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Iluminar bien: la asignatura pendiente de Pontevedra y otras ciudades gallegas

Víctor Tilve y Lucía Giráldez, junto a una farola en Barcelos
Víctor Tilve y Lucía Giráldez, junto a una farola en Barcelos
Pájaros que cantan por la noche, alteraciones en el sueño o la extinción de especies son las consecuencias del exceso de luz nocturna

Alteraciones en el sueño, desorientación de pájaros o insectos e incluso la extinción de especies como las luciérnagas. Esos son solo algunos de los problemas que causa el exceso de luz. "Incluso hai estudos que vencellan a falta de melatonina (una hormona que se segrega al anochecer para preparar el cuerpo para el sueño) co cancro". Lo dice Víctor Tilve, matemático miembro del grupo Calidade do Ceo Nocturno que prepara una tesis doctoral sobre un modelo de medición de la contaminación lumínica.

Las farolas eran vistas hasta hace poco como elementos que convertían las calles en lugares accesibles y cómodos para caminar por la noche. Sin embargo, esta idea está cambiando. Aunque todavía no existe legislación específica sobre esta cuestión, comienza a haber reivindicaciones para que se respete el derecho a la oscuridad. "Xa se fala do termo intrusión lumínica, é dicir, da iluminación pública que se mete no interior das vivendas", cuenta Lucía Giráldez, que prepara su doctorado sobre turismo astronómico y destinos libres de contaminación luminosa. Víctor y Lucía son miembros de la Red Española de Estudios sobre la Contaminación Lumínica y trabajan para fomentar que los ayuntamientos iluminen mejor los espacios públicos

Pero iluminar bien no significa iluminar mucho. Tilve y Giráldez proponen dos reglas básicas: evitar la luz blanca y direccionar los focos hacia abajo de modo que nunca se escape luminosidad a los lados o hacia arriba. "O obxectivo é iluminar a rúa, non os edificios", cuenta Tilve.

Existe una excepción, cuando las luces pretenden resaltar algún edificio o monumento. "Alumar os símbolos das cidades é unha práctica habitual que se utiliza para crear unha imaxe nocturna representativa da mesma, como o caso da Peregrina en Pontevedra", explica Giráldez, que aplaude la instalación de luz violeta en el interior de los campanarios del santuario, "ese tipo de iluminación queda ben a nivel estético e, ademais, está colocada de xeito que non escape luz ao exterior". Aún así, critica un foco de luz blanca y muy potente situado en lo alto de uno de los edificios de la plaza para realzar el santuario durante la noche. "Poderíase plantexar a idea de que, a partir de certa hora da noite, se apagasen as luces, ou polo menos parte delas, o que tamén conlevaría un aforro importante", cuenta Tilve.

MONUMENTOS. Lo mismo ocurre en otros monumentos de la ciudad, como la iglesia de Santa María o el puente de Os Tirantes. "Pontevedra non está mellor nin peor que outros lugares en Galicia, é obvio que nas grandes cidades hai máis problemas neste sentido, pero esta é unha materia pendente de todas as urbes", cuenta Tilve. "Pero estaría ben que Pontevedra, tan coñecida polo seu modelo de cidade, fixese algunhas adaptacións máis para que sexa pioneira tamén neste aspecto", añade Giráldez.

La sustitución de la luz blanca por luz amarilla es otro reto para mejorar el alumbrado público. La utilización de leds de luz blanca por parte de los ayuntamientos no para de crecer, a pesar de que este tipo de iluminación es perjudicial para la salud. El cuerpo del ser humano comienza a segregar melatonina (la hormona del sueño) al caer el sol. Pero la luz artificial evita que este proceso tenga lugar, de modo que provoca alteraciones en los conocidos como ritmos circadianos (relacionados con las horas de descanso y de actividad).

La presencia de luz blanca potente en zonas arboladas también provoca este tipo de trastornos en las aves, de modo que es común escuchar cantar a los pájaros durante la noche en parques muy iluminados. Los insectos se quedan atrapados y desorientados en torno a un foco de luz hasta que mueren sin reproducirse. "Imaxina que efectos pode ter a luz se che digo que nas granxas de polos só apagan os focos durante dúas horas ao día para que o resto do tempo estean espertos e comendo para engordar antes", cuenta Tilve.

Existen soluciones a nivel urbano, como la instalación de dispositivos que, a través de detectores de movimiento, enciendan las luces de las calles solo cuando por ellas camine alguien. Otra opción es apagar una parte del alumbrado durante las horas centrales de la noche y la sustitución de los leds de luz blanca por amarilla.

Estas medidas no solo mejorarían la salud de quienes habitan la ciudad, sino también las cuentas municipales. Además, atraería al conocido como turismo astronómico, un sector en auge cuyo público busca lugares en los que ver las estrellas. Porque poder disfrutar de una noche estrellada también es un motivo de peso para apagar las luces.

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