Así es la mayor granja de jersey gallega

A Esperanza, con 480 vacas en San Sadurniño, liga su éxito al trabajo de su equipo humano sobre la automatización
La sala de ordeño de la rotativa de Granxa A Esperanza. EP
photo_camera La sala de ordeño de la rotativa de Granxa A Esperanza. EP

En las entrañas de la explotación de leche con vacas de raza jersey más grande de Galicia y posiblemente de España se respira pasión por el trabajo en la ganadería, profesionalidad en la gestión, motivación para conseguir los mejores resultados y conciencia de equipo. Son los principales ingredientes con los que Granxa A Esperanza, en San Sadurniño, cerró un buen 2021 y augura un 2022 satisfactorio pese al encarecimiento de los costes de producción.

Propiedad de la Cooperativa Agraria Provincial (CAP) de A Coruña, es una de las explotaciones lácteas punteras de Galicia, pero a su responsable no le mueve el afán por estar en el podio. Desde la humildad, Juan Freire señala como el mayor éxito de la granja "ser capaz de crear un equipo" en el que todos los integrantes estén "a gusto" para dar lo mejor de sí.

La andadura de esta explotación comenzó en 2016, cuando la CAP compró a cinco familias de la zona las instalaciones de una cooperativa llamada A Esperanza. Los antiguos dueños apostaron entre las ofertas que recibieron por un proyecto que garantizaba la continuidad de la actividad ganadera. La granja pronto se les quedó obsoleta y decidieron levantar a pocos metros una nueva y moderna en la que hoy tienen 480 vacas, unas 380 de ellas en ordeño. Las otras instalaciones las dedican ahora a la recría, con unas 400 reses.

¿Por qué optaron por vacas jersey cuando lo habitual en las explotaciones lácteas gallegas es tener frisonas? Porque, aunque producen menos, su leche tiene más contenido en grasa y proteína, un atractivo para industrias que elaboran productos con valor añadido. Hace dos décadas las empresas se limitaban a envasar la leche en cartones, pero en los últimos años se ha avanzado en la transformación de la materia prima. En su caso, venden la leche a Entrepinares para elaborar quesos, a un precio base que en abril alcanzó los 41,5 céntimos por litro más calidades, 6 céntimos más que un mes antes en un contexto de escasez de leche en el mercado y subida de costes. Juan destaca la relación "fluída e de confianza" que mantienen con la industria que les recoge la leche.

Funcionamiento. Lo primero que uno ve al entrar a la granja es, además de una pizarra en la que pueden leerse frases motivadoras como un "¡Enhorabuena!", la sala de ordeño rotativa de 40 puntos, con la que tres personas realizan esta tarea en dos horas y cuarto. Desde una sala de espera, los animales acceden a su interior y, en un ambiente cómodo y relajado, se les extrae la leche. Si se detecta una anomalía con alguna res, como una bajada en la producción, al trabajador le salta un aviso mediante un sistema informático.

Cada vaca tiene un collar con un número que permite obtener información muy valiosa sobre su estado. Los celos los detecta mediante el movimiento y pone en alerta sobre posibles enfermedades a través del nivel de rumia.

La tecnología en esta explotación va más allá. Además del arrimador de comida que maneja una persona, tienen un robot para realizar esta tarea que recorre toda la granja para acercar el alimento a los animales y después vuelve sola al punto de recarga. También cuentan con maquinaria para hacer las camas de arena sobre las que descansan las vacas. Juan Freire tiene claro que, aunque la robótica facilita el trabajo en las ganaderías, las personas "sempre van marcar a diferenza".

La plantilla de A Esperanza la integran ocho personas. Cuatro hacen un turno de mañana y otras cuatro de tarde. Lejos de la imagen de trabajo esclavo que se le atribuye a la ganadería de leche, en esta granja todos los empleados libran ocho días al mes, tienen 30 días de vacaciones al año y un salario que oscila entre los 18.000 y 24.000 euros brutos anuales, en función de los incentivos por producción, calidad o responsabilidad. La filosofía en esta explotación no pasa por ahorrar costes en personal, sino todo lo contrario.

Juan se afana por cultivar un equipo que integra a personas de distintas culturas: un senegalés, un guineano, un portugués, un peruano y cuatro gallegos. Está convencido de que el futuro de un sector con necesidad de mano de obra pasa por sumar gente de otras nacionalidades que sean parte activa de las plantillas.

ASESORAMIENTO. La "constancia" y el esfuerzo en un buen manejo diario es la clave a la que apunta Freire para obtener unos resultados óptimos, pero tener un buen equipo técnico detrás ayuda mucho. El de la Cooperativa Agraria Provincial de A Coruña lo integran tres personas: Juan, Rubén y Noelia, que asesoran además a unas 60 explotaciones repartidas por toda Galicia en aspectos como mejorar la gestión, los costes o el manejo. Entre ellas se encuentra la élite del sector, granjas "que o fan moi ben". Lo que más tienen en cuenta a la hora de brindar sus servicios de asesoramiento es que los productores valoren ese trabajo y se genere un vínculo de confianza. A ellos no les falta vocación.

Proyecto: los impulsores de Bico de Xeado planean lanzar un nuevo producto
Además de Granxa A Esperanza en San Sadurniño, la Cooperativa Agraria Provincial de A Coruña tiene otra explotación en Miño que lleva funcionando más de 12 años. La leche de O Cancelo, con 95 vacas, es la materia prima a partir de la que se elaboran los helados artesanales de Bico de Xeado, una marca que no deja de crecer dentro y fuera de Galicia.

Tras el éxito de ese proyecto, la cooperativa que preside José Calo tiene en sus planes elaborar un nuevo producto que aporte valor añadido a la leche de la granja de San Sadurniño . Están en proceso de estudiar las posibilidades y aún no tienen una decisión tomada.

Expansión

Con Bico de Xeado acertaron. Desde su obrador en Bergondo producen litros y litros de esta ‘tentación fría’. El año pasado vendieron unos 427.000, más del doble que el volumen de 2017.

4,2 millones €

Es la facturación anual de esta marca amparada por el sello Galicia Calidade, que tiene 24 puntos de venta propios, 20 franquicias y en torno a 100 colaboradores.