarto. Su entrenador y el del Pontevedra juvenil fueron sus salvadores. Su rápida intervención y la cánula de Guedel impidieron que se muriera.

Las primeras 48 horas fueron angustiosas. Las lágrimas del presidente del Salgueiriños, Carlos Menéndez, reflejaban el dolor de toda una familia, la del chaval y la del club. De superar ese trance la duda era cómo lo haría y cuáles serían sus secuelas: afortunadamente no tuvo ninguna

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