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La receta gallega para socorristas ante el Covid-19: el boca a boca es historia

Dos socorristas, durante un simulacro con Epis y un balón resucitador. EP
Dos socorristas, durante un simulacro con Epis y un balón resucitador. EP
►Investigadores de la UVigo, USC y UDC elaboran el primer decálogo mundial para salvamento

Los socorristas constituyen uno de los principales colectivos de riesgo ante el Covid-19 por su estrecho contacto con aquellos a los que quitan de un apuro en el agua. Sin embargo, y pese a llevar trabajando ya varias semanas en toda España, no contaban con un decálogo de actuación alusivo al coronavirus, más allá de algunas recomendaciones aisladas de los servicios de playas, más enfocadas a la teoría que a la práctica la mayoría de veces. Eso era así hasta que esta semana la Revista Española de Salud Pública, editada por el Ministerio de Sanidad, divulgó "el primer artículo científico a nivel internacional sobre prevención del Covid-19 en socorristas", elaborado por investigadores de las tres universidades gallegas.

El estudio es un vademécum sobre cómo salvar vidas sin exponer la de uno mismo en playas y piscinas, y hay una recomendación que destaca sobre todas las demás: el boca a boca queda desterrado como práctica de reanimación por el evidente riesgo de contagio, al menos este verano. Existen, eso sí, alternativas muy similares y con riesgo cero, como el denominado balón resucitador, un sencillo dispositivo compuesto por una bolsa de aire y un tubo que se lleva a la boca de la persona desfallecida. Basta con que el socorrista apriete la esfera de plástico para proporcionar oxígeno.

A mayores, el artículo marca como obligatorio que los profesionales del salvamento equipen un filtro Hepa —que evita el paso de partículas nocivas— y máscaras de protección personal (Epis).

Se trata de "recomendaciones basadas en evidencias, a partir de estudios científicos previos, pero también alcanzadas ahora por consenso, en una situación nueva", explica Roberto Barcala, profesor de Ciencias de la Educación y del Deporte de la UVigo, coordinador del proyecto en el que también participaron Cristian Abelairas y Santiago Martínez, de la USC, y José Palacios, de la UDC.

Los pasos a seguir en un rescate, indica el estudio, comienzan con "una valoración de la respiración a distancia, sin acercarse a la cara de la víctima", para luego "realizar cinco ventilaciones de rescate empleando un balón resucitador con uno filtro antiviral Hepa". La maniobra, que "debe ser realizada por dos socorristas", es vital a la hora de salvar a una persona con síntomas de ahogamiento.

NO BASTAN DOS METROS. El artículo contiene un epígrafe referido a la distancia de seguridad en playas. "No bastan dos metros si hay mucho aforo debido a que la habitual presencia de viento expande el virus", sentencian los expertos.

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