EL FUTURO LES PERTENECE

Pasión a raudales

Iria Rubio se quedó prendada del baloncesto cuando tenía siete años Habitual en sesiones de entrenamiento con la selección gallega, hace años que compagina dos categorías
Iria Rubio. DAVID FREIRE
photo_camera Iria Rubio. DAVID FREIRE

Tan solo con probar el baloncesto, a Iria Rubio no le hizo falta pasar por ningún otro deporte para saber que esta es su disciplina. La pontevedresa, una auténtica promesa en la pista, siente pasión por aquello que la hace evadirse de todo lo demás. "Lo que más disfruto es en cada partido la sensación de hacer canasta y estar con mis amigas, pasármelo bien", confiesa.

En categoría preinfantil por edad, pero entrenando y compitiendo también con las infantiles, Rubio lleva varios años compaginando su actividad en dos categorías diferentes. "Como me gusta mucho entrenar y jugar, para mí es mejor hacerlo con dos equipos y tener así también más amigos", relata, "el año pasado jugaba con las que son dos años mayores, este con las de uno, otros con las que me llevan tres... a mí me da igual, vengo a entrenar y a pasármelo bien".

Cuantas más horas en la pista, más feliz es Iria Rubio. La exigencia "a mí me encanta" y es por ello que dedica tantas horas al baloncesto. "Entreno cuatro días a la semana, los viernes dos horas, otros días una hora y media", explica, "es cierto que cuando vas con categorías superiores notas la diferencia, pero intento hacerlo lo mejor posible y estar a su nivel. Si no puedo, lo intento".

La oportunidad, cuanto menos, le sirve para fijarse en sus compañeras "porque así puedo aprender más y hacer cosas que yo antes no sabía". La clave está en, cuando algo sale mal "volver a intentarlo y hasta que salga bien". Con mentalidad siempre positiva, Iria Rubio sigue dando pasos de gigante en una disciplina en la que uno de sus mayores apoyos fue Jon, entrenador en sus primeros años. "Fue quien prácticamente me ayudó en todo lo que sé", confiesa, "quería recordarlo porque es uno de los entrenadores más importantes para mí o el que más".

Todo lo aprendido la llevó también a formar parte de las listas de la preselección gallega. "Llegué hasta donde llegué y estuvo bien", confiesa Rubio, "conocí gente de otros equipos, de otras zonas y está muy bien porque aprendes cosas nuevas que en tus entrenamientos no las puedes aprender, pero después ayudas a hacerlo a otras compañeras que no han ido".

De entre todos los momentos, incluidos los campamentos de baloncesto a los que va en verano, le sería imposible quedarse con uno. Y es que todos le encantan. Sin embargo, tiene claro su futuro: "Me gustaría jugar cada vez en mejores equipos y llegar muy lejos". Un recorrido en el que ya está trazando su huella.

Crecimiento sin límites

El próximo mes de junio se cumplirá nada menos que una década desde que un grupo de padres y entrenadores decidieron unirse por un objetivo: hacer del baloncesto un deporte atractivo, e impulsar a los niños y niñas a conocerlo, a practicarlo y a disfrutarlo. Nació entonces -concretamente, en junio de 2014-, el Club Amigos do Baloncesto de Pontevedra. El CAB se ha convertido con el paso de los años en uno de los clubes de referencia en formación desde la base. Con "ilusión y compromiso", la razón de ser de esta entidad nunca ha sido otra que la de consolidarse y defender una idea muy clara: la práctica del deporte como medio con el que conseguir beneficios en el ámbito de la salud, el ocio y la socialización. Todo ello ligado siempre a la enseñanza de valores tan básicos y necesarios como "el compañerismo, la lealtad, la amistad, el compromiso y la disciplina", como indica la propia entidad a través de su página web. Todo ello sigue intacto diez años después.

Con el sueño de crecer "poco a poco, pero de forma continua y sólida". Así nació un club cuya base son los niños y niñas que lo conforman. El trabajo incansable de todos los responsables de la entidad pontevedresa les ha llevado a alcanzar las 294 licencias esta temporada. Deportistas repartidos en 20 equipos que van desde las categorías más bajas, como baby básket, hasta los sénior.

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