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El baltarismo se tambalea en Lugo

La investigación de la jueza de Lara sobre la financiación ilegal del PP de Ourense pone al clan ante su momento más crítico, fruto de las acusaciones del exgerente contra la familia Baltar

 

El veto de Baltar I a que Feijóo encabezase la candidatura del PP de Ourense en las autonómicas del 2005 ha evitado que el presidente de la Xunta apareciese nueve años después en la investigación de Pokemon, en la parte de la presunta financiación ilegal de los populares orensanos. La jueza de Lugo Pilar de Lara ordenó la semana pasada recabar las posibles facturas emitidas a nombre de 24 cargos del PP, uno ya fallecido. Entre ellos están los 14 primeros candidatos de las municipales del 2007 en Ourense ciudad y los seis primeros de las autonómicas del 2005, tramo en el que se habría hallado Feijóo si la negativa de Baltar I no hubiese obligado a Fraga a mandarlo a Pontevedra.

La relación de nombres incluye los de Baltar I, que ya está imputado, a Baltar II y a dos de sus compañeros del encierro del piso del 2003 para presionar a Fraga tras la defenestración de Cuiña, el diputado autónomico Miguel Santalices y el subdelegado del Gobierno en Ourense, Roberto Castro. También hay dirigentes que ya pertenecen al otro sector del PP de Ourense, el de Feijóo, como el diputado Poly Nóvoa o Rodríguez Miranda, secretario xeral de Emigración. No se sabe el motivo exacto ni si las diligencias llegarán algún sitio ni la razón de que sean ellos. Por ejemplo, en la lista autonómica del 2005 la jueza se detuvo en el sexto puesto, justo antes del que ocupaba el gran superviviente Aurelio Miras Portugal, ahora director general de Migraciones del Gobierno central. Es junto a Rajoy y Antonio Gato, alcalde de Monterroso, el único diputado del primer Parlamento gallego en activo.

Lo relevante reside en que la investigación sobre la presunta financiación ilegal de Ourense prosigue, a partir del testimonio del exgerente, Emilio Pascual, que cantó ante la jueza al sentirse atacado por la declaración de Baltar I. Es una denuncia “unipersonal”, como dice Baltar II, pero de la persona que manejaba las cuentas del partido junto con el mismo y el patriarca, conocido por sus famosos fajos de billetes.

El baltarismo vive así su tercer momento crítico desde que en 1990 Baltar I se hizo con la presidencia de la Diputación cuando Victorino Núñez se fue a Santiago. El actual es el más delicado de todos. El primero llegó a partir de la caída de Cuiña en el 2003, cuando el PP de Madrid envió a Feijóo a pilotar la sucesión de Fraga y la familia Baltar sintió el temor de correr la misma suerte que el delfín de Lalín. De ahí surgieron las rebeliones del piso y de la “carne ao caldeiro” del Monte do Gozo, que eran maniobras defensivas, que les funcionaron.

El segundo momento crítico se produjo en diciembre del 2009, cuando Baltar II perdió frente al candidato de Feijóo en la elección de los compromisarios de Ourense ciudad para el congreso de la sucesión de Baltar I al frente del PP provincial. Para blindar la victoria de su hijo el patriarca metió justo después a un centenar de enchufados en la Diputación, por lo que ha sido condenado por un delito de prevaricación continuada.

La tercera crisis, la actual, también viene de ese congreso, porque el denunciante, el exgerente, se enfrentó entonces al clan, que lo despidió antes de su jubilación. Y Baltar I le acusó en Lugo. Fue días después del humillante trago del juicio del verano pasado por los enchufes en la Diputación, de los que culpó a sus subordinados. En Pokémon hizo lo mismo con el exgerente. Abrió así la caja de los truenos, que alcanza a su hijo, porque él era quien, como coordinador orgánico del PP provincial, llevaba el día a día del partido. Esta vez Baltar II no está blindado, como sí sucedía en el juicio de la Diputación, de la que no formaba parte cuando su padre contrató al centenar de enchufados.

Si el exgerente prueba sus acusaciones, el baltarismo puede acabar mal, en un proceso que ya salpica a todo el PP de Ourense, también al sector afín a Feijóo.

La crisis del belén de Begonte y el veto a Candia

La disputa por la candidatura del PP a la presidencia de la Diputación de Lugo comenzó el 5 de diciembre cuando Feijóo inauguró el belén de Begonte. Fue allí donde Raquel Arias, delegada de la Xunta, comunicó a Barreiro, presidente provincial del PP, que quería competir con la candidata de éste, Elena Candia, quien no cuenta con el aval de la dirección gallega del PP. Fue un movimiento para quemarla.

Cuba y la cuestión de nuestros “luso-descendentes”
Temos que celebrar esa nova porque hai 33.000 galegos que viven en Cuba, que teñen familia cubana, fillos cubanos e netos cubanos. Todo o que sexa mellorar o benestar dos galegos é unha boa nova para Galicia. Foi por eles que fumos a Cuba exactamente hai un ano”. La valoración del presidente de la Xunta sobre el inicio del deshielo entre Washington y La Habana resulta reveladora, más allá de su natural satisfacción por la tardía pero muy necesaria apertura de una vía de entendimiento entre la antigua potencia neocolonial americana y el otrora satélite soviético, convertido en una especie de monarquía comunista de origen gallego. Ésta sobrevivió a la caída de su antiguo patrocinador de Moscú de una forma algo semejante a como el régimen de Franco resistió a la desaparición de su protector original, la Alemania nazi. Pero si el general de Ferrol aguantó con su dictadura aproximándose a Estados Unidos, los hijos del emigrante de Láncara se mantuvieron en pie haciendo bandera de su oposición a sus vecinos de la otra orilla del estrecho de la Florida.

Lo interesante de las palabras de Feijóo reside en cómo se refirió a esas 33.222 personas que, según el artículo 3 del Estatuto de Autonomía, tienen la condición política de gallegos. Feijóo dice que son gallegos con familias cubanas, pero en realidad son, casi en su totalidad, cubanos con familia gallega. Según el Instituto Galego de Estatística el 98% nació en el extranjero, en la isla caribeña. Sólo 522 son emigrantes, naturales de Galicia, los últimos exponentes de la enrome corriente que hizo de Cuba el segundo país de destino del éxodo gallego a América, sólo por detrás de Argentina.

En su visita del año pasado Feijóo se llegó a referir al conjunto de los gallegos de Cuba como si fuesen emigrantes, en una confusión frecuente que, si ya resulta inapropiada para el conjunto de América, lo es todavía más en el caso caribeño. El 68% de los gallegos del extranjero no nació en Galicia, pero en Cuba ese porcentaje se aproxima al 100% porque la primera generación está casi extinguida.

En Cuba es donde mejor se ve que necesitamos una palabra equivalente a la de “luso-descendentes”, el término que existe en portugués para referirse a las segundas y terceras generaciones. Tenerla permitiría señalar que existe un innegable vínculo con esos hijos y nietos de la emigración, sin caer en el absurdo exceso de considerar que es como si hubiesen nacido aquí. Por ejemplo, no tiene sentido que puedan votar en Galicia, para lo que hay la vía sueca de limitar el derecho al sufragio a aquellos que en algún momento hayan tenido su residencia en Suecia, lo que elimina a la segunda y tercera generación. Pero esos “galego-descendentes”, como los hermanos Castro, constituyen un notable activo de Galicia en el escenario de la globalización, que debería ser aprovechado con inteligencia.

En Argentina hay 45.773 emigrantes gallegos, nacidos en Galicia. El 90% tiene más de 65 años. Como la actual emigración gallega apenas se dirige a Argentina, en unos años se dará una situación similar a la de Cuba.

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