Santiago se expone al mal augurio sin uno de sus 'guardianes'

Si las dos palomas soltadas ayer por el Papa en Roma, como expresión del deseo de paz entre antidisturbios y opositores en Kiev, fueron respectivamente atacadas por un cuervo y una paloma, hoy dimite el Gobierno ucraniano.

Si un rayo fulmina el tercer dedo del Cristo Redentor de Río de Janeiro, los disturbios de manifestates en contra de la celebración del mundial vuelven a la calle.

Si arde el Santuario da Virxe da Barca de Muxía, un temporal acabará lo que no hicieron las llamas en un fin de semana trágico.

Entre este espeluznante panorama de malditas profecías, la Catedral de Santiago recibe una nueva gárgola de un metro y medio de altura y 280 kilos de peso, que sustituirá a otra ya totalmente deteriorada.

La colocación de la misma estaba prevista para esta mañana, pero el viento intempestivo que azota la capital gallega hizo imposible su colocación por "riesgo de caída", según afirma un técnico de la obra.

La urgente necesidad de restauración del templo, valorada en tres millones de euros y cada vez más evidente ante la presencia de goteras en el interior; la imputación de la gran parte del equipo consistorial o el hecho de que el temporal que asola Galicia llegue a poner en tela de juicio el famoso refrán de "non chovera que non escampara" son razones más que suficientes para mirar con recelo el cambio de guardia de estas criaturas que, según algunos, mantienen la Catedral a salvo de malos espíritus y, además, sirven de desague.

Por el momento la pieza, realizada en los talleres de cantería Castelo, en Picaraña, Padrón, aguarda ser colocada en el lugar que le corresponde.