Mikel Izal: "Soy cuadriculado y me gusta planear las cosas"

El cantante recala este domingo a las 20.00 en el Palacio de la Ópera herculino para presentar su primer disco en solitario tras despedirse de Izal. Porque no todos los finales son tristes y él es prueba de ello.
Mikel Izal. EP
photo_camera Mikel Izal. EP

La apuesta era arriesgada, pero Mikel Izal (Pamplona, 1982) dice que su inconformismo crónico "no le deja estar mucho tiempo en el mismo sitio". Y fue eso lo que le hizo soltar amarras de Izal, el grupo que lo elevó a los cielos del indie español, para embarcarse en una nueva aventura en solitario.

También confiesa que su álbum debut surgió cerca del mar, "sin muchas pretensiones" y con miedo, pero ansiando alcanzar el paraíso que ahora roza con las manos. Ese mar que verá antes de presentarse ante el público gallego con esos nervios e ilusión de los comienzos que, en el fondo, nunca se olvidan.

Se fue a Madrid a trabajar de teleco, llegó a Boeing y lo dejó para dedicarse a la música. ¿Siempre lo tuvo claro o tuvieron que empujarle un poco?
Mi inconformismo crónico suele ser suficiente empujón para cambiar de sitio cada dos por tres. Tenía un buen trabajo y una vida feliz, pero sentía que tenía más que aportar en otro sitio. A los 28 años tiré de ahorros y me lancé a la aventura de la música. Pero debo decir que tenía un plan B, necesitaba saber que no iba a acabar fatal [ríe].

Como buen ingeniero...
Sí, me viene de familia. Mi padre y mi hermana también lo son y mi madre es enfermera. Todo eso hace que sea cuadriculado y planificador, me gusta hacer las cosas con cabeza. Por eso me fijé un plan de tres años desde que dejé mi trabajo para ver si conseguía dedicarme a la música.

¿Fue lo que le vendió a sus padres o lo pensaba de verdad?
A mis padres les dije que su hijo no se había vuelto loco del todo [ríe]. No es que mi antiguo empleo me estuviese esperando, pero si esto no hubiese salido bien habría vuelto a echar currículums. Tenía un colchón de aire para frenar una caída que yo ya daba por hecho.

¿Cómo se lo tomaron?
La verdad es que estuvieron muy preocupados, sobre todo en los primeros dos años cuando todavía no se veía nada claro que la idea hubiera sido buena. Más adelante llegaron a decirme que mi madre no dormía bien.

La suya es una familia alejada del mundo del artisteo. ¿De dónde le viene la pasión por la música?
Aunque no tengo referentes en ese sentido, es cierto que la familia de mi padre, la Izal, es muy musical: en cuanto se reúnen se ponen a cantar. También me cuentan que tuve un tatarabuelo que era tenor y llegó a la Scala de Milán. Yo empecé cuando era adolescente con un programa gratuito que cayó en mis manos gracias a una revista de informática. Hacer música era algo natural para mí.

Dice que su pasión es la composición. ¿Recuerda la primera canción que escribió?
Sí, Fear and Rain.

¿En inglés?
Un inglés con faltas gramaticales, seguramente, y que hablaba de una historia muy triste. ¡Era horrorosa! [ríe].

Luego fundó Izal porque dijo que se había ‘aburrido’ de su época de cantautor...
Yo me canso rápido de todo: siempre digo que es una bendita maldición o una maldita bendición, como quieras verlo. Y durante doce años tuve la suerte de poder disfrutar del milagro de Izal con unas personas maravillosas.

¿Por qué abandonar algo que tenía tanto éxito?
Yo cada vez entiendo más el éxito como sentirme feliz. Si me lo preguntas hace unos años te hubiera dicho que el éxito era llenar el WiZink Center que, ojo, es algo muy complicado y lo valoro mucho. Pero a mis 41 años, triunfar es ser feliz haciendo lo que hago, tener esa ilusión que me cuesta tanto encontrar.

¿Cómo se siente sin el paraguas de los Izales?
Tiene sus cosas buenas y sus cosas malas [ríe]. Les echo de menos, son las personas con las que compartí doce años de mi vida, seguramente, los mejores. Pero cada vez sentía más la llamada de la selva. Ahora puedo plasmar mis pensamientos, equivocándome o no, de la forma en la que me lo pide el cuerpo.

Su primer álbum en solitario, El miedo y el paraíso, lo compuso en un momento difícil a nivel personal. ¿Qué supuso para usted esa bajada a los infiernos?
El disco lo compuse a principios de 2021, cuando estaba pasando una época de mierda por problemas personales. Me fui a la playa y me puse a escribir sin ninguna pretensión, necesitaba sacar todo lo que llevaba dentro.

¿Como una terapia?
Sí, absolutamente. Poco a poco me di cuenta de que esas canciones me estaban salvando y me estaban regalando el comienzo de mi aventura en solitario. Y el paraíso fue ese, ver que había un horizonte ilusionante.

De hecho, usted habla sin tapujos de la salud mental.
Yo nunca tuve ese tabú. Nunca me pareció raro que alguien fuese a hablar con un profesional de lo que está pasando por su cabeza. Tus colegas son tus colegas y seguro que están muy bien intencionados, pero igual te están dando un consejo de mierda [ríe]. Si estoy preocupado, triste o no sé como afrontar una situación, acudo a un terapeuta. Mis amigos que me den cariño, que me abracen y que me apoyen si la cago. Tan sencillo como eso.

Y le han recomendando no mirar las redes. ¿Cómo lleva eso siendo artista?
Pues muy mal, mi terapeuta me riñe mucho. Es cierto que debería reducir el uso del móvil, pero lo que estoy consiguiendo es dejar de rebuscar en la basura. Antes, cuando me anunciaban en un festival, enseguida entraba en la publicación para ver los comentarios. Y ya te puedes imaginar: la mitad decía que le encantaba y la otra, que no me soportaba [ríe].

Se presenta en solitario ante el público gallego, ¿qué le gustaría transmitirles en la actuación?
Están siendo actuaciones muy emocionantes. Intento hacer una experiencia más allá de lo musical porque todos hemos ido ya a muchos conciertos. Quería algo diferente, contar una historia. Y creo que estoy consiguiendo tocar las fibras de la gente.

Y como buen surfer, no se perderá unas buenas olas en A Coruña...
¡Ojalá! Siempre que actúo cerca del mar miro el parte de olas. Además, fue en la playa de Razo en la que me bauticé como surfer. Es una actividad que me sirve de desconexión total y un baño por allí siempre está bien.

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