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Árboles testigos del tiempo

El naturalista Ignacio Abella en un tejo en Santa Coloma, Asturias. Efe/Ignacio Abella
El naturalista Ignacio Abella en un tejo en Santa Coloma, Asturias. Efe/Ignacio Abella

El naturalista Ignacio Abella sostiene que en las especies arbóreas se encuentra la historia de la vida "porque dan respuesta a incógnitas de la actualidad"

Los árboles escriben la historia del clima y entre los anillos anuales que se dibujan en el interior de sus troncos hay años de vida que han cincelado los acontecimientos del medio ambiente y del paso de los seres humanos por el planeta Tierra.

El naturalista Ignacio Abella es un estudioso del mundo de los árboles, de los que ha escrito numerosos libros, como La magia de los árboles, El bosque sagrado, Aves familiares, El hombre y la madera, La memoria del bosque y El gran árbol de la humanidad, ya que vive entre ellos desde su infancia, en Urbasa (Navarra).

Abella asegura que en ellos se encuentra la historia de la vida, "porque dan respuestas a tantas incógnitas de la actualidad como son el cambio climático, la sequía o la falta de recursos alimenticios en grandes zonas del planeta".

Para el naturalista, además, históricamente «los árboles han reunido en su entorno a los seres humanos para deliberar, para nacer o para morir, porque las energías que transmiten son reconocidas por todas las civilizaciones y han sido motivo de leyendas, habitáculos de apariciones místicas y receptores de los problemas humanos a los que han sabido dar respuesta y sosiego».

Entre los árboles que Abella destaca "por su importancia y carisma" se encuentra el tejo. "Un árbol, dentro de la especie de las taxacias, que es una familia incluida en el mundo botánico con unas características que no comparte con ningún otro árbol y que la hace diferente al resto".

Entre sus peculiaridades se encuentra el de su asombrosa longevidad, ya que puede vivir 2.000 años e incluso, "a los 2.000 años, cuando ya está en decadencia, puede regenerarse a partir de una raíz y crear otro árbol completamente distinto".

Según Abella, el tejo, "en Asturias especialmente, ha sido el árbol de los cementerios, reuniones, consejos, juntas o de ayuntamientos. En muchos lugares eran considerados como árboles totémicos e identatarios de cada lugar".

Entre sus peculiaridades se encuentra el de su asombrosa longevidad, ya que puede vivir 2.000 años

"El tejo tiene en su interior un hueco, una especie de capilla en la que se colocaba una pila bautismal, de tal manera que a los niños se les bautizaba en el interior de este árbol. También cuando llegaba la hora de la muerte, había una tradición entre generaciones por la que se iban allí a morir y hundirse casi literalmente entre sus raíces, porque simbolizaba el principio del fin".

En el norte de Europa, los libros mitológicos del siglo XV ya hablan del ygddrasil que tiene una gran presencia entre los vikingos y era donde el dios Odin recibía las runas. Según la mitología nórdica, este árbol sostiene en su copa a los dioses y junto a las raíces, en la tierra, se encuentran los humanos y los reinos subterráneos.

En los países de América y Sudamérica, la ceiba es uno de sus árboles primordiales, cuya leyenda cuenta que a ella se le pedía permiso para pisar su sombra y se le depositaban ofrendas a sus pies.

El ginko biloba es "muy venerado en Japón y cuando cayó la bomba de Hiroshima, el único ser que quedó vivo de toda la ciudad fue este árbol que rebrotó de su raíz al año siguiente y allí sigue plantado casi en el mismo epicentro donde estalló la bomba. En la actualidad, es considerado como símbolo de esperanza y de cordura".

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