Medio siglo del inicio del fin del franquismo

El 10 de marzo de 1972 comenzó a escribirse en Galicia el epitafio del régimen con el asesinato de Amador Rey y Daniel Niebla
Única imagen de la manifestación en la que fueron abatidos por los 'grises' Amador Rey y Daniel Niebla. FUNDACIÓN 11 DE MARZO
photo_camera Única imagen de la manifestación en la que fueron abatidos por los 'grises' Amador Rey y Daniel Niebla. FUNDACIÓN 11 DE MARZO

El 10 de marzo de 1972 varias gotas colmaron el desgastado vaso de la dictadura en Galicia. Las disparadas por las pistolas de los grises contra Amador Rey y Daniel Niebla, dos trabajadores que se manifestaban por un convenio colectivo en la antigua Bazán y que inmediatamente después de sus muertes se convirtieron en mártires y emblemas de la lucha sindical. Este jueves se cumplen 50 años de sus asesinatos, en una efeméride en la que se conmemora el Día da Clase Obreira Galega

Ferrol
Daniel Niebla y Amador Rey. FUNDACIÓN 10 DE MARZO

Tal día como hoy, pero hace medio siglo, mudaron muchas cosas en una Galicia a la que habían asomado ya los vientos de cambio, pero donde chocaban todavía contra el muro de los más acérrimos al franquismo. Y si esa dualidad se pudiese situar geográficamente, el lugar indicado sería Ferrol, al que en aquel entoces se le añadía el artículo delante. La ciudad naval era, paradójicamente, cuna del dictador, y por otra parte, uno de los epicentros más fervientes del movimiento sindical, que ya había comenzado a fraguarse desde el calor de los hierros de los astilleros a finales de la década de los sesenta, siempre en la clandestinidad. 

Amador y Daniel se manifestaban en Ferrol, cuna del dictador y símbolo desde entonces de la lucha de la clase obrera

En medio, también había un amplio sector de la población —y este era muy representativo en Galicia— que se mantenía tibio respecto al franquismo, aceptando por esos años el término de la dictablanda, referido a un supuesto aperturismo político del régimen y un menor control de las fuerzas y sindicatos de oposición. 

Pero la realidad decía otra cosa, y los asesinatos de Rey y Niebla terminaron de abrir los ojos a los gallegos en torno a un franquismo cuya única apertura había sido al turismo extranjero en las playas del sur y Levante sin otra intención que la de hacer caja. 

Ese 10 de marzo de 1972, hace medio siglo, gran parte de los gallegos asumieron que debían de cambiar muchas cosas. Se alzaron las voces obreras y los gritos de rabia de la ciudadanía por el asesinato de dos hombres sin otro pecado que el de luchar por sus derechos laborales. Ya era el otoño del régimen, aunque todavía duraría lo suficiente para, ya en sus estertores, asesinar a otro sindicalista, Xosé Ramón Reboiras, también en Ferrol, en 1975. El epitafio del franquismo estaba cerca, pero en Galicia había comenzado a escribirse antes, en 1972.

Estatua levantada en memoria de Daniel Niebla y Amador Rey en el barrio ferrolano de Recimil. ARCHIVO
Estatua levantada en memoria de Daniel Niebla y Amador Rey en el barrio ferrolano de Recimil. ARCHIVO