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Sergio Egea, consciente de que en el Pontevedra la 'mecha' es muy corta

Mora pide al árbitro que muestre una tarjeta en el partido ante el Racing de Ferrol en el Helmántico. LA GACETA DE SALAMANCA
Mora pide al árbitro que muestre una tarjeta en el partido ante el Racing de Ferrol en el Helmántico. LA GACETA DE SALAMANCA
El Pontevedra recibe el domingo a un Salamanca UDS que aspira al fútbol profesional, pero al que desde su ascenso a Segunda B le cuesta cumplir las expectativas

Recibir en un estadio como Pasarón a un equipo con el nombre del Salamanca rememora a fútbol añejo y a tiempos mejores, alejados de una categoría que se ha convertido en un auténtico pozo y que lo será todavía más para los 62 equipos que no logren escapar de ella hacia arriba. Sin embargo, el equipo al que mañana acogerá el estadio a orillas del Lérez tiene poco que ver con la histórica Unión Deportiva Salamanca. Si acaso el nombre, el escudo y el espíritu. Aunque muchos considerarán esto último como una ofensa.

Y es que desde el 2013, tras la desaparición de la Unión, la ciudad salmantina se dividió en dos bandos irreconciliables. Por un lado, los que apoyaban la respuesta institucional para mantener el fútbol en Salamanca. Por otro, aquellos que entendieron ese primer club como un "engendro" y consideraron que para no repetir errores del pasado -la Unión murió por una deuda de 13 millones de euros- debía ser el pueblo el que diese un paso al frente. De ahí nació Unionistas, antagonista de origen popular a un Salmantino que con el paso de los años logró que le reconociesen como Salamanca CF UDS.

A principios de la década, los gestores de la Unión Deportiva entendieron que una solución para mantener la plaza de un equipo posiblemente abocado a la desaparición era desligar del club la estructura de base, con el filial Salmantino de Tercera División a la cabeza. Dos años después, un juez de la Audiencia Provincial entendió que el proceso de trasvase no se había ajustado a la legalidad y dictaminó que el Salmantino debía descender a Provincial.

A partir de entonces, y con el apoyo de los poderes económicos de la ciudad, el Salmantino inició un proceso de ascenso por año. Entonces, en el 2017 y con el equipo ya en Tercera, un grupo inversor mexicano decidió inyectar liquidez en la entidad y hacerse con su control. Así, el Salmantino adquirió varios bienes de la Unión Deportiva Salamanca, entre ellos los trofeos, el himno o un escudo cuya titularidad se encuentra todavía en los juzgados, pues Unionistas registró su utilización deportiva previamente (no para emplearlo como logo principal de su camiseta, sino secundario).

Al frente de ese capital mexicano con presencia telefonía o automoción se encuentra Manuel Lovato, que previamente pretendió adquirir el Zaragoza. Parte de su inversión se basó en la oportunidad de adquirir el estadio Helmático por solo un millón de euros (cuando salió a subasta en 2013 se pedían 14). Pero más allá de esa ganga económica, estuvo la intención de que transformar Salamanca en una puerta de acceso a Europa de jugadores mexicanos.

Así, ya en Tercera, el club empezó a adquirir como rutina la incorporación de futbolistas llegados del país de su propietario. En el verano del 2018, el Salmantino logró por fin ascender a Segunda B ante el Compostela, en Santiago. Un día antes lo había hecho Unionistas, su enemigo íntimo, a quien vence en apoyo social (el pasado curso tuvo 6.000 abonados).

Así, ambos rivalizan desde entonces en la categoría de bronce. Sin embargo, mientras Unionistas confecciona proyectos llamativos desde la humildad, la propiedad mexicana condiciona el proyecto del Salamanca CF UDS que quiere subir, pero ni se acerca a ello.

Al poco de arrancar su andadura en Segunda B, José María Movilla (exjugador del Atlético) dimitió como director deportivo por desavenencias con la propiedad, que dirige la entidad desde el otro lado del charco. El pasado curso, el club tuvo cinco entrenadores (dos mexicanos, entre ellos el exárbitro televisivo Chiquimarco).

Este curso, las cosas no parecen ir por mejores derroteros. Más allá de una tardanza en los pagos que se debe al lento proceso de transformación de la divisa, en cuatro partidos, el equipo ha logrado tres puntos. Y la paciencia se acaba con el técnico Sergio Egea, que el viernes abandonó la sala de prensa nervioso, consciente de que en su club la mecha es muy corta, pese a que fueron los propios dueños los que apostaron por convertir la plantilla en un conglomerado de 15 extranjeros (siete mexicanos).

Romay podrá jugar; Nacho López, no
Manuel Romay estará disponible para Jesús Ramos el domingo. A pesar de que el mediapunta de Malpica ha estado pendiente de una elongación muscular en el músculo isquiotibial durante las últimas dos semanas, finalmente se encuentra en condiciones de disputar el encuentro. De este modo, Adrián Cruz será la única baja con la que tendrá que lidiar Jesús Ramos.

Mientras, Sergio Egea tendrá más quebraderos de cabeza para confeccionar su equipo. Y es que el técnico no podrá contar con el exgranate Nacho López, con dolencias en un talón. Su otro lateral derecho, Anderson Arroyo, aún no tiene la licencia federativa.

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