Perfil l Alfonso Rueda, el estilo que funciona

Vivió años a la sombra de Feijóo como número dos sin complejos ni ambiciones. De hecho, aprovechó el tiempo para conocer a fondo Galicia, la Administración y las entrañas del PPdeG, un aprendizaje con el que ahora forjó su liderazgo
Alfonso Rueda Valenzuela (Pontevedra, 1968). PEPE FERRÍN (AGN)
photo_camera Alfonso Rueda Valenzuela (Pontevedra, 1968). PEPE FERRÍN (AGN)

Alfonso Rueda Valenzuela (Pontevedra, 1968) lleva en esto de la política más de la mitad de su vida. En concreto, 30 de sus 55 años, aunque no siempre con nómina ni en primera fila. Más bien al contrario, porque desde que en 1993 entró a presidir las Novas Xeracións del PP -en las que ya militaba desde antes-, Rueda siempre ha tenido un papel de secundario que contribuyó a que muchos le colgasen una etiqueta de funcionario gris sin gran carisma político. Y no se la despegó ni cuando se convirtió en presidente de la Xunta en mayo de 2022, por el hecho de "heredar" el cargo en lugar de ganárselo voto a voto en las urnas. Pero ayer, domingo 18 de febrero de 2024, Alfonso Rueda se sacudió para siempre esa etiqueta y se doctoró con honores en eso que llaman política.

Segundo de cuatro hermanos nacidos y criados en Pontevedra, Rueda lleva la política en los genes, pues la mamó en casa desde que era niño ya que su padre, José Antonio Rueda Crespo, fue vicepresidente de la Diputación de Pontevedra y senador, entre otros cargos de responsabilidad. Eso sí, su progenitor siempre le aconsejó que no se metiese en el mundo de la política, aunque el paso del tiempo confirmó que con escaso éxito.

En todo caso, consciente de que la vida política es un tanto inestable, Alfonso Rueda opositó y logró plaza de funcionario de Administración local, con habilitación nacional y categoría superior, lo que le permitió ejercer de secretario de los ayuntamientos de Cervantes -una etapa lucense que siempre recuerda con gran cariño-, A Cañiza y Cambados, y de secretario interventor de la Mancomunidad de A Paradanta. Un contacto importante también con el mundo de la administración del que siempre reconoce que aprendió mucho. De ahí saltó ya a la Xunta, con el conselleiro Xesús Palmou como su primer maestro. Desde entonces, Rueda abandonó San Caetano para ocupar plazas de secretario municipal, pero siempre regresó a la que hoy es su casa.

UN POLÍTICO COMPLETO. Rueda es un político más completo de lo que pueda parecer en el impacto inicial. Es cierto que a él el traje de gestor de Núñez Feijóo no le sienta tan bien, pero en la parte orgánica tiene mucha más experiencia y colmillo político que su predecesor. Precisamente por foguearse ya desde Novas Xeracións y por pasar cuatro años, de 1995 a 1999, en la mayor de las escuelas políticas, la municipal, en este caso como concejal en Pontevedra. Pero fueron sin duda sus diez años en la secretaría general del PPdeG, entre 2006 y 2016, los que metieron a Rueda en las tripas y la fontanería de un partido.

Fue Feijóo quien lo fichó para el puesto, una vez completó la transición y sucesión de Manuel Fraga al frente del partido. Y con Rueda en la sala de máquinas como uno de los grandes artífices de la campaña electoral de 2009, el Partido Popular recuperó la Xunta contra todo pronóstico, para después consolidarla en 2012. Rueda siempre recuerda esa etapa como su mayor logro político y en la que, sin duda, formó junto a Feijóo uno de los tándem más exitoso de la política gallega.

Al mismo tiempo, mientras era segundo en el PPdeG, ejercía también sin complejos su rol de segundo en la Xunta, como vicepresidente único y responsable de áreas relevantes como las emergencias o la justicia. Un cargo que le permitió conocer al dedillo tanto el funcionamiento de la Administración como el propio territorio gallego, enseñanzas que sin duda fueron determinantes para construir al líder político que ahora es.

En 2016, a unos meses de las elecciones, Feijóo decidió reimpulsar el PPdeG con savia nueva y apostar por una nueva hornada de gente con Miguel Tellado al frente, y enviando a Rueda a dirigir el PP de la provincia de Pontevedra, en aquel momento el que más problemas tenía por el efecto rodillo de Caballero en Vigo. Rueda se vio más liberado para su papel de vicepresidente de la Xunta, a la vez que empezó a construir en su provincia una estructura orgánica que, con poco ruido, el año pasado le permitió al PP reconquistar la Diputación de Pontevedra.

Esa conquista provincial, junto a la capacidad que tuvo para organizar la transición del baltarismo en Ourense sin apenas daños colaterales, impulsó su figura entre los suyos, al tiempo que generó en sus rivales cierto respeto. El Rueda de 2023 ya no era el funcionario gris que heredó la Xunta de Feijóo en mayo de 2022, sino que era un candidato a la reelección a tener en cuenta. Tenía experiencia y tenía equipo, el que él mismo construyó tras desmantelarse medio gabinete por la marcha de Feijóo. 

Rueda soportó con paciencia meses de comparaciones con su predecesor, no siempre justas, y creó un estilo propio, el estilo Rueda, mucho más natural, directo y desenfadado, alejado en ocasiones de los corsés de la política más tradicional, para aprovechar una de sus virtudes: su facilidad de conexión con la gente. Por eso hoy es tan fácil verlo de traje y corbata en el Consello como con el casco subido a la moto, compartiendo cerveza con un vecino o con las zapatillas corriendo un trail.

Todo eso se sometió ayer al juicio de los gallegos, que dictaron sentencia. El estilo Rueda funciona. Y ahora, de él depende que Galicia también lo haga.

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