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A Concha por fin le ha llegado la tarta de sus 100 años a la residencia

Juan Francisco sostiene una tarta por el cien cumpleaños de su madre Concha, en la residencia de mayores Nuestra Señora de la Esperanza, en Ourense BRAIS LORENZO (Efe)
Juan Francisco sostiene una tarta por el cien cumpleaños de su madre Concha, en la residencia de mayores Nuestra Señora de la Esperanza, en Ourense BRAIS LORENZO (Efe)
Su hijo ha podido visitarla manteniendo la distancia de dos metros en todo momento

¡Felices cien años! Concha Rodríguez es centenaria y vive en la residencia de mayores Nuestra Señora de la Esperanza, en la ciudad de Ourense. Como muchos, cumplió en el confinamiento estricto, pero hoy, con el centro libre de virus, al fin ha podido celebrar el siglo que alcanzó con tarta incluida.

El centro, dependiente de la Fundación San Rosendo, ha reanudado este lunes las visitas, tras casi tres meses sin recibir a los familiares. Nuestra Señora de la Esperanza, que llegó a tener a más de cien usuarios y a una treintena de trabajadores infectados, ha permitido estos accesos más tarde que otros y siempre bajo estrictas medidas de seguridad.

En la actualidad, solamente puede acudir un familiar por persona al centro, con mascarilla, y guardando dos metros de distancia. Los besos y los abrazos todavía tendrán que esperar. Nada más llegar, hay que desinfectar el calzado en una alfombrilla y hacer lo propio con las manos.

Todo ello en una vuelta a la "nueva normalidad" después de unos meses complicados donde "había momentos en que no se veía el final" resume a Efe Aranzazu Crespo, directora del centro, convencida de que una de las cuestiones que más ayudó, y les salvó de un escenario peor, es que "cerramos las puertas de la residencia enseguida".

A Concha, centenaria con una mala salud de hierro, el coronavirus casi no le hizo mella pese a que se contagió y a la importante carga vírica que hubo en esas instalaciones desde mediados de marzo hasta hace apenas quince días. 

¿Concha, mira la tarta de cumpleaños¿, le decían este lunes. El aniversario, que fue el pasado 7 de abril, coincidió con muchas restricciones. Pese a todo, pudo festejar con las trabajadoras "una alegría doble", la centena y dar negativo en Covid-19

Desde el lugar reservado para las visitas, situado a dos metros de ella, su hijo Juan Francisco López le ha mostrado el papel (con la cifra 100) y el móvil donde ha podido ver a sus parientes. 

Esta centenaria, que ingresó en la residencia hace tres años tras sufrir una infección grave, la cual le obligó a estar veinte días en el hospital, "está mentalmente muy bien", ha contado a Efe su descendiente. 

Bien es cierto que combina, en todo caso, "momentos de lucidez" con otros en los que parece, y solamente parece, que se olvida de las cosas, comenta en una conversación Juan. 

Concha es capaz de "recitar poemas enteros" de carrerilla; y enumerar todos los núcleos que componen Quiroga, su localidad natal, situada en Lugo. 

Una de sus cuidadoras añade: "Come muy bien, canta todo el día, a la tarde te llama. Es una risa con ella. Es muy buena, pero ahora, desde que pasó todo esto, se defiende". 

Quiso la vida que, con su padre secretario de Justicia, esta mujer pudiese vivir primero en Quiroga, para pasar después por Pontevedra, Monforte y Ourense. 

En el reencuentro, Juan ha recordado momentos "muy duros" y de profunda "tristeza" en esta emergencia sanitaria, pues al principio "tampoco tenían medidas sanitarias para poder prevenir". 
"Esto es como una familia, ya nos conocemos más o menos todos. Cuando te enteras de alguien que falleció se hace duro". 

Su deseo ahora es poder volver abrazar a su madre, a la que solía ir a ver casi a diario, y que vuelva a ver a los suyos a medida que se vaya normalizando la situación.

A Concha por fin le ha llegado la tarta de sus 100 años a la...
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