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José Sierra: "En los inicios veían a Urovesa como un ‘proyecto no viable'"

José Sierra. EP
José Sierra. EP
El fundador y presidente de honor de la firma, líder en vehículos para uso militar e industrial, pasó el testigo a sus hijos en mayo de 2016

Para José Sierra (Viveiro, 1941) este año es motivo de doble celebración pues a su 80 aniversario se suman los 40 años de Urovesa, la empresa especializada en el desarrollo de vehículos todoterreno para usos militares y civiles cuyo germen plantó en Compostela. Hoy, el negocio ha crecido hasta alcanzar una facturación que ronda los 60 millones y sumar unos 200 empleados entre los centros de Santiago y Valga. Este emblema de la automoción gallega tiene clientes en cuatro continentes y esta semana sus soluciones de transporte regresaron a la feria de defensa Idex, en Abu Dabi (Emiratos Árabes), uno de los escaparates con mayor proyección del mundo.

¿Cómo fueron sus primeros pasos en el mercado laboral tras estudiar Ingeniería en Vigo?
Inicialmente tuve una oferta de Butano, S.A., pero preferí incorporarme a la escuela de formación de Barreiros porque el proyecto me resultaba más interesante. Necesitaban a una persona para realizar la expansión de su red de talleres y establecer el servicio técnico en León, Asturias y Palencia. Empecé liderando un grupo de cuatro personas y en pocos años éramos 40. Poco tiempo después surgió una nueva oportunidad para trabajar en Mafsa, en A Pontenova, donde ocupé el puesto de director, ya en el sector de los camiones 4x4. Tras diez años, en 1981 decidí dar el salto hacia un proyecto nuevo e ilusionante y, con unos amigos y socios, me instalé en Santiago para fundar Urovesa.

¿Cómo surgió la idea de dedicarse a un sector tan especializado como los vehículos civiles y militares?
Los inicios fueron muy difíciles, por dos motivos. En primer lugar, por la situación de España en 1981, con una profunda crisis económica y una enorme inestabilidad política debido al terrorismo de ETA y al 23-F. Esto afectaba a la confianza y a la financiación y, por tanto, al emprendimiento. En segundo lugar, porque resultaba muy difícil explicar nuestra visión y nuestro modelo de negocio a organismos públicos y entidades financieras. No se entendía la actividad que queríamos desarrollar y nos veían como un proyecto no viable. Afortunadamente, tras mucho trabajo, encontramos buenos amigos y personas que depositaron su confianza en el proyecto. Esa confianza iba más allá de una cuestión empresarial, se basaba en la buena consideración hacia las personas que lo iniciábamos.

"Muchas buenas ideas nacieron de las conversaciones informales que mantenemos en las sobremesas"

Pronto hará cinco años que su hijo Justo Sierra asumió la presidencia, su hija Cecilia la vicepresidencia, en tanto que Cristina se hizo cargo de la secretaría. ¿Confía en que esté garantizado el relevo a una tercera generación de la familia?
La sucesión está teniendo lugar de forma muy natural. Justo y Cecilia vivieron los orígenes y la evolución de la empresa a través de las últimas décadas, y llevan ya unos buenos años trabajando en Urovesa, en distintos ámbitos. Cristina trabajó en otros sectores antes de llegar a la empresa, por lo que aporta una experiencia profesional complementaria. La unión de esos bagajes y perfiles es de gran importancia en el proceso de sucesión. Ahora han dado un paso adelante asumiendo la responsabilidad de liderar el proyecto con fe, trabajo e ilusión, y creo que esta es, en buena medida, una base del éxito. Tendrán que dedicar todo su esfuerzo a Urovesa, para hacer que la empresa sea sostenible, evolucione y continúe creciendo en un futuro cada día más complejo, pero también apasionante. Ellos aportan una visión actualizada de la organización y sus capacidades, pero los objetivos, José Sierra Fernández. valores y cultura de la empresa, en esencia, no han cambiado.

Como presidente de honor, ¿usted sigue el día a día de la empresa y la toma de decisiones?
Intento aportar mi experiencia, pues creo que la conjunción entre profesionalización y experiencia adquirida es la clave para avanzar, sobre todo en un mercado como el nuestro. Suelo ir a Urovesa al menos un par de veces por semana para seguir con atención los aspectos más estratégicos de la organización y los proyectos que pueden ser la clave de futuro. También lo hago porque me gusta estar en contacto con la gente y, en la medida de lo posible, poder orientar, aconsejar y aportar soluciones.

¿Los asuntos que atingen a la empresa acaban centrando las reuniones y comidas familiares en casa de los Sierra?
Procuramos que esto no ocurra, porque lo primero es la familia. En esos ratos debemos desconectar del trabajo, estar con los nietos y disfrutar con ellos. Pero cuando se trata de una empresa familiar, en ocasiones es difícil evitar alguna reflexión en la sobremesa que acaba convirtiéndose en una conversación de trabajo distendida. Y debo decir que muchas buenas ideas han nacido de estas conversaciones informales.

"Lo que fabricamos ahora se gestó y firmó antes de la pandemia, por eso la facturación de 2020 fue relativamente alta"

¿Cuántos trabajadores conforman hoy el equipo de Urovesa y qué países tiene como mercados?
Contamos con una media de 200 personas, entre los centros de Valga y Santiago, con picos en función de la carga de trabajo. El equipo humano de Urovesa es fantástico y la empresa no estaría donde está hoy si no fuera por las personas. En cuanto a la lista de países en los que trabajamos, es muy extensa. Son más de veinticinco en cuatro continentes. Realizamos la primera exportación en el año 92, y, hoy en día, por citar algunos ejemplos de lugares y culturas diferentes, acometemos proyectos en Singapur, Portugal y Omán.

¿La pandemia está afectando a la cartera de pedidos dadas las restricciones presupuestarias de las administraciones y las dificultades para realizar ferias internacionales?
Nuestros proyectos tienen un periodo de maduración de varios años. Lo que estamos fabricando ahora se gestó y se firmó mucho antes de la pandemia, con presupuestos no afectados por esta, especialmente en lo relativo a proyectos de exportación. Por este motivo, 2020 ha sido un año con una facturación relativamente alta si lo comparamos con otras empresas de nuestro entorno. En cuanto a las ferias, por supuesto, las restricciones a la movilidad sí han tenido impacto. Una de las principales exhibiciones en materia de defensa se celebra en París cada dos años pero, por motivos obvios, la feria de 2020 fue cancelada, al coincidir en el tiempo con la primera ola de la pandemia.

"Debemos cuidar y valorar más las empresas de capital local"

Como presidente de la Cámara de Comercio de Santiago, ¿considera que el tejido productivo gallego tardará en reponerse del covid?
Dependerá de la rapidez con la que recobremos la normalidad, y, por lo tanto, de cómo lleguemos a inmunizar a la población. Soy optimista, creo que nos recuperaremos rápido. Desgraciadamente, algunas empresas no saldrán adelante, pero las que lo hagan saldrán reforzadas y harán de tractoras para la recuperación. Necesitamos un sistema productivo fuerte para garantizar la viabilidad del estado de bienestar en el futuro y no endeudar a las generaciones que vienen. Y, para lograrlo, todas las empresas, organismos, administraciones y personas debemos remar en la misma dirección.

¿Las empresas gallegas están suficientemente internacionalizadas?
Se avanzó mucho en los últimos años. Tenemos compañías altamente especializadas, líderes en su sector, intensivas en actividad exportadora, lo cual debe hacernos sentir orgullosos. Las cámaras de comercio han contribuido de manera decisiva a dar ese impulso al tejido empresarial gallego y a hacer que empresas, como por ejemplo Urovesa, hayan llegado a tantos mercados.

¿Qué tipo de proyectos se deberían impulsar en Galicia para no perder el tren de los fondos europeos?
Debemos aprovechar esta ocasión histórica. Para captar los fondos comunitarios de forma realmente útil deberíamos, primero, reflexionar sobre qué sectores son esenciales para nuestra región y para crear empleo, y también pensar en cuáles tenemos ventajas competitivas. Hay actividades como la automoción, las energías renovables, la explotación de recursos marinos o la madera, donde tenemos un grado de integración de la cadena de valor muy elevado en Galicia, y es en estos donde deberíamos desarrollar todas nuestras potencialidades con los fondos europeos.

Como industrial, cómo percibe el escenario actual, en la que coinciden los cierres de Endesa en As Pontes y de Siemens Gamesa en As Somozas y Alcoa negocia su salida de Cervo tras vender la planta de A Coruña. ¿Galicia está en una crisis industrial?
Probablemente estemos pagando la falta de apuesta por la industria en las últimas décadas. De los ejemplos que cita tenemos que aprender dos lecciones. La primera es que un área geográfica no puede depender en exclusiva de una sola empresa, y no hubo la suficiente visión o iniciativa para atraer más inversión y diversificar riesgos en esas zonas. La otra lección es que debemos cuidar y valorar más las empresas de capital local, porque, de lo contrario, siempre estaremos a expensas de decisiones que se toman lejos de Galicia sin calcular el impacto económico y social que provocan. Durante demasiados años priorizamos los servicios, que son importantísimos, pero descompensamos el equilibrio entre sectores. En España el PIB industrial supone el 13%, pero en Alemania es de casi el 28% y eso es muy significativo. La industria es esencial porque asienta geográficamente la actividad económica, genera servicios alrededor, crea empleos más estables y refuerza el papel de otras instituciones como universidades o centros tecnológicos. Lo hemos visto durante la pandemia: el sector servicios es mucho más dependiente y volátil, y quien está sosteniendo el empleo en gran medida es la industria.

"Ser vivariense es un orgullo; volveré cuando la pandemia pase"

El arraigo a la tierra marca la trayectoria de José Sierra, que presume de sus raíces.

Como vivariense de origen, ¿qué relación tiene hoy en día con A Mariña?
Llevamos cuarenta años en Santiago y, por otra parte, soy hijo único, por lo que los vínculos, desgraciadamente, se han ido reduciendo. Pero sí, tanto mi mujer como yo mantenemos familia en la zona de O Vicedo, Covas, Viveiro, Chavín, San Cibrao, Mondoñedo y Burela. Ser vivariense es y será siempre un orgullo para mí; los recuerdos y las vivencias de la infancia perduran como una etapa muy feliz de mi vida, y siempre que puedo hago escapadas a A Mariña. Espero poder volver en cuanto la pandemia quede atrás.

¿Cuáles son sus aficiones? ¿Ha tenido que renunciar a alguna por la pandemia?
Me gustan la fotografía, la jardinería y la pintura. Y como afición favorita, sin duda, siempre me ha gustado la música de todo tipo, que además ahora me ha ayudado a sobrellevar mejor el confinamiento.

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