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De vinos con la jabalina guerrera

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¿Quién ha dicho que un jabalí no puede ser el mejor amigo del hombre? Un rianxeiro encontró en este animal al mejor compañero de aventuras. Incluso han ido juntos al bar.

Los jabalíes no tienen buena fama en nuestra tierra, en la que suelen ser noticia por sucesos negativos al destrozar cultivos o provocar accidentes de tráfico. Sin embargo, en la localidad coruñesa de Rianxo, una jabalina domesticada, de nombre Xena –como la princesa guerrera de la serie televisiva-, protagoniza una bella historia de amistad con un hombre que la recogió indefensa en el monte y la ha convertido en una mascota colmada de cariño.

Se trata de Manuel Lojo, un albañil de 50 años que hace ocho se encontró en el bosque con una cría de jabalí “famenta e asustada, como se lle mataran á nai nunha batida”, recuerda el rianxeiro, que no se lo pensó dos veces y la llevó a casa. Sin embargo, una vez la historia llegó a oídos de la Guardia Civil, agentes del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) se presentaron en la parroquia de Araño en la que vive Manuel para instarle a devolver su peculiar mascota al monte, por ser el hábitat natural de un animal salvaje. “Fíxeno, pero ó día seguinte volveu para a casa”, relata orgulloso Manuel, a quien los agentes permitieron quedarse con Xena una vez constatado el cariño que ésta había cogido a su padre adoptivo.

Una mascota más
Superada la sorpresa inicial que la mascota causó en el pueblo, ocho años después los vecinos de Araño ya ven a la jabalina como a una mascota más. Y es que Manuel la ha amaestrado con mucha paciencia y cariño desde el primer día y hoy presume de que “é máis intelixente que calquera outro animal”.

Ambos forman una pareja inseparable. De hecho, de pequeña, Xena incluso acompañaba a su amo al bar del pueblo, costumbre que el rianxeiro tuvo que abandonar porque “é tola polos cacahuetes e metíase por dentro da barra a buscalos, ademais de comer as cáscaras que a xente tiraba no chan”. Total, que inocentemente Xena “asustaba á camareira e ós clientes”, explica el dueño de la jabalina, que se vio obligado a prohibirle volver a ir de vinos.

El desarrollo del animal, que en la actualidad pesa más de cien kilos, también obligó a tenerlo encerrado en una cuadra, aunque Manuel se encarga de sacarlo todos los fines de semana de paseo. Eso sí, se lo lleva al monte, porque si lo deja en la finca “levántame a horta enteira”, admite el albañil, que explica que lo que le gusta a su mascota, como a todos los de su raza, es “escarabellar co fuciño por debaixo da terra”.

Con todo, y pese a estos pequeños inconvenientes derivados de la naturaleza salvaje de su princesa guerrera, el rianxeiro reconoce quererla “máis que a nada” y niega que le ocasione especiales molestias. “Aínda me dá máis traballo a muller”, exclama divertido.

De vinos con la jabalina guerrera
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