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Almorranas

Las portadas censuradas del rock son tan sorprendentes como la erudición de Gerardo Fernández Albor

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Sábado
El titular favorito del periodismo musical español mereció la portada del extinto suplemento La Luna de El Mundo. Su autor fue el sin par José Manuel Gómez, también conocido a los platos como Gufy, y los protagonistas del reportaje, Camela. Ahí va: "Sábado sabadete, fin de semana y casete".

Lunes
El viajante de toda la vida ahora es el responsable de zona.

Miércoles
La palabra masoquismo deriva de Leopold von Sacher Masoch. La baronesa Marianne Faithfull es su tataranieta.

Viernes
En el bus, un chófer le dice a otro: "Como veo de qué pie cojeas, ahora te voy a poner a cojear del otro lado".

Domingo
Hace tiempo que quiero escribir sobre los vecinos. Sobre los vecinos, en general, pero luego se me quitan las ganas, en particular.

Lunes
El que más llora no es el que más sufre.

Miércoles
Artistas y medios de transporte: hace tiempo contaba que conocí al locutor Juan de Pablos en un viaje en coche a Murcia; apretujados en la parte de atrás, habló largo y tendido sobre actrices del cine en blanco y negro. Daría para una serie: conocí a Xabier Valiño en un avión, cuando se documentaba para su tesis doctoral, que terminaría convirtiéndose en libro. En 2011, Milenio publicaría Veneno en dosis camufladas. La censura en los discos de pop rock durante el franquismo, al que seguiría, cinco años después, La cara oculta de la Luna. Las 50 portadas esenciales del rock. Yo era lector suyo, pero nunca había coincidido con él, hasta que nos juntaron dos asientos y una conversación. Solo nos vimos una vez, aunque él voló frecuentemente durante aquel tiempo para visitar el Archivo General de la Administración, en Alcalá de Henares, para documentarse sobre las portadas amputadas por el franquismo. Recuerdo también que, años antes, entrevisté a Luz Casal en un taxi, camino de la estación de Atocha. Habíamos quedado en la discográfica, perdida de la mano de Dios, pero todo se fue retrasando, hasta que no quedó otra que sacar la grabadora en el coche. Hay más anécdotas sobre ruedas, aunque también otros días para contarlas.

Jueves
Me gustan los fantasistas que escriben de deportes para quienes no nos gustan los deportes: Ander Izagirre, Juan Tallón, David Álvarez, Manuel Jabois, Carlos Arribas, Rafa Cabeleira y otros de los que ahora no me acuerdo.

Domingo
El otro día me envié un recordatorio para escribir sobre negocios chinos y sobre Chicharrón. De la banda gallega, una de mis debilidades, podría escribir mil cosas, pero de los negocios chinos… En fin.

Lunes
Con esto de los móviles y las redes sociales, todos somos modelos: basta meter barriga y sacar morro.

Martes
Y pensar que había gente de mixtas: matemáticas y latín. O precisamente por eso.

Jueves
No recuerdo dónde leí que Montaigne tenía almorranas, qué sé yo. Ahora los anuncios publicitarios se refieren a ellas como hemorroides, cuyo patrón, el de los enfermos que las padecen, es San Fiacro. En el primer tomo de Temas de coloproctología, de Javier Lentini, escrito a varias manos y publicado por Fontalba en 1982, se habla de la cosa en profundidad. Uno de los textos, Historia sucinta de la proctología, lo firma Gerardo Fernández Albor, que a algunos les sonará por haber sido el primer presidente de la Xunta de Galicia. Contaba el entonces director del Policlínico La Rosaleda que Fiacro no quiso heredar el reino de Escocia, en manos de su padre, Eugenio IV, y prefirió vivir como un ermitaño en la diócesis francesa de Meaux, hoy Saint Fiacre. También le dio nombre a la citada dolencia, el mal de san Fiacro, y a las propias inflamaciones, los higos de San Fiacro. 

No siempre hay que fiarse de la letra escrita: otras fuentes hablan de un Fiacro irlandés, morador de un ermita en Kilkenny, que abrumado por su fama sanadora buscó refugio y soledad en Francia. Fiacro, también patrón de hortelanos, jardineros, cocheros y taxistas, se hizo con una gran y fértil extensión de terreno, lo que despertó las envidias de los vecinos, que le fueron al cura con el asunto —el obispo Farón, para más señas, luego también santo—. Este lo puso a prueba ordenándole que esperase el juicio divino frente a la iglesia, sentado en una piedra, que de tanto esperar cedió y dejó la huella de sus posaderas.

El resto de la historia es fácilmente imaginable: la gente comenzó a peregrinar hasta allí para sentarse en el mojón "pudorosamente sin desnudarse ni levantarse sus vestidos", según narra Toussaint du Plessis en Histoire de L'Eglise de Meaux, y menos mal. "Hoy ha descendido el culto a san Fiacro, quizá porque las hemorroides se operan mejor", razonaba entonces Fernández Albor, a la sazón medalla de oro de la Sociedad Española de Coloproctología. Por cierto, la profesión de proctólogo viene de lejos. Según Heródoto, en el antiguo Egipto eran llamados los oculistas y guardianes del ano del faraón.

Por cierto, yo no tengo almorranas, pero sí otras cosas, a lo mejor peores.

Miércoles
Siempre he deseado titular un artículo sobre Battiato así: ¡FRANCO, FRANCO, FRANCO!

Viernes
No le daba miedo estar sola. Le daba miedo estar.

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