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El Pontevedra de los tres faros: Charles, Rufo y Damià

Damià Sabater protege el balón ante Barri en el encuentro de Barreiro. RC CELTA
Damià Sabater protege el balón ante Barri en el encuentro de Barreiro. RC CELTA
El equipo granate recuperó en Barreiro su mejor versión ayudado por el regreso de la doble punta y el criterio de Sabater 

Encadenó una semana más sin ganar y perdió la oportunidad de reengancharse al tren delantero del Subgrupo 1A. Pero el Pontevedra Club de Fútbol de Barreiro volvió a ser el equipo que en las primeras jornadas de la competición logró situarse en lo alto de la clasificación.

Aunque el conjunto granate tuvo un mal inicio del segundo acto y volvió a conceder demasiadas ocasiones -su gran losa-, el duelo ante el Celta B dejó brotes verdes para volver a mirar al futuro con moderado optimismo. Pese a que el tiempo es cada vez menor, la situación clasificatoria pesa y la dinámica -sin ganar durante un tercio de la primera vuelta- es muy preocupante, tan solo un gol final privó al PCF de ver la luz al final del túnel.

Charles y Rufo, por fin


Tres partidos acumulaba el Pontevedra sin marcar. Los tres en los que no pudo contar con sus dos delanteros. Tras la rápida recuperación de Rufo, Jesús Ramos pudo volver a juntar al madrileño con Charles. Y el PCF pasó de ser un equipo al que le costaba generar a mostrarse como un conjunto muy dañino en el campo rival. Su doble punta ejerció de nuevo como principal mecanismo para sacar el balón y, a partir de ahí, fabricar juego ofensivo. El fútbol directo, trabajado desde el verano para jugar con dos delanteros, volvió a tener sentido. Por la capacidad para ganar duelos y por la posibilidad de generar segundos balones. Así, las ocasiones llegaron. A pesar de que la puntería de Rufo no estuvo afinada, el Pontevedra creció a partir de sus puntas, una pesadilla para los bisoños centrales celestes.

Damià, el metrónomo


Si los dos delanteros ejercieron como referencias en la fase de iniciación y también de amenaza en la finalización, Damià Sabater fue el enlace de todo. El centrocampista intervino poco en campo propio -el PCF no se lo exige-, pero mucho en el contrario. En un equipo que quiere correr, él puso la pausa y marcó el ritmo. A partir de esos balones divididos ganados por su equipo, el mallorquín puso el criterio en su primera titularidad y custodiado por Borja Martínez.

El capitán como ejemplo


En el Pontevedra de los tres faros, quien dotó de combustible al engranaje fue, entre otros, Álex González. El capitán, antes extremo encarador puro, tiene que ejercer ahora de cuarto centrocampista, menos pegado a banda en el 4-4-2. Y aunque brille menos en el regate, su trabajo defensivo, la capacidad para estirar al equipo y su llegada al área son impagables. Carreira, habitual en Primera División esta temporada, no brilló absolutamente nada en Barreiro porque así se lo propuso el capitán granate, un ejemplo en cuanto a liderazgo y trabajo.

Más bajas concentradas


El equipo contaba con tan solo la ausencia de Xisco Campos por sanción. Su baja iba a ser cubierta por Pol Bueso, pero una circunstancia de última hora le hizo no estar disponible por precaución. Sin uno de los centrales titulares pero tampoco su único suplente, Ramos tuvo que improvisar con Imanol García. Una circunstancia que le hizo quedarse, nuevamente, sin mediocentros de refresco, más allá del joven David Veiga.

Repliegue, sinónimo de sufrir


El gran deber del Pontevedra estuvo en defensa. Sobre todo, cada vez que el equipo defendió replegado. La mala dinámica no ayuda a fomentar seguridad y confianza. Así sucedió en el gol celeste y también en el inicio del segundo acto, en el que el equipo dio un paso atrás. Todo mejoró cuando el PCF volvió a no perder tan rápido la pelota y a tener ambición para seguir presionando arriba, como sucedió en la primera mitad y a partir del ecuador de la segunda.

El Pontevedra de los tres faros: Charles, Rufo y Damià
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