La inflación crece en España hasta el 10,8%, la más alta desde 1984

Alimentos y electricidad marcan un alza de precios que no se veía en 38 años, en un país inmerso como ahora en una transición productiva
Clientas en un supermercado. EUROPA PRESS
photo_camera Clientas en un supermercado. EUROPA PRESS

En la radio sonaban sin parar Mecano y La Unión, en la tele arrasaban A la caza del tesoro y el Un, dos, tres y los periódicos daban cuenta del aterrizaje de Fidel Castro en España y de la primera detención del empresario Ruíz Mateos. Era la España de 1984, que se desperezaba del largo letargo de la dictadura en medio de una crisis marcada por la reconversión industrial y un paro del 18%, que antes de la crisis de 2008 era un dato disparatado. La inflación se situaba entonces en el 12,2%, una marca que España espera no volver a pulverizar. Aunque a día de hoy, 38 años después, está peligrosamente cerca: el Instituto Nacional de Estadística (Ine) reveló este viernes que el índice de precios de consumo (IPC)​ de este mes de julio acumula una subida interanual del 10,8%, el más alto desde aquel lejano 1984.

Obviando la transformación social y el hecho de que las dos personas mentadas en las primeras líneas de este artículo están fallecidas, el panorama económico no dista mucho del de aquella España que, igual que ahora, crecía pese a la crisis —en 1984 el avance fue del 2,1% del PIB— y que estaba inmersa en una transformación industrial: si en ese momento el Gobierno de Felipe González dejaba atrás las obsoletas fábricas siderúrgicas y astilleros para modernizar esos sectores, en 2022 la industria está inmersa en la transición hacia las energías verdes, un camino no exento de obstáculos de los que da buena el tejido productivo gallego, aunque no de forma tan virulenta como el golpe sufrido en los ochenta en ciudades industriales como Ferrol.

¿Por qué sube? 

Si bien el contexto inflacionista de hace cuatro décadas se vivió en medio de una crisis estructural motivada por el desequilibrio entre la oferta y la demanda y, en general, por la obsolescencia de un sistema económico que se modernizaba desde la autarquía —requisito para ingresar en la Unión Europea—, el alza del IPC actual se debe a los prohibitivos precios de productos tan básicos como alimentos y bebidas no alcohólicas, además de la electricidad. También influyeron, este mes de julio, los menores descuentos de vestido y calzado respecto a anteriores rebajas estivales. Y todo ello pese al descenso de los precios de los carburantes.

Récord en Europa

Detrás de muchas de estas subidas, como la de alimentos y energía, está la invasión de Ucrania y el incierto orden económico mundial, de ahí que España no sea una excepción. Este viernes, tras la publicación de los datos preliminares de Eurostat, se supo que la inflación interanual en la eurozona subió tres décimas en julio con respecto a junio y se ubicó en el 8,9%, lo que supone un nuevo récord. Tiran hacia arriba de la estadística los desbocados índices de Estonia (22,7 %), Letonia (21 %) y Lituania (20,8 %).

Encuesta | Tres de cada cuatro españoles cree que el IPC subirá más
La ciudadanía no es en absoluto optimista respecto a una eventual contención de la inflación. De hecho, el 74% de la población española piensa continuará creciendo durante el próximo año, según un informe elaborado por Ipsos.

En este sentido, la ciudadanía espera subidas de los precios en categorías como la alimentación (76%), el gas o la electricidad (73%), el combustible (71%) o el sector del ocio (58%), que engloba conciertos o entradas de cine.

Putin, culpable para el 80%
Sobre las causas de la inflación, un 81% de los españoles cree que la invasión de Ucrania es el principal motivo. Además, siete de cada diez considera que los "excesivos" beneficios de las empresas están asimismo detrás de este aumento de los precios.

¿Qué solución hay?
No hay fórmulas mágicas para frenar la inflación. La más eficaz es la subida de tipos, que se está aplicando a nivel mundial. Lo que ocurre es que puede convertirse en un arma de doble filo, ya que en determinados contextos puede acabar derivando en la pérdida de puestos de trabajo y en una crisis.