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La moda cambia de piel en la era covid

Álvaro Chico y Judit Dopico, los fundadores de Coolstripe. EP
Álvaro Chico y Judit Dopico, los fundadores de Coolstripe. EP
Frente al imperio de la fast fashion de usar y tirar, emergen nuevos negocios volcados en la sostenibilidad

Transformar la crisis en una oportunidad es el objetivo que persigue el tejido productivo tras el mazazo que ha supuesto la pandemia, una meta que, al igual que para el resto de sectores, en el caso de la moda pasa por redoblar la apuesta por la sostenibilidad. El concepto es amplio, pues engloba desde una producción en la que se reduzca el consumo de agua y el uso de químicos, hasta el reciclaje textil y el uso de fibras naturales y el respeto de las condiciones laborales. Con las restricciones de aforo, horarios y los cierres perimetrales vigentes en buena parte del mundo, la moda sigue sufriendo la caída del consumo, que la crisis focalizó en los productos de primera necesidad. La prueba es que, según la patronal Acotex, las ventas acumulan una caída interanual del 47% hasta febrero.

Con gran parte del sector aguardando la activación del plan de rescate de 11.000 millones que trazó el Gobierno y reclamando desde condonaciones de impuestos hasta soluciones para el pago de los alquileres, sigue habiendo valientes que se atreven a emprender. Es el caso de Judit Dopico y Álvaro Chico, una pareja coruñesa que está detrás de Coolstripe.

En unos tiempos convulsos, la marca —especializada en el público femenino— da sus primeros pasos con un importante aval. Sus diseños han obtenido el Premio a la mejor colección de 2021 en la Semana de la Moda Sostenible que se celebró en Madrid en febrero. El uso de fibras sostenibles en sus prendas de tricot, los bordados hechos a mano y técnicas que simulan el teñido natural y el equipo humano inclinaron la balanza del lado de esta firma, que produce sus prendas "en un pequeño taller de Arteixo y en otro de Barcelona". 

Así lo explica la directora, Judit Dopico, que puso en marcha Coolstripe "a finales de 2019" en A Coruña, una ciudad que, para ella, "refleja la búsqueda del equilibrio entre lo natural y lo urbano, como la marca". En origen, "la idea de crear una marca de moda de calidad" fue de su madre, tristemente fallecida. "Ella nunca llegó a realizar su proyecto, pero estoy segura de que estaría orgullosa de ver nacer algo tan bonito". Por convicción personal, el componente de "la sostenibilidad" lo añadieron Dopico y su marido, que cuentan con la colaboración de Teresa Gutiérrez de la Concha, una diseñadora experta en moda ética.

Ambos son licenciados en ADE y, tras trabajar en la administración y gestión de empresas de diferentes sectores, la pareja decidió dar el salto a la moda, una "pasión" que Dopico concibe "como una forma artística de expresión". 

Con la pandemia castigando las cuentas de resultados del sector, 2020 fue "un año de crecimiento" para Coolstripe, que ya tiene clientes en Portugal, Italia y Alemania. En su favor ha jugado el hecho de no contar, de momento, con ninguna tienda física. Además del escaparate que suponen su web y las redes sociales, la estrategia se basa en promover tiendas temporales —las conocidas como pop-up stores— o showrooms, esto es, en "realizar eventos de forma recurrente en los que la gente puede ver, probar y adquirir" sus prendas. "Además, estamos iniciando nuestro camino en la distribución en determinados puntos de venta, en tiendas multimarca", explica Dopico.

Creada a finales de 2019, Coolstripe acaba de lograr el premio a la mejor colección en la Semana de la Moda Sostenible de Madrid

SLOW FASHION. Por contraposición a la vorágine de la moda rápida, que extendió el modelo de "comprar, tirar y vuelta a empezar", Coolstripe propugna la "slow fashion". ¿En qué consiste? La empresaria explica que, en sus colecciones, "las prendas no son pasajeras", sino que abogan "por la calidad, el cuidado y la versatilidad de las mismas de forma que su durabilidad aumente considerablemente". La idea es contribuir, por esta vía, a no generar residuos innecesarios, además de "apoyar a las empresas locales y de menor tamaño", apostar por materiales sostenibles y velar por "el respeto a las condiciones laborales" en el proceso de producción.

Tras un año en el que colosos como Inditex, H&M o Mango vieron desplomarse sus ventas con los confinamientos y las restricciones de horarios y aforos, la emprendedora percibe "un cambio de tendencia" entre las consumidoras, que demandan "más las prendas de calidad, duraderas y versátiles". Los grandes grupos son conscientes del giro hacia la sostenibilidad y están inmersos en la transición. Con el avance de la vacunación como faro de la reactivación, Coolstripe augura que, si bien la moda "siente rápidamente el impacto de las crisis, también vuelve a reactivarse igual de veloz en los momentos de recuperación". "Todos aquellos sectores que nos ayuden a volver a sentirnos cómodos, sentirnos libres de actuar, sin duda se recuperarán más rápido que cualquier otro", augura.

La exportación cayó al nivel de hace siete años
Las empresas gallegas dedicadas a la confección de ropa exportaron prendas por 3.965 millones de euros en 2020, lo que supuso un retroceso del 25,6% interanual en plena pandemia. Se trata de la cifra más contenida desde 2014. Un 21% fue lo que se contrajeron las importaciones de moda, hasta los 1.194 millones.

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Fueron las empresas del sector que exportaron en 2020, 55 más que en 2019.

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