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Pontevedra, protagonista en el mayor fraude de la historia de Sudamérica

El buzón en el que recibía correspondencia
El buzón en el que recibía correspondencia
Rodrigo Tacla Durán, detenido en noviembre en Madrid y a la espera de ser extraditado a Brasil, es considerado un elemento clave para el entramado corrupto en relación con la petrolera brasileña Petrobras que salpica a Lula da Silva y Dilma Rousseff. Tenía dos empresas pantalla en la ciudad del Lérez

El registro Mercantil de Pontevedra tiene constancia de la presencia en la ciudad de Rodrigo Tacla Durán, presunto cerebro financiero de la mayor trama de corrupción jamás descubierta en Sudamérica, desde el año 2004. El letrado hispanobrasileño, que fue detenido el 18 de noviembre de 2016 por agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil dando cumplimiento a una orden de busca y captura emitida por Interpol, contó con al menos dos empresas offshore en Pontevedra para el pago de sobornos relacionados con el entramado criminal cuyo germen fueron las actividades de la empresa semiestatal brasileña Petrobras y que salpica a dirigentes políticos de toda América Latina.

Los datos a los que ha tenido acceso este periódico apuntan a que Tacla Durán administró en un primer momento la firma GVTEL Corporation, cuya sede social se ubicaba en el número 22 de la calle río Umia, en A Caeira, a solo unos pasos de las primeras infraviviendas del poblado chabolista de O Vao. Esta empresa, cuyas actividades lícitas se desconocen, figuraba en el sector de las telecomunicaciones e Internet.

Años después de la constitución de la citada firma, que llegó a ser administrada por el citado Rodrigo y por su progenitor, el investigado creó una segunda empresa en Pontevedra, Vivosant Corporation, que nació al abrigo del Centro de Negocios de la calle Manuel Quiroga y cuya actividad inicial era la misma que la anterior, pero que posteriormente figuró en el registro como firma "de tratamiento de residuos".

El contable del mayor caso de corrupción de la historia de América estuvo, de algún modo, ligado a Pontevedra. En el centro de negocios de la Boa Vila explican que "esta empresa tuvo un buzón de correspondencia durante algunos años, pero ahora ya no lo tiene".

Las autoridades le acusan de ser el cerebro de la trama que salió a la luz en el marco de la operación Lava Jato, que investiga el escándalo de corrupción de la firma Petróleo Brasileiro (Petrobras).

Las citadas pesquisas determinaron la existencia de un poderoso cártel compuesto por algunas de las grandes constructoras del país, relacionadas con sobornos a políticos y a dirigentes de Petrobras. En este punto aparece la figura del letrado hispanobrasileño, que recibió en sus compañías más de 50 millones de reales brasileños a través de numerosas cuentas secretas abiertas en países extranjeros.

Entre esas cuentas se halla al menos una en Singapur, en el banco Piktet & Cie. Vivosant Corporation, la firma asentada en el centro de negocios de Manuel Quiroga, habría recibido a través de esta cuenta 12 millones de dólares procedentes de Constructora Internacional del Sur, empresa dependiente del gigante Odebrecht que tenía por objeto llevar a cabo los sobornos de su matriz.

Así, y a pesar de que en los registros oficiales de Pontevedra Vivosant nunca tuvo activos por valor superior a 57.000 euros, las autoridades brasileñas consideran que sus movimientos económicos fueron multimillonarios durante el período investigado.

Tacla Durán se encuentra en la actualidad en Madrid. Sus letrados están trabajando para evitar la extradición a Brasil con el argumento de que cuenta con la doble nacionalidad. Las autoridades del país sudamericano pretenden juzgarle por los delitos de cohecho, blanqueo de capitales y asociación criminal.

ASÍ ERA LA TRAMA. Petrobras licitaba sus obras a grandes firmas de ingeniería y construcción de Brasil, como parte de un programa impulsado por el expresidente Lula da Silva y su entonces ministra de Energía, Dilma Rousseff, para estimular la creación de empleos en el país. Para favorecer la contratación de ciertas empresas, la petrolera pedía sobornos que rondaban el 3 por ciento del presupuesto, que se repartía entre políticos y empresarios. El dinero era reintroducido al sistema a través de negocios de hoteles, lavanderías (de ahí el nombre Lava Jato) y estaciones de servicio para ser blanqueado. Luego era transferido al extranjero, a través de empresas offshore (como Vivosant Corp.) a cuentas en China o Hong Kong.

Según las autoridades judiciales brasileñas, este conjunto de constructoras corrompió a funcionarios de distintos países para obtener importantes concesiones en toda América Latina y movió 8.000 millones en sobornos.

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