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Juan Picos: "El enfoque no es eucalipto sí o no; es promover la diversidad forestal"

Juan Picos Martín (Madrid, 1971). DAVID FREIRE
Juan Picos Martín (Madrid, 1971). DAVID FREIRE
De los tres millones de hectáreas de territorio gallego dos son monte, así que tener más de medio país abandonado es un lujo que Galicia no puede permitirse. Juan Picos, colaborador del nuevo Plan Forestal, cree que toca cambiar la filosofía. "Nuestro monte tiene potencial", dice

El primer gran intento de ordenar el monte fue el Plan Forestal de Galicia de 1992. ¿Avanzamos algo?
Se avanzó bastante, en cantidad y calidad, y el sector forestal cambió mucho y se profesionalizó. Lo que ocurre es que quedan muchas cosas todavía por hacer porque es un sector que tiene cientos de empresas y decenas de miles de propietarios y no todos van al unísono. El reto ahora es separar el polvo de la paja e ir asignando herramientas para las distintas situaciones.

Y ante un reto de tal magnitud, ¿por dónde se empieza?
El primer enfoque del nuevo Plan Forestal es acertado: no vamos a esperar por un plan superperfecto e inamovible para que dentro de 30 años lo revisemos y veamos que el mundo fue por otros derroteros, sino que vamos a generar una estructura más flexible y apoyada en un sistema de información, diagnóstico y supervisión rápida para detectar dónde funcionan las cosas y dónde no. Ya no vale moverse solo en lo global sino que hay que incorporar análisis más finos, segmentar y aplicar herramientas distintas para cada caso: incentivar lo que se hace bien y castigar lo que se hace mal, porque tenemos una enorme diversidad de especies, de gestión y de propiedad. El reto es cambiar la filosofía de asumir el monte como un todo.

En esa filosofía tener un inventario forestal continuo será clave.
Siempre defendí un sistema de información forestal complejo: que incluya empresas, comunidades de montes y recursos, y en esta última parte el inventario forestal es clave porque nos permite detectar diferencias por zonas y tendencias.

¿Trabajar sin inventario, como ahora, es hacerlo un poco a ciegas?
Sí. Necesitamos un cambio en la forma de entender la información forestal, que siempre fue escasa y en ocasiones no fue especialmente transparente. Y aquí está el gran giro copernicano: es el momento de dar la vuelta a ese calcetín y a partir de ahí ir afianzando líneas de trabajo. Tenemos que ser capaces de auscultar las medidas que se van aplicando en un periodo razonable, no de década en década.

La gente de la ciudad debe implicarse en el monte: asumimos pagar por ir a Port Aventura y no por pasear por un bosque

El nuevo Plan Forestal nos dice, entre otras cosas, que más frondosas, más pino y menos eucalipto.
Hay un principio general, que no solo se aplica a los recursos forestales sino a cualquier negocio, que es la apuesta por la diversidad de opciones. Y debemos intentar preservarla o incrementarla, sobre todo cuando en los últimos 15 años vimos un progreso relativamente rápido del eucalipto. Las frondosas también crecen, pero más asociadas al abandono de terrenos, mientras que el pino está sufriendo un retroceso que puede complicar incluso que aprovechemos las oportunidades que ofrece. Pero creo que la primera opción pasa por promover la diversidad.

¿Es malo reducir el debate forestal a eucalipto sí o eucalipto no?
Sí. Aunque eso indica dos cosas: que preocupa a la gente y que es un tema sensible. Hay algo peor que la polémica: la indiferencia. Al menos entendemos que, como mínimo, hay cierta preocupación por nuestro monte. Lo malo de simplificar tanto las cosas y centrar el debate en eso es que impide que resolvamos ese problema a través de arreglar antes otros más pequeños. Y es ahí a donde me gustaría llevar el debate. Visto que tenemos cierta sensibilización, ahora hay que conseguir más información y más cultura forestal y ambiental. Y asumir que para afrontar algunos problemas se necesitará la cooperación de la sociedad rural y la más urbanita. El debate de este árbol australiano no debe privarnos de ver el bosque.

¿Hay riesgo real de sobreproducción de eucalipto nitens y de una caída de precios a corto plazo?
Hay matices. La entrada del nitens desde finales de los 90 generó una gran expectativa o fiebre en propietarios que veían como esa especie generaba economía en otras comarcas y asumían que también les tocaba a ellos disfrutarla. Pasamos de tener el eucalipto sin aumentar mucho, con la variedad globulus limitada a zonas de costa, a generar de repente una ola de repoblación con nitens. Pero lo que plantamos ahora lo cortaremos dentro de década y media, un desfase temporal que siempre existe en el sector forestal. Acabamos de ver cómo cambian las cosas en un solo año... ¡así que imagínate en 15! Esa incertidumbre está ahí, por eso la diversidad del monte, en especies y gestión, es la forma de no jugar todas las bazas al a misma carta y arriesgarnos a incrementos de producción que el mercado no pueda absorber en algún momento. Aunque en general, entendiendo la madera como un bien relativamente escaso, es posible pensar que sí habrá demanda si somos capaces de generar nuevas transformaciones.

¿El debate del eucalipto es exclusivo de España y Portugal?
En Europa no se da mucho este debate porque no hay eucalipto ya que hasta ahora el clima no permitió plantarlo, mientras aquí encontró condiciones parecidas a las de su lugar de origen. Pero si vamos a Suramérica, donde sí se plantó bastante, nos encontramos también cierto debate y en ocasiones incluso lo heredamos. Allí el eucalipto no lo plantan las familias sino las grandes empresas y aquello sí es un monocultivo. En ocasiones hablamos aquí de monocultivo, pero esto no lo es.

Hay muchos mitos alrededor del eucalipto. ¿Es letal para el suelo?
Creo que el suelo no es el principal problema, por el tipo de suelo que tenemos en Galicia y porque el eucalipto rara vez está solo: debajo nacen cosas autóctonas como tojos, robles... El efecto sobre el suelo tiene más que ver con el manejo y con lo intensivo que sea el cultivo que con la mera presencia del árbol. A lo mejor el eucalipto sí presenta otros problemas como la falta de biodiversidad, pero indudablemente tiene un papel económico interesante, así que hay que intentar reducir al máximo sus efectos perjudiciales.

¿Renta más una hectárea de eucalipto o una de castaño?
En general el eucalipto tiene dos ventajas que hacen que la gente opte por él: menos gasto y menos trabajo. Es bastante competitivo porque da rendimiento pronto y con poco trabajo. Pero una buena plantación de castaño, en buen terreno, tiene una rentabilidad interesante en cuanto empiezas a recoger castañas. Y podemos llegar incluso hasta el pino si tenemos una plantación ordenada. La comparativa es relativamente favorable al eucalipto pero no siempre por rentabilidad, sino porque es más fácil ponerlo en marcha, cuesta menos y el propietario percibe menos riesgo. Pero yo insisto en que lo importante es generar alternativas que la gente las perciba como viables e incentivarlas, para que los propietarios apuesten por castaños, robles o pinos, que tienen un futuro interesante.

La tecnología podrá generar alternativas interesantes con la madera: de ella salen hoy chicles sin azúcar y aromatizantes»

Además de eucalipto, castaño o pino, ¿en qué puede tener potencial el monte gallego?
La sensación es que la madera será un bien escaso y que la tecnología será capaz de generar con ella alternativas a productos de origen fósil, y ya no solo en cuanto a maderas sólidas o textiles sino también aplicaciones en la industria alimentaria. Hoy los chicles sin azúcar y los aromatizantes de vainilla se fabrican a partir de madera. Estamos en fase de desarrollo para conseguir maderas transparentes y el grafeno necesita una fuente de carbono que debemos elegir si la queremos fósil o de madera. Caminamos hacia un desarrollo tecnológico tal que podremos tener mercado para muchos tipos de madera. Nuestro monte tiene mucho potencial, pero tenemos que hacerlo realidad.

¿Cómo?
Criticamos como está el monte pero se hizo así con el dinero y el esfuerzo de las personas: no podemos esperar que alguien haga algo y luego decirle que lo hizo mal. La clave de la política forestal es ayudar a que la gente lo haga mejor y es imprescindible esa cooperación entre los propietarios del monte y la gente de la ciudad, que vive muchas veces con cierto desahogo económico y que exige pasear por el monte, pero no está dispuesta a pagar por ello ni a colaborar. Hay que romper esa dinámica y conseguir el monte que queremos.

La pandemia demostró la importancia de un ferrado verde. ¿Debería financiarse o incentivarse por vía fiscal a quien cuida esos espacios como ocurre en otros sitios?
No hay que irse muy lejos ni siquiera esperar a la pandemia. La lección que recibió a Vigo y su entorno tras los incendios de 2017 fue muy clara y la gente empezó a darse cuenta. Antes subían en bicicleta o andando a esos montes, los únicos lugares de esparcimiento de Vigo, y nunca pensaban en pagar por ello. Sin embargo pagan sin problema por entrar en Port Aventura. Y también lo vimos en momentos de escasez de agua, que bebemos y contaminamos en las ciudades pero que se produce en los montes. Estas cosas serán cada vez más importantes y la gente va a tener que colaborar.

¿Qué pueden aportar los futuros ingenieros forestales?
Todo esto necesita profesionalización, información, transparencia, consejo y apoyo técnico. Ellos van a tener que asumir el papel de ser dinamizadores de esa situación. 

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