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Un Pontevedra como el rey de la selva: un león reconvertido en animal inofensivo

El PCF atacando sin nadie entre líneas. FOOTTERS
El PCF atacando sin nadie entre líneas. FOOTTERS
El conjunto granate es el que más veces toca el balón en el área de juego y uno de los que más ataca en profundidad

Disfruta cuando puede ir hacia delante con espacios y sufre cuando el rival le encierra. El Pontevedra de este primer mes de competición es como el rey de la selva: un león que goza corriendo por la sabana para cazar a sus presas, pero que enjaulado desnaturaliza ese lado salvaje hasta convertirse en un animal prácticamente inofensivo.

Y es que los datos -recogidos por Wyscout- en los cuatro primeros encuentros de competición reafirman la tendencia a la velocidad del PCF. Porque el equipo de la Boa Vila ha sido el único, junto al Compostela, capaz de hacer un gol al contraataque (el 1-0 contra el Celta B). El dato no parece muy clarificador, pero se potencia más si se tiene en cuenta que los de Ramos lograron otro tanto en transición ante el Zamora -minuto uno-, que fue anulado por un dudoso fuera de juego. Y además, ha dispuesto de varias de sus mejores oportunidades en acciones ofensivas generadas tras recuperar la pelota, una de las facetas en la que el equipo ha sobresalido en los albores de este curso. Los hombres de ataque muerden hacia el espacio que tienen por delante en cuanto un compañero arrebata el balón al rival.

Así, cada vez que el enemigo está descolocado, el Pontevedra suele hacer daño. Que le pregunten sino al Racing, en el 0-1 de Álex González a centro de Oier. No fue fabricado en una contra, pero el equipo local se encontraba desordenado tras un balón parado a favor y Calvillo pudo correr. Resultado: gol. Y es que pese a sus problemas en determinadas circunstancias, el PCF es el segundo equipo más goleador del subgrupo, con seis tantos.

De este modo, el PCF es capaz de generar ataques en profundidad (con recepción de balón en los últimos 20 metros del campo rival) por encima de la media de la categoría. Los pupilos de Jesús Ramos mantienen un promedio de 6,6 por encuentro. Los centros al área y los toques dentro de esta caja son otras dos métricas que ponen en valor las ofensivas del Pontevedra. Y es que el cuadro de Pasarón es el que más balones pone desde los costados. Los ataques granates se distribuyen entre un 36% por el sector derecho, un 36% por el izquierdo y un 29% por el carril central. Nadie ataca más por las bandas. Por lo tanto, es coherente que sus jugadas acaben en centros. Los granates intentan 20 por partido (aunque solo uno de cada tres encuentran rematador). Únicamente el Dépor lo promueva más desde la línea de cal.

Fruto de esa insistencia por meter balones al área desde las bandas se entiende, en parte, la cantidad de contactos que el equipo pontevedrés logra dentro de la superficie de castigo. Un espacio donde el peligro de gol está más cerca. Su promedio es de 18 toques por encuentro. Un tercio llevan a Rufo como protagonista.

Los centrocampistas, lejos de los que más pasan. Solo Churre destaca en envíos largos

ATASCADOS. Si la tendencia a buscar los remates de sus puntas se da tanto en contragolpes como en ataque posicional, lo cierto es que hay varios datos que cristalizan la sensación de atasco que el Pontevedra ha tenido cada vez que su rival le ha cedido la iniciativa y se ha replegado. Y es que el conjunto de la Boa Vila es el segundo que más posesión ha acumulado en este inicio de campeonato (55.2%, solo por detrás del Celta B). Sin embargo, tan solo es el quinto que más chuts realiza (9,7 por partido). Además, suma muchas pérdidas (107 por partido), sobre todo en campo contrario (la mitad de su total, más que ningún otro equipo). Tan solo tres equipos desperdician más ataques.

Mientras, en cuanto al número de pases progresivos -envíos que suponen un avance considerable hacia delante-, los 67 de media por duelo le sitúan como solo el sexto en esta faceta. Es decir, aunque el PCF no quiere enredarse con la pelota, en ocasiones le acaba costando avanzar. 

Por último, fruto de sus dificultades para circular la pelota subyacen los pocos regates que el equipo intenta. Tan solo prueba el uno contra uno en 20 ocasiones por encuentro. Y es que aunque su intención es buscar el desequilibrio individual de los extremos, el balón no les llega siempre en unas condiciones tan ventajosas -de tiempo y espacio- como para intentarlo. En este sentido, el esférico pasa muy poco por los mediocentros (solo Churre está entre los jugadores con más pases hacia el último tercio del campo). Y el dibujo 4-4-2, en ocasiones, provoca demasiadas distancias entre las líneas, lo que dificulta las relaciones entre jugadores.

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