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El juez recalca la conducta de desprecio de Ana Julia a los padres de Gabriel

Ana Julia Quezada. CARLOS BARBA (EFE)
Ana Julia Quezada. CARLOS BARBA (EFE)

La principal acusada por el asesinato del niño contribuyó durante la búsqueda del menor a que los padres creyesen que estaba vivo

El titular del Juzgado de Instrucción número 5 de Almería, Rafael Soriano, ha subrayado la "conducta de desprecio" hacia los padres del niño Gabriel Cruz que mantuvo durante la búsqueda del menor la autora confesa de su muerte, Ana Julia Quezada, recalcando que contribuyó activamente en hacer creer a éstos que estaba vivo.

Así se refleja en el auto dictado por el magistrado para continuar la causa por el procedimiento del tribunal del jurado, en el que Quezada figura como investigada por un delito de asesinato, dos delitos de lesiones psíquicas y dos delitos contra la integridad moral, al que ha tenido acceso Efe.

En su argumentación sobre los delitos contra la integridad presuntamente cometidos contra Ángel Cruz y Patricia Ramírez, Soriano señala que de forma "indiciaria" y ante el "revuelo mediático que se produjo y las labores incesantes de búsqueda" de Gabriel, en vez de "adoptar una posición pasiva o de espera", dio esperanzas activamente a los progenitores.

Según el juez, infundió a ambos "continuos ánimos, manifestándoles que con seguridad podría haber sido secuestrado y que pedirían un rescate por su liberación, colaborando de manera activa en la búsqueda del menor y exhibiendo de forma pública y notoria un comportamiento compungido y afligido que en modo alguno podía ser real". Un comportamiento que estaba orientado "presuntamente, a hacer más grave el sufrimiento de los padres del menor".

Soriano ejemplifica dicha conducta con el supuesto hallazgo el 3 de marzo de 2018 de una camiseta del niño, encontrada por Quezada durante una batida en Rodalquilar, Níjar (Almería), después de que esta lograse que el padre del niño se alejara de ella.

Destaca que en ese momento habría sacado de entre sus ropas la prenda que le había quitado al pequeño tras matarlo y tras ponerla en unas matas habría llamado a "gritos al padre del menor" para comunicarle el hallazgo y decirle que "sin duda" pertenecía a Gabriel porque "olía" al niño que "días antes había matado con sus propias manos".

Indica que ante el revuelo creado por este supuesto descubrimiento, al llegar al centro de operaciones de la búsqueda, "sobreactuó fingiendo desmayos y una lesión en un tobillo". "Como colofón de su conducta de desprecio hacia los padres", cuando el 11 de marzo de este año desenterró el cadáver del menor del cortijo de Rodalquilar en el que se encontraba, realizó una serie de manifestaciones contra el niño y preguntándose a dónde podía llevarlo "hablando consigo misma y entre susurros".

Sobre los delitos de lesiones psíquicas, Soriano señala que como consecuencia del fallecimiento de Gabriel y por este comportamiento, Ángel y Patricia han "sufrido un estado de conmoción emocional que podría haberles supuesto lesiones psíquicas todavía por determinar".

En lo que al delito de asesinato se refiere, el magistrado relata cómo pasado 27 de febrero cuando Ana Julia aprovechó que el padre se había ido y que estaba a solas con Gabriel y la abuela de éste en la casa de esta última, para trasladarlo al cortijo de Rodalquilar. "Un lugar apartado y despoblado" en el que "haciendo uso de su "superioridad física y de edad", de "manera sorpresiva e inesperada" y "sin motivo o razón acreditada" lo asfixió con "sus propias manos" sin que el niño pudiera hacer nada por defenderse, provocando su muerte entre las 15:30 y las 16:30 horas de dicha jornada.

Añade que después de esto le quitó la ropa, a excepción de los calzoncillos y un calcetín, y la guardó en una mochila, enterró el cadáver junto a una alberca y lo cubrió con piedras para ocultarlo de "los ojos de las personas que pudieran buscarlo", y para dar "apariencia de normalidad" y tener coartada, pintó la puerta de acceso del cortijo.

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