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Wert, Wert, ¿por qué me persigues?

EL FIN DE SEMANA ha puesto fin a dos rachas, el del polo pistacho victorioso del Tata Martino y el de la imbatibilidad del Atlético de Simeone. Es decir, que el Barça ya es líder en solitario, y sin embargo miren por dónde los que sonríen son los madridistas, a la espera del clásico del próximo sábado.

De todas formas los Barça-Madrid ya no son como antes en los que los azulgrana acudían desesperados y José Luis Núñez calentaba el ambiente para levantar el ánimo entre los suyos, como cuando dijo aquello de que Juanito iba dejando embarazadas por las esquinas. La respuesta fue triple; el malagueño marcó ese año en el Camp Nou, le puso una querella y los Ultra Sur le gritaron «Núñez, cabrito, tu hijo es de Juanito». Creo que le dolió más esto último.

Los derbis se pueden ver de muchas maneras; en el estadio, en casa, en el bar, en una estación orbital... Recuerdo incluso que en el Mundial de México 86 salió en El País una foto de un quirófano de un hospital azteca en el que entre sondas y electros habían colocado un monitor de televisión para seguir a su selección. En fin, que hay miles de formas de verlo y sentirlo, excepto si eres tan panoli que te comprometes con tu prima Fátima, cooperante en Perú, a presentar ese día y a la misma hora un apasionante concierto benéfico de niños que han aprendido a tocar la flauta en el conservatorio, que es lo que me ha pasado a mí por ir siempre de enrollado y no consultar antes el Dinámico.

Lo del polo pistacho de Martino, que no se ha quitado hasta ahora en ningún campo, por los que transitaba de victoria en victoria, tiene en España reminiscencias históricas. Ahí está el caso de Isabel la Católica, que no se quitó la camisa hasta que conquisto por fin Granada. Ya me dirán si no cómo capitularon tan rápidamente los moros en las negociaciones de Santa Fe, que cualquiera aguantaba con la Reina dentro de una tienda de campaña.

Son lecciones que nos deja la historia, a la que hemos dejado un poco abandonada en los últimos planes de estudio, pero para eso está Wert, siempre tratando de españolizarnos y velando por la mejora de nuestro sistema público de educación, como es bien sabido por todos.

José Ignacio Wert es además de ministro de educación y cultura, el ministro del deporte, y ya me estaba tardando en aparecer por esta sección. Además le tengo en muy alta estima, pero no porque sea ahora ministro, sino porque no lo fue cuando yo cursaba Periodismo, que tal como se las gasta exigiendo la devolución de las becas en función del rendimiento académico lo mismo incluso me obligaba a devolverle hasta el título a modo de intereses.

Y mira que pudimos haber coincidido, que aún tardé en acabar la carrera a pesar de que en la primera semana ya estuve a punto de dejarlo. Hubo un profesor, Martínez Albertos (Redacción Periodística), que directamente no me dio la nota por mi primer trabajo, sino que puso una anotación en el margen en la que se leía «Le recomiendo que cambie de carrera», que me dio a mí la impresión de que no me había aprobado.

En fin, espero en que si alguna vez fue delito todo lo que hice en la Facultad ya haya prescrito y no tenga carácter retroactivo, como en el fútbol, que los títulos no te los pueden quitar aunque le hayas ofrecido al árbitro unas becas para completar su formación. Aún así, y a pesar del tiempo transcurrido, sigo sufriendo pesadillas. Antes soñaba que llegaba tarde al examen de Redacción, que no había acabado la carrera o que me perseguía por los pasillos Martínez Albertos. Ahora el que se me aparece es Wert, entre clase y clase, con un bedel de aquellos de librea y que me recuerda el paisaje bíblico de David escapando de Saulo.

Pero al final si uno persevera acaba logrando su objetivo. Háganme caso, que incluso yo fui capaz de acabar la carrera. Cuando llegó ese feliz día quise compartir con mis padres tan señalada fecha y les envié, con copia al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, el siguiente telegrama: «En el día de hoy, corregido y aprobado el último examen, ha alcanzado Don Xabier Fortes López sus últimos objetivos académicos. La carrera ha terminado. Madrid 21 de junio de 1999. Decimotercer año triunfal». Aún no me ha llegado el acuse de recibo. No sé que pensará Wert de todo esto

Banderillas de castigo en Huelva

CON EL TIEMPO el empate en casa del Recreativo, líder de Segunda, será valorado en su justa medida e incluso puede ayudar en la lucha por el ascenso, pero aún ahora, 48 horas después, no se puede evitar cierta sensación de bajonazo.

La situación era la siguiente. Partido televisado para toda España por un canal generalista, la Sexta (que ya solo eso te sube la libido) y un recital de juego y goles en la primera parte. Con el 0-3 en el descanso los comentaristas hablaban ya de la candidatura del Lugo de Setién, en esos momentos equipo de ascenso directo.

Y entonces llegó la segunda parte, la torrija y el cambio demasiado pronto de Rennella. Tras su marcha el Lugo recibió un 3-0 en contra en 25 minutos. El último en la prolongación y de falta directa (expulsión de por medio) dolió como unas banderillas de castigo.

Record histórico

EL EMPATE DEL BARÇA y la derrota del Atlético no sólo alegraron a los madridistas. En cierta medida esos dos resultados permiten a los granates seguir presumiendo de un dato histórico. Y es que aún ostentan el honor de haber cortado la mejor racha de victorias en un arranque en Primera División. En la temporada 68/69, en la novena jornada, el Pontevedra empató con el Madrid en Pasarón, que hasta ese momento había ganado todos sus encuentros. Un récord que pudieron haber igualado azulgranas y colchoneros.

Y mientras, el equipo granate trata de sobreponerse a su mal inicio de Liga. Ayer sumó con un expulsado un empate en Betanzos. Lleva 4 puntos de seis con el nuevo técnico. Manu se ha ganado el beneficio de la duda, a pesar de que algunos le critiquen por ser el hijo del Presi.

Wert, Wert, ¿por qué me persigues?
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