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Arcos da Condesa, el taller de sonidos

José Enrique López Ocampo durante el proceso de fabricación en el horno de secado situado en su taller
José Enrique López Ocampo durante el proceso de fabricación en el horno de secado situado en su taller
José Enrique López Ocampo es el último eslabón de una cadena de artesanos cuyo origen se remonta al año 1630. Son los fabricantes de campanas. Dejar que el tiempo realice su labor y seguir las enseñanzas de sus antepasados son las claves que le permiten mantener el prestigio ganado a lo largo de los siglos

"Aprendín xogando", afirma José Enrique López Ocampo, de 37 años. En Arcos da Condesa (Caldas de Reis) lo conocen por el sobrenombre de Chicho y es el representante de una saga de fabricantes de campanas cuyos inicios se remontan al siglo XVII. No hay referencias en Galicia de artesanos que se dedicasen a este oficio antes de que Feliciano Blanco Ocampo comenzase a trabajar, en 1630, en el lugar de Ameal. Desde entonces, el taller tuvo tres emplazamientos diferentes.

La fundición de campanas fue durante varios siglos obra de monjes y obreros especializados que trasmitieron los secretos de su oficio de generación en generación. Como sucedió con otros oficios, como la cantería, el poder transformador adquirido por la acumulación de sabiduría y experiencia hizo que formasen grupos restringidos o gremios.

No fue hasta el siglo VII cuando comenzaron a utilizar el bronce con una aleación de estaño. Antes eran de hierro revestidas de cobre. Hubo un tiempo en el que la fabricación se realizaba en las proximidades de los monasterios y en la Alta Edad Media el proceso pasó a realizarse de forma itinerante. Los fundidores recorrían las poblaciones asentado sus obradores provisionales, que abandonaban una vez realizados los encargos.

Llegaron siguiendo la cornisa cantábrica. "Al igual que otros fundidores gallegos que comienzan sus actividades por esta época, es posible que adquiriese su arte de los numerosos fundidores francesa que, como Francisco Bordos, de Toulousse, recorrían Galicia colaborando con otros artesanos foráneos, como Antonio Solano de la Maza, Pedro Simón de Ama o Simón de la Cuesta", indica Xerardo das Airas Valsa en su trabajo ‘De campanas y campaneiros’.

"Estamos seguros do que facemos e nunca nos fallou ningunha. Outras rachan, ou non soan, porque as aleacións non son puras"

CUATRO SIGLOS. Cuatro siglos después, las características del taller y el proceso de fabricación son, en sus pasos fundamentales, los mismos de entonces. Chico explica que el primer paso, y el más laborioso, es hacer tres moldes superpuestos con barro, reforzado con estopa y alambre, que se separan después de su cocido y se retira el de en medio, cuyo hueco se rellena con la aleación de bronce.

Las proporciones de los componentes empleados en la aleación deben realizarse correctamente, porque un exceso de cobre provocaría la cristalización de la campana, que se rompería al recibir los golpes del badajo, mientras que si el estaño utilizado es insuficiente, no será correcta su sonoridad.

A continuación, lo introducen en el horno, de tiro natural y alimentad por leña, recubierto con varias capas de tierra. De este modo, el metal se enfría lentamente y alcanza el temple necesario para que no se rompa.

La fabricación se realiza cuando tiene varias campanas encargadas y el tiempo que necesita varía en función de la estación del año, porque el secado debe ser natural, aunque también emplea el fuego, de ahí que fluctúe entre dos y tres meses. Su duración oscila en torno a 200 años, aunque Chico agrega que una que fabricaron en el año 1640 sigue sonando.

Las campanas son más gruesas en su parte superior que en el centro, donde los golpes generan un desgaste que puede reducirlo de diez centímetros a cinco. "Cando algún se pon pesado, pregúntolle cantos anos de garantía lle dan polo coche e eu doulle o dobre", comenta Chicho en tono humorístico. "Nunca fallou ningunha. Estamos seguros do que facemos", añade el artesano caldense.

SONIDO. Para determinar el sonido de la campana mide su circunferencia con un compás y utiliza unas plantillas que le permiten establecer la proporción adecuada entre la altura y el peso. "É a miña pedra filosofal", subraya. "Afinar o molde", se llama esta labor.

"Non se pode obrigar a ninguén a seguir nisto. Á milla filla direille que faga o que queira, porque a min dixéronme o mesmo"

Así, cuando la campana sale del horno y seca, el trabajo está terminado, mientras que en las fábricas donde la producción se realiza por métodos industriales rebajan su espesor hasta lograr el sonido adecuado.

Actualmente, llegan desde Portugal, procedentes de China y otros países, indica Chicho. Son más baratas que las de Arcos da Condesa, reconoce, pero más de una vez se encontró ante clientes que rechazaron su presupuesto y regresaron un año después a realizar el encargo porque no sonaban correctamente las que habían comprado. Sucedió con la de Ortigueira, que pesa 1.200 kilos. "Outras rachan porque as aleacións non son puras", precisa.

El trabajo que realiza no se reduce a la fabricación. La instalación es cosa suya y se trata de una labor muy específica que requiere de experiencia, además de contar con las herramientas necesarias y la experiencia precisa para saber moverse en espacios muy reducidos como son los campanarios. La renovación de la madera y los anclajes sobre los que está sujeta también figura en su agenda.

La instalación de una nueva campana constituyó todo un acontecimiento en algunas iglesias, en las que se celebró con bendiciones, gaiteros y pulpo, mientras que, en otras, fue el único testigo el sacristán de la parroquia que las toca y se encarga de realizar una prueba para comprobar su sonido.

En Arcos da Condesa fue elaborada una campana de 2,3 toneladas que encuentra en la Catedral de la Almudena de Madrid. Es la de mayor peso y volumen de cuantas fabricaron. Aexén (Salvaterra do Miño) y Galdós (Viveiro) son los destinos de las dos que están en proceso de fabricación.

"Non me vou romper a cabeza. Non se pode obrigar a niguén", responde a la pregunta de si tendrá continuidad la saga de campaneiros. Chicho trabaja en este oficio desde hace más de veinte años y tiene una hija. "Direille que faga o que queira, porque a min dixéronme o mesmo", añade.

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