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Cita de las víctimas en el Pazo Baión

"Soy feliz, doy mil gracias a quienes lo hicieron posible y quiero transmitírselo desde aquí, desde el Pazo Baión, a mi hijo". Dora Carrera luchó por su vástago durante 24 años. "Se me murió, pero sigo luchando por los hijos de las demás", aclara de inmediato. Esta porriñesa es una de las promotoras de la asociación de ayuda al toxicómano Érguete.

Ayer charlaba con su vecina Josefa Rodríguez, que también tuvo un hijo esclavizado por la heroína y, como ella, se rebeló contra el destino. Ambas brindaron por la victoria en la bodega del pazo.

Para conseguirla, tuvieron que vender rifas para financiar las actividades de la asociación, cuando muy pocos creían en ellas, viajaron a Madrid para asistir al juicio de la Operación Nécora, celebrado en la Casa de Campo, y se concentraron ante el edificio judicial de Vilagarcía para encararse con Laureano Oubiña.

Ambas fueron protagonistas de la acción con mayor carga emocional y simbólica de las que llevaron a cabo las madres: encaramarse al portalón de entrada de la Granxa de Fontán, tratando de acceder al Pazo Baión. Sucedió en diciembre de 1994.

 

 

"Pasar este portal es la alegría más grande del mundo", responde Dolores Molanes. Viene desde Cangas. "Éramos muchas", puntualiza. "Tenía el pelo negro cuando empecé a luchar", dice mostrando un cabello de color ceniza a sus 67 años. Tampoco dejó de hacerlo después de haber enterrado a su chaval.

Mientras sonaba una pieza de jazz, le sorprendieron las imágenes proyectadas en una pantalla gigante que evocan un combate que iniciaron solas, reivindicando dureza con los narcotraficantes y ayuda a las víctimas, para acabar arrastrando a la sociedad. Ella estaba allí, gritando con rabia y reclamando justicia: "Era una chavala entonces", apunta.

Para Maruja Aragunde, el año 1994 quedará grabado para siempre en su memoria, porque además de concentrarse ante el portal del pazo, ese año murió su hijo. Ahora lucha para salvar a otro que sigue el mismo camino. "Me arruinaron la vida y a los hijos, y para mi fue una victoria entrar", dice esta cambadesa. "Me pasé el acto llorando y me pasó lo mismo cuando vi la película en Vilagarcía", expone en referencia a ‘Heroína’, un trabajo que repasa la experiencia de la líder del movimiento: Carmen Avendaño.

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