El cementerio de César Portela, sin muertos y sin vida

Construido hace 25 años, atrae a peregrinos y turistas venidos de todo el mundo
El cementerio de Fisterra de César Portela. EFE
photo_camera El cementerio de Fisterra de César Portela. EFE

 En el cabo Fisterra, allí donde los romanos pensaron que el mundo llegaba a su fin, varios cubos de granito se funden con la naturaleza, conjugando una simbiosis entre lo terrenal y lo espiritual. Sin muros que lo cerquen, únicamente limitado por cielo, mar y tierra, se alza un cementerio sin muertos, un cadáver político construido hace 25 años que atrae a peregrinos y turistas venidos de todo el mundo.

Apenas dos kilómetros separan el cementerio tradicional de la iglesia de Santa María das Areas de esta singular construcción, un proyecto aprobado por el pleno del ayuntamiento de Fisterra (A Coruña) en 1997. Encargado por el entonces alcalde socialista Ernesto Insua, la obra fue diseñada por el laureado arquitecto César Portela en un paraje de ensueño.

En la ladera interior del cabo, cerca de Punta Cabanas, se sitúa esta obra, azotada por el viento y la lluvia y con el mar y el horizonte como telón de fondo. "Cuando proyecté y construí el Cementerio de Fisterra, lo primero que quería era ofrecer a los muertos el descanso que se merecen en un lugar sublime en el que la arquitectura fuera capaz de fundirse positivamente con la naturaleza, igual que lo han hecho en ese mismo lugar, desde siempre, la tierra, el mar y el cielo", explica el arquitecto en su página web.

Frente a la idea de una necrópolis cercada por muros y las habituales cruces, el cementerio de César Portela discurre a través de varios senderos en los que se sitúan 14 cubos de granito, que en su interior albergan los nichos.

Inscripción en el cementerio de Fisterra de César Portela. EFE
Inscripción en el cementerio de Fisterra de César Portela. EFE

Para acceder al cementerio hay que detenerse en la carretera que conecta el pueblo con el faro, el camino por el que pasan los peregrinos que quieren completar esta ruta jacobea.

Aunque está indicado por un cartel, muchos peregrinos se sorprenden al saber que se trata de un cementerio. Algunos no lo conocen y otros, que han leído sobre la historia de este lugar, se detienen en él para visitarlo y capturar en instantáneas un lugar mágico que, sin embargo, con el paso del tiempo, ha caído en el olvido y nunca ha llegado a completar su función mortuoria.

Los tres primeros bloques, que en un inicio estaban destinados a ser tanatorio, capilla y sala de autopsias, ahora están cubiertos de maleza. Si bien la idea original era que la naturaleza formase parte del entorno, la desidia política ha hecho que esta, salvaje, se apodere de todo.

El alcalde por entonces de la localidad, el popular Valentín Castrege, nunca lo inauguró. Tras su muerte repentina en 2002, la alcaldía pasó al concejal del PPdeG José Manuel Traba Fernández, que tampoco lo puso en funcionamiento.
Ya en las elecciones municipales de 2015, la alcaldía de Fisterra dio un vuelco y, con los apoyos del BNG, el candidato socialista José Marcote tomó el mando, que revalidó en 2019.

Fue entonces cuando se retomó la idea de darle uso a un cementerio que en su momento costó más de 300.000 euros. Sin embargo, a pesar de que lo único que faltan son los suministros de agua y electricidad, el proyecto por el momento sigue paralizado. "Al principio hubo problemas presupuestarios para rematar la faena, pero se podrían haber solventado como cualquier otra obra. Las obras hay que finalizarlas. Si hay un problema presupuestario, lo que hay que hacer es arreglarlo y darle salida", asegura Marcote a Efe.

Según cuenta, hubo una oposición político-social. En aquella época, los vecinos de Fisterra consideraban que el cementerio estaba demasiado alejado del núcleo urbano y eso se sumaba a cierta reticencia a una necrópolis demasiado moderna, que chocaba con las tradiciones más arraigadas de un municipio costero que prefería ser enterrado junto a la iglesia dedicada a la Virgen das Areas, patrona del pueblo.

Marcote señala que la oposición social fue "una excusa" que se usó "políticamente" para no rematar una obra con la que muchos no estaban de acuerdo. Lo cierto es que hay diversidad de opiniones. Segundo López, vecino de Fisterra, considera que "se ha tirado el dinero" y que el cementerio de Portela "se está estropeando", y "no sirve para nada".

"Creo que no va a ir nadie. Hubo gente de aquí del pueblo que se fue a enterrar a otra parroquia", afirma, y añade que "lo más idóneo" habría sido construir el cementerio en el terreno que hay junto a la iglesia, donde se encuentra actualmente un antiguo campo de fútbol. Mientras, Carmen Estévez, voluntaria de la parroquia, está deseando que lo terminen. "Que se gasten un poco más de dinero y que le den salida, para que la gente pueda enterrar a sus difuntos un poco bien", pide.

Con un cubo y un estropajo, Estévez limpia las lápidas del camposanto de Santa María das Areas. Todas están amontonadas, en hileras verticales en las que ya no caben apenas nichos. "Está demasiado sobrecargado y ya no hay para nichos ni para lápidas, imposible", explica.

Aunque reconoce que hay todo tipo de opiniones sobre el cementerio de Portela, apunta a que existe "una necesidad", porque la mayoría de gente está comprando nichos en las aldeas cercanas a Fisterra ante el estado de deterioro y abandono del cementerio viejo.

En lo que sí coinciden todos es en el interés que genera, sobre todo entre los foráneos, tirar en esta zona las cenizas de sus seres queridos: "Debe ser porque estamos en el fin del mundo, en el fin de la tierra, y aquí termina todo", apunta Carmen Estévez.

Cementerio de Fisterra de César Portela. EFE
Cementerio de Fisterra de César Portela. EFE

Ante la gran cantidad de peticiones, Marcote asegura que desde el ayuntamiento trabajan en una nueva ordenanza municipal para abrir el cementerio de Portela como un columbario, en el que la gente pueda depositar sus cenizas.
"Ahora mismo es lo más sencillo y lo más fácil. Las exigencias a niveles sanitarios, que son las que ahora mismo podrían poner problemas para abrirlo, no las tenemos", afirma.

"Como tirar las cenizas de cualquier manera no está permitido, esta puede ser una de las alternativas", añade el alcalde, que señala que muchos peregrinos deciden, ilícitamente, esparcir sus cenizas por el lugar.

De hecho, oculta en uno de los últimos bloques, yace una pequeña urna violeta, con el nombre de Brigitte, fallecida en 2021. Aunque todavía no está en funcionamiento, el cementerio de César Portela podría contar ya con su primera inquilina, una extranjera que con su muerte le ha dado algo más de vida a un lugar que había quedado relegado al abandono.