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La pequeña Atapuerca gallega

Varios arqueólogos, durante una de las campañas de excavaciones
Varios arqueólogos, durante una de las campañas de excavaciones
UNA VIDA BAJO TIERRA. Siete campañas, 10.000 piezas y un centenar de pinturas son los números de Cova Eirós, un yacimiento del Paleolítico único en el noroeste peninsular por su arte rupestre pero del que aún falta mucho por investigar y por conocer

DESPUÉS DE un año de hibernación, la próxima semana volverá a abrir sus puertas la pequeña Atapuerca de Galicia para recibir a los investigadores de la Universidade de Santiago de Compostela (USC) y la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona, quienes se encargan de excavar en sus entrañas para descifrar los secretos que esconde desde hace miles de años esta pequeña gruta situada a 750 metros de altura en la parroquia de Cancelo (Triacastela).

Un camino en pendiente y muy estrecho lleva hasta Cova Eirós, una joya arqueológica en la que se comenzó a trabajar en los 90 de la mano de Aurora Grandal, aunque posteriormente fue abandonada durante varios años. La recuperaron del olvido los investigadores de la USC y de Tarragona dentro del proyecto arqueológico ‘Ocupaciones humanas durante el Pleistoceno de la cuenca media del Miño’, con el que en 2008 comenzaron unos exitosos trabajos que llevaron a que en siete campañas se descubrieran sobre 10.000 piezas y un centenar de pinturas.

Los investigadores están a la espera de dataciones de las pinturas, algunas de las cuales podrían tener entre 9.000 y 10.000 años

Los sondeos de hace siete años permitieron destapar los primeros restos neandertales en una cueva de Galicia, además de ofrecer una oportunidad única en el noroeste peninsular para estudiar la evolución de las estrategias de subsistencia y tecnología de dos diferentes especies de homínidos, el neardental y el homo sapiens.

Restos de animales -oso de las cavernas, rebecos, león de las cavernas o lince- herramientas para cortar materiales, curtir pieles o despellejar animales y un colgante son algunos de los descubrimientos realizados durante estos años en los 21 metros cuadrados que trabajaron en la entrada de la gruta. Con 1,4 metros de profundidad excavados, el nivel más antiguo es el cuatro, perteneciente al Paleolítico Medio y datado en unos 120.000 años.

LABORATORIO. La gran sorpresa llegaría en 2011, cuando los arqueólogos encontraron las primeras muestras de arte rupestre de Galicia. Durante los años posteriores continuaron las investigaciones, con las que localizaron hasta un centenar de pinturas. Sin embargo, esto no quiere decir que todas procedan del Paleolítica, pues también puede tratarse de medievales o más modernas. Los estudiosos enviaron muestras a laboratorios para tratar de datarlas, pero son muy pequeñas y algunas no se pueden procesar, explicó el codirector de las excavaciones, Arturo de Lombera.

Por sus características, se calcula que el conjunto más representativo procede de los momentos finales del Paleolítico, "sobre 9.000 e 10.000 anos", aunque podría haber algunos motivos más antiguos. Tendrán que esperar a las dataciones para confirmarlo.

Los arqueólogos proponen elaborar réplicas de los motivos para exponerlos, para lo que realizan calcos de los mismos

Todavía queda mucho por hacer en cuanto a las investigaciones y para dar a conocer este yacimiento. La conservación regular de los motivos, unido al complicado acceso a la gruta, hace difícil que se pueda abrir al público en el futuro. Por ello, se baraja crear un centro de interpretación en Triacastela en el que mostrar los hallazgos realizados durante las campañas, tanto los materiales como las pinturas.

Para poder exponer estas últimas, los arqueólogos propusieron elaborar réplicas de los motivos, de ahí que este año realicen los calcos de los mismos. Según explicó, se pueden llevar a cabo réplicas de las paredes de la cueva.

Sin embargo, las dificultades económicas complican ejecutar a corto plazo el proyecto. Dar a conocer los singulares descubrimientos de Eirós será un gran paso para poner en valor el yacimiento, además de ser importante para un municipio de menos de 800 habitantes como es Triacastela, pero también para la comarca sarriana y el desarrollo del rural. Los primeros pasos consistieron en acercar Cova Eirós a sus vecinos, para lo que se llevó a cabo una recreación didáctica y para este año se programan unas conferencias.

Si es complicado por motivos económicos ejecutar un museo para mostrar los hallazgos, también sufre dificultades la financiación de las excavaciones y las investigaciones. El pasado año los trabajos se redujeron a solo dos semanas por falta de fondos y este año un convenio entre la Consellería de Cultura y la Universidade de Santiago garantiza poder ejecutar la investigación en campo y recuperar el ritmo de las excavaciones, que quizás dejen al descubierto alguna nueva sorpresa de la pequeña Atapuerca gallega.

La pequeña Atapuerca gallega
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