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Empezó la semana el martes, en la gala de los Premios Pontevedreses que entrega este periódico. Todos muy merecidos. Yo me pegué como una lapa a gente lúcida, primero a José de Cora y luego a Xabi Fortes. La idea era comprobar si el talento es contagioso y alguno de ellos me pegaba algo del suyo. No funcionó en absoluto, como está usted comprobando. Así que, avanzando la noche hasta que el servicio de catering se clausuró, me dediqué a lo que nos dedicamos los escritores sobrevalorados cuando queremos llamar la atención de gente importante: ir por las mesas bebiendo todas las copas de vino que la gente había abandonado a medias y prometer la presidencia del PP local a todos los que se pusieron delante. A Jacobo Moreira, a los hermanos Pedrosa, a Lupe Murillo y a unos quince más, incluido Miguel Anxo Lores. El único que aceptó sin reservas fue Moreira. Al día siguiente me dijo mi señora que se había avergonzado de mí, algo que por otra parte sucede desde que me conoce. Y a mí me dolía la cabeza, como cuando tengo resaca o un tumor cerebral. 
Así se llegó al jueves, momento en que reaparecí en la escena pública durante la inauguración de la exposición ‘[email protected] e visibles’, que usted irá a ver a la plaza de Ourense. Un magnífico trabajo comisariado por Daniel Diéguez con colaboraciones de un montón de artistas gráficos. Ojo con Daniel Diéguez, que está llamado a convertirse en una de las principales referencias culturales de esta ciudad y viene representando como nadie nuestra vanguardia artística. Al tiempo. Bajo las ilustraciones, completan la muestra frases de escritores y periodistas de Pontevedra. La exposición se enmarca en la celebración del Boavila Pride, unas jornadas dedicadas a la promoción y la visibilidad de los colectivos LGTB. A alguna gente, no mucha, le ha molestado, lo que no deja de explicar que estas cosas sigan siendo necesarias. Lo serán hasta que llegue el día en que no molesten a nadie. También es verdad que se ha avanzado considerablemente. Hace diez años hubiera ardido Pontevedra si a alguien le hubiera dado por poner, frente a los jardines de Casto Sampedro, junto a las escaleras de San Francisco, una imagen de dos hombres besándose. Hoy simplemente incomoda a algunos, esos que dicen: “Pues yo soy heterosexual y no voy por ahí alardeando ni necesito montar fiestas del orgullo heterosexual”. No, qué va. Tú estás metido en un armario porque hay gente que te pega una paliza por ser heterosexual y si te ligas a una moza de buen ver la escondes para que nadie te vea paseando por Pontevedra de la mano con ella. Falso, que eres un falso. Si quieres montar una fiesta del orgullo heterosexual, pues vas y la montas, que nadie te lo impide. De hecho, todas las fiestas que montas son precisamente fiestas del orgullo heterosexual. Reconócelo, que lo mejor que puedes hacer por ti mismo es aceptarte tal como eres. 
Así, algunos pocos bichos raros se escandalizan y tapan los ojos a sus hijos cuando pasan frente a la exposición, pero lo que más se está viendo estos días por la plaza de Ourense es gente normal que se detiene a ver la exposición y la comenta sin prejuicios, familias enteras que se la encuentran por casualidad y admiran la obra artística o reflexionan sobre alguna de las frases y luego siguen su camino. Señoras y señores que salen de misa y sonríen ante el Asterix gay de Kiko da Silva. Que ven la exposición con el mismo interés y curiosidad con la que ven cualquier otra. Y eso demuestra que las décadas de lucha de estos colectivos reclamando sus derechos han servido de mucho, y que hacen bien en no bajar la guardia. Ha muerto gente por el camino y muchos miles de personas han sido pisoteadas, humilladas y culpabilizadas y lo son todavía, así que hacen perfectamente bien en celebrar lo que les de la gana y en celebrarlo como quieran y más cuando nos llenan las plazas de color y de alegría e invitan a todo el mundo a sumarse a su fiesta. 
El caso es que durante estos días se celebran en la ciudad unas jornadas lúdicas y culturales en las que se ha involucrado un montón de gente, empezando por los hosteleros, que no son muy de preguntar la condición sexual de sus clientes. Son más bien de preguntar qué quieren tomar. Gente práctica.

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