«A auga vén toda do saneamento da estrada»

La rampa de acceso, sobre estas líneas; los sumideros de la misma, manando agua, a la derecha, arriba, y el almacén empezando a inundarse, en el centro y abajo, derecha. r. fariña
photo_camera La rampa de acceso, sobre estas líneas; los sumideros de la misma, manando agua, a la derecha, arriba, y el almacén empezando a inundarse, en el centro y abajo, derecha. r. fariña

PONTE CALDELAS. El interés general no siempre coincide con el particular, y, a veces, aunque no lo parezca, la excepción no es fruto del egoísmo, sino de la lógica.

Ese puede ser el problema en la nave del taller Import Carlos, en Ponte Caldelas, que se ubica al pie de la recién renovada carretera que une este municipio con A Lama. La obra mejoró sustancialmente las condiciones de conducción para todos los pasajeros y también se aprovechó la ocasión para abordar una profunda renovación de los servicios en la zona. Pero en este taller se encontraron hace un par de días con que sus peores temores se cumplen: el proyecto no contemplaba una diferencia de rasante entre la carretera, el alcantarillado y la rampa de entrada a la construcción auxiliar en la que almacenan coches, especialmente para su restauración y su puesta en el mercado de vehículos clásicos.

El primer capítulo del que parece ser un problema que se repetirá en el tiempo hasta que alguien adopte soluciones se produjo el pasado día 24. En pleno aguacero del temporal Dirk, el alcantarillado empezó a manar agua y en cuestión de horas se acumuló más de un metro de líquido en la primera planta de la estructura, una edificación de tres plantas, todavía sin cerramientos.

«A auga vén toda do saneamento da estrada. En esta planta temos coches, máis de 20, almacenados para poder ir restaurándoos cando temos tempo. É un investimento. Son algo máis ca coches de desguace. Son coches que despois vendemos como clásicos e é moi importante que non se deterioren máis, pois en caso contrario leva moito máis custe económico arranxalos», explicó el propietario, Carlos Cordeiro.

Pero, una vez desaguado todo lo almacenado por culpa del Dirk, los propietarios se encontraron ayer por la tarde con que los sumideros volvían a manar agua, en este caso sin temporal de por medio. «De feito, non choveu case nada», afirma Cordeiro.

«O peor de todo non é que pararamos a obra dúas veces para que nos fixeran caso, nin que os tiveramos que denunciar con avogados particulares porque non nos informaron nin estabamos de acordo ca expropiación. O peor é que agora, cando veñen os problemas, ninguén nos fai caso. O alcalde e os do Concello, que non saían da porta para que deixaramos actuar e facer a obra, agora dinnos que non é cousa deles e que non poden facer nada», lamenta.

Hasta el momento, el único representante del Concello que se ha acercado por el lugar es el teniente de alcalde, que les indicó que la carretera depende de la Administración autonómica y no de las brigadas municipales. El empresario sostiene que, si no se arregla, el asunto acabará, de nuevo «en mans dun avogado».