Fallece Santiago Grisolía, autoridad internacional en bioquímica

El científico valenciano, que murió ayer a los 99 años, desarrolló su carrera en Estados Unidos, donde era considerado por logros como explicar cómo se fija el carbono 14 en el cuerpo de los animales
Santiago Grisolía. EP
photo_camera Santiago Grisolía. EP

El científico valenciano Santiago Grisolía falleció este jueves a los 99 años en Valencia. Considerado como una de las máximas autoridades internacionales de la bioquímica, se encontraba ingresado desde hacía unos días en un hospital valenciano tras un empeoramiento de su estado de salud y donde estaba siendo tratado de covid.

El científico valenciano nacido en 1923, profundamente fascinado por el proyecto del genoma humano y organizador de los Premios para la Ciencia Rei Jaume I en 1989, publicó más de 400 trabajos científicos e impartió docencia en universidades de todo el mundo, en especial España y Estados Unidos. Reconocido con el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica en 1990, es desde 2014 Marqués de Grisolía.

Su biografía se mueve desde distintos puntos de España a EE UU, a donde se trasladó en 1945 y de donde regresó en la década de los años 70.

Entre 1941 y 1944 acabó la carrera en Valencia con matrícula de honor y sacó por oposición la plaza de interno en Bioquímica. Conoció el trabajo de Severo Ochoa, y después les unió una fuerte amistad, desde 1946, ya en América, hasta la muerte del reputado científico en 1993.

Grisolía se inició en el mundo de la enzimología, que lo sedujo rápidamente. Su estancia en Nueva York le permitió participar en varios trabajos con el después Premio Nobel español, como el de la fijación de dióxido de carbono (CO2) en el ácido isocítrico. Sin embargo, Grisolía estaba más interesado en las nuevas tecnologías sobre marcadores isotópicos.

El propio Ochoa le impulsó a trasladarse a la Universidad de Chicago, donde el carbono 14 era un descubrimiento reciente. Allí se integró en un equipo de investigadores del que formaba parte la doctora Birgit Venessland, con la que consiguió demostrar, por primera vez y utilizando el carbono 14, la fijación del dióxido de carbono en animales.

Tras ese éxito, Ochoa le sugirió que se trasladara a la Universidad de Wisconsin, en Madison, donde se gestaron los trabajos de investigación que lo llevaron en pocos años a convertirse en una figura científica en el primer plano internacional. En los seis años siguientes, Grisolía trabajó en el campo de las reacciones enzimáticas de la urea, una de las sustancias fundamentales que componen la orina, e hizo aportaciones fundamentales para el conocimiento de su biosíntesis.

El bioquímico Hans Adolf Krebs había sentado las bases en 1932 del ciclo de la urea, lo que le dio el Premio Nobel aunque faltaban muchas piezas. En dos meses, Grisolía logró las claves. Durante años, fue añadiendo información hasta llegar a completar el esquema del ciclo de esta sustancia. Sus trabajos obligaron incluso a revisar y modificar en 1948 los postulados por el Nobel Krebs.