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Antonio Costa: "La relación entre Mogor y Creta nació de una falsedad documental"

Antonio Costa, en la plaza de A Ferrería de Pontevedra, donde reside
Antonio Costa, en la plaza de A Ferrería de Pontevedra, donde reside
Este arqueólogo e historiador es experto en arte rupestre y quiere remover los cimientos que sustentan las teorías existentes en torno a los petroglifos de Mogor

A ANTONIO COSTA se le nota la pasión de quien se siente vivo haciendo su trabajo, aunque ya esté disfrutando de la jubilación. Fue miembro de la sección arqueológica del Instituto de Estudos Galegos Pai Sarmiento, prospector en toda la zona de O Morrazo en la década de los setenta, corresponsal del Museo de Pontevedra en Moaña, de donde es natural, presidente de la Irmandade da Illa do Tambo y, ahora, dedica sus horas a la reconstrucción en 3D de todos los petroglifos que se cruzan en su camino. Uno de ellos fue el de Mogor, considerado hasta ahora un laberinto imitador de los que había en Creta y que fueron descubiertos en una moneda en el Museo Británico, una explicación que a Antonio Rico, que se considera "iconoclasta" y a quien desde pequeño le enseñaron "a cuestionarme todo", no le convence, en lo que respecta a una de las piedras, la de ‘A Moura Encantada’, sobre la que debate este viernes en el Manuel Torres.

¿Qué le hace pensar que los orígenes que se asocian con los petroglifos de Mogor pueden estar equivocados?
Hace unos años encontré un dibujo de un ilustrador pontevedrés, Enrique Campo Sobrino, que había trabajado para la Sociedad Arqueológica de Pontevedra. El dibujo databa de 1907 y en él se detallaba el nombre de la piedra de Mogor, ‘A Pedra da Moura Encantada’. Eso fue lo que me puso en alerta. Por el nombre, era lógico pensar que la piedra tendría alguna relación con este personaje mitológico. Cuenta la leyenda que la moura aparecía ofreciendo joyas. Aquel que quisiera poseerlas debía primero desencantar a la moura, pero cuando lo intentaba aparecía la figura de una serpiente, que asustaba al que se atrevía a hacerse con las alhajas. Sabiendo esto sólo hace falta observar la piedra con nuevos ojos y uno se percata de que tiene un bajo relieve que crea el contorno de una serpiente.


"A Pedra da Moura es como el dibujo del sombrero del Principito. Todos vieron el laberinto, pero nadie vio la serpiente"
 


Son cien años los que lleva vigente la teoría que ahora usted quiere replantear, ¿es posible que nadie se fijara en ese trazo del que habla?
Al petroglifo de Mogor le pasa como al dibujo del sombrero del Principito, que en realidad es una boa que se ha comido a un elefante. En este caso, todos vieron el laberinto pero nadie vio la serpiente. Pero es que, además de esto, hay cosas que ya chocan desde el principio. Es raro que uno quiera relacionar una figura de Mogor con una de Creta, cuando esta última es 2.000 años más reciente. Como mucho esa influencia se daría a la inversa.

Pero si los grabados son iguales, puede parecer lógica la asociación entre las figuras.
El problema es que no lo son, esta teoría está sustentada sobre una falsedad documental. Lo que se hizo para que ambas piezas parecieran iguales fue pintar un trazo en la piedra de Mogor que antes no existía. Se tergiversaron las pruebas y hace cien años era normal que la arqueología, que todavía estaba medio en pañales, no reparase en ello. Pero desde los años cincuenta alguien debía haberse dado cuenta, lo que ocurre es que nadie hasta ahora lo cuestionó.


"Todo el arte rupestre de la Península fue declarado Patrimonio de la Humanidad menos el de aquí"


¿Es el único resto arqueológico en la zona con esta interpretación?
No, no lo es. Esta mitología está asociada a ritos de fertilidad, la serpiente es un símbolo de masculinidad y hace 50 años, junto a la Escuela Naval, se recogió una leyenda que contaban los habitantes de la zona sobre otra piedra que había allí, conocida como ‘Pedra dos namorados’, a la que iban las parejas que no podían tener hijos para hacer el coito. En ella había una serpiente grabada. Es una leyenda perfectamente atribuible a la ‘Pedra da Moura Encantada’. Ambas son de la misma época; estamos hablando de hace 4.500 años. Y bueno, a mayores de esta leyenda, no podemos olvidar que los petroglifos de Mogor no son los únicos que hay en Marín. Debe de haber cerca de 50, si no más, pero están abandonados y completamente olvidados.

¿Cuál es la razón de ese abandono del que habla?
Que las instituciones no tienen ningún interés en cuidar nuestro patrimonio. Es la Xunta de Galicia la que está obligada a protegerlo, pero no le da la gana, no quieren que nuestra historia se conserve, porque si tienes todos los medios y recursos para cuidar algo y no lo haces es que no quieres que perviva. Ya lo dijo en una ocasión un concejal de Marín: ‘As pedras son pedras’. Esa es la filosofía y lo que ha provocado que con todo lo que tenemos aquí los únicos petroglifos conocidos sean los de Mogor. Por eso se creó la plataforma SOS Arte Rupestre, a la que nos hemos sumado un montón de colectivos que creemos que es imprescindible conservarlo y solicitar la declaración de Patrimonio de la Humanidad, porque tiene delito que todo el arte rupestre de la Península Ibérica tenga ese distintivo menos el de Galicia. El arte levantino, la cornisa cantábrica, el valle del Duero.. todos cuentan con esa protección de la Unesco, pero en Galicia no se ha dado ningún paso para que esto se consiga.

Este viernes está en el Manuel Torres poniendo estas ideas sobre la mesa, ¿cómo resumir todo esto?

Me centraré [la entrevista fue realizada este jueves] en explicar por qué las cosas se hicieron mal desde el inicio y qué nos ha llevado a la situación actual, que tiene unos claros culpables, que no han potenciado el patrimonio marinense.

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