La reina Isabel II recibe sepultura en la Cripta Real del Castillo de Windsor

Los reyes de España, Felipe VI y Letizia, se sentaron junto a Juan Carlos I y doña Sofía en el funeral
Misa en la capilla del castillo de Windsor. EUROPA PRESS
photo_camera Misa en la capilla del castillo de Windsor. EUROPA PRESS

La reina Isabel II de Inglaterra ha sido enterrada en la Cripta Real de la Capilla de San Jorge del Castillo de Windsor, en Londres, tras el tercer y último oficio de la jornada al que han asistido sus más familiares más cercanos. "La reina ha sido enterrada junto al duque de Edimburgo en la Capilla Monumento del Rey Jorge VI", ha informado la Familia Real británica en un comunicado oficial. 

El último acto de una intensa jornada ha estado vetado a la prensa, por lo que apenas han trascendido detalles sobre cómo se han colocado los restos de la reina junto a los de su esposo, Felipe, fallecido en 2021 a los 99 años de edad. Sí se sabe que ha oficiado la ceremonia el deán de Windsor. 

Felipe fue enterrado en un lugar provisional a la espera de que los restos de ambos reposaran juntos tras el fallecimiento de Isabel II, quien murió el pasado 8 de septiembre en el Castillo de Balmoral, en Escocia. 

El funeral de Isabel II brinda un adiós majestuoso a la reina de reinas

En una ceremonia de otro tiempo, de solemnidad sobrecogedora, la reina Isabel II recibió este lunes un último adiós que devuelve todo su sentido al apelativo de majestuoso y evidencia que nadie maneja mejor los ritos y la pompa que la monarquía británica.

El funeral de Estado en la abadía de Westminster por Isabel II, fallecida el 8 de septiembre, puso el broche a diez días de luto nacional con una puesta en escena sin par en el mundo.

Si la monarquía no solo sobrevive en el Reino Unido del siglo XXI, sino que parece prosperar, se debe en buena medida a su maestría para mantener vivos símbolos que parecen remontarse a la noche de los tiempos, por mucho que en algunos casos apenas daten de hace unas décadas. 

El ritual, que pide dejar aparcado el análisis racional para dar rienda suelta a la fascinación, estuvo a la altura de la relevancia histórica de Isabel.

El féretro recubierto con el estandarte real salió como estaba estipulado a las 10.44 (09.44 GMT) del Palacio de Westminster, sede de la soberanía popular, para recorrer los cientos de metros que lo separan de la abadía del mismo nombre.

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Carlos III, junto al féretro de Isabel II. DANNY LAWSON

Allí, en el mismo lugar donde la reina contrajo matrimonio con el príncipe Felipe y donde fue coronada en 1953, lo esperaban dos millares de invitados, entre ellos decenas de jefes de Estado, como el rey de España, Felipe VI, o los presidentes de Estados Unidos, Joe Biden, y Francia, Emmanuel Macron.

Arrastrada con cuerdas por 142 miembros de la Marina Real, una cureña (carro de cañón) transportó los restos mortales, seguida por miembros de la familia real, a la cabeza de los cuales se hallaba un emocionado rey Carlos III.

Pese a que la Commonwealth (vestigio de la era colonial cuya desaparición presenció la reina) atraviesa por momentos complicados, eso no impidió que jinetes de Policía Montada del Canadá abriesen el cortejo fúnebre.

Tras ellos, ataviados con parafernalia tan característica como los sombreros de piel de oso de la Guardia Real, diferentes cuerpos militares desfilaron al son de las gaitas de regimientos escoceses e irlandeses.

Una tarjeta escrita a mano sobresalía encima del féretro, entre la corona imperial, el orbe real y el cetro de oro: "En memoria amorosa y devota". Firmado: "Charles R", el primogénito de la difunta y nuevo soberano, Carlos III.

Con los invitados -entre ellos 200 miembros de la sociedad civil reconocidos por sus obras por la reina- ya instalados, el féretro fue introducido en el templo a las once en punto (10.00 GMT) para que el coro de la abadía lo recibiese con el canto "Yo soy la resurrección y la vida", que ha sonado en cada funeral de Estado desde el siglo XVIII.

Tras el recibimiento por el deán de Westminster, David Hoyle, y la lectura del Evangelio según San Juan por la primera ministra, Liz Truss, el arzobispo de Canterbury, Justin Welby, pronunció un sermón en el que destacó la vocación de servicio de Isabel II. 

"Su difunta Majestad, como es bien sabido, declaró en su discurso de su 21 cumpleaños que toda su vida estaría dedicada a servir a la nación y a la Commonwealth. Rara vez se ha cumplido tan bien una promesa", dijo.

En medio de una solemnidad absoluta, apenas las indicaciones que el príncipe heredero, Guillermo, hacía a su hijo Jorge, de 9 años, quebraban una ceremonia concebida para subrayar la inmutabilidad de la Corona. Y qué mejor forma de encarnar esa inmutabilidad que perdurando en el tiempo, que es precisamente lo que hizo Isabel en 70 años como reina.

El himno nacional Dios salve al rey, adaptado a su nueva letra tras la muerte de la reina, selló el funeral y, de alguna forma, toda una época.

Con dos minutos de silencio seguidos en todo el país y un lamento interpretado por un gaitero escocés, petición expresa de Isabel II, culminó un rito coreografiado para quedar inscrito en la historia. 

El cortejo fúnebre partió poco después del mediodía hacia el castillo de Windsor, donde Isabel II será enterrada junto a su marido, fallecido el año pasado a los 99 años.

Los británicos demostraron su devoción por la monarca echándose en masa a las calles del centro de la capital, hasta el punto de obligar a las autoridades a cerrar el acceso a los lugares desde los que se podía ver la procesión poco después de las 09.00 (08.00 GMT).

Pese al gentío, el silencio se adueñó de las calles al paso de la comitiva. Tras pasar por delante del Palacio de Buckingham por última vez, el cuerpo de Isabel II fue trasladado a Windsor, donde reposará para siempre. 

Misa en la capilla del castillo de Windsor

El deán de Windsor, David Commer, ofició la misa en la capilla de San Jorge, emplazamiento habitual de bautizos, bodas y funerales de la realeza británica. 

Los restos mortales de la reina Isabel II fueron enterrados en la cripta real, junto a los de su esposo, Felipe, el duque de Edimburgo, informó la Familia Real en su página web.

"La reina fue enterrada junto al duque de Edimburgo, en la capilla memorial del rey Jorge VI", señaló el mensaje.

Los miembros más cercanos de la familia real británica asistieron a una ceremonia a puerta cerrada en la que dieron su último adiós a la soberana, que ha ocupado el trono británico durante las últimas siete décadas. 

La losa de mármol sobre la sepultura de la reina quedó grabada con las palabras: "Elizabeth II: 1926-2022". 

Los Reyes, juntos

Los reyes de España, Felipe VI y Letizia, estuvieron sentados junto a los eméritos, Juan Carlos y Sofía, en el funeral de Isabel II en la abadía de Westminster, en Londres, la primera imagen conjunta de los cuatro desde 2020.

Al funeral han acudido también presidentes, reyes, príncipes, primeros ministros, embajadores e invitados especiales, para rendir tributo a Isabel II, que reinó durante setenta años.

Londres, colapsado

Las calles del centro de Londres despertaron este lunes bloqueadas ante las excepcionales medidas de seguridad y la masiva afluencia de gente que quiere dar su último adiós a la reina Isabel II tras su funeral de Estado.

Desde antes del amanecer, los autobuses han interrumpido sus rutas habituales, sin posibilidad de llegar al corazón de la capital, mientras al menos tres estaciones de metro están cerradas: Westminster, Saint James' y Hyde Park Corner.

Los coches privados apenas circulan por Londres, donde además la actividad es muy reducida ya que el día ha sido declarado festivo por las autoridades.

El Gobierno ha invitado a todos los ciudadanos que lo deseen a acercarse a la ruta que seguirá el cortejo fúnebre de Isabel II tras el funeral, previsto para las 11.00 hora local (10.00 GMT), aunque también ha advertido de que los desplazamientos dentro de Londres serán muy complicados.

Todas las áreas reservadas para que el público pudiera ver la procesión después del funeral ya están a pleno. Los vagones del metro aparecen desde primera hora llenos de gente que quieren rendir homenaje a la monarca, muchos de ellos con ramos de flores en sus manos y algunos vestidos de luto riguroso.