El día que conocí la viralidad...

La repercusión mediática del vídeo de la agresión de un adolescente a Mariano Rajoy desbordó cualquier previsión. Radios, televisiones, medios digitales... La centralita del Diario de Pontevedra y el teléfono móvil se colapsaron durante 24 horas
Una situación atípica: delante de las cámaras y los micros
photo_camera Una situación atípica: delante de las cámaras y los micros

Iba a ser un acto de campaña más. Otro paseo del líder político de turno (en este caso, Mariano Rajoy) gustándose entre la multitud de simpatizantes que le pararían por la calle, le pedirían hacerse fotos con él y querrían estrechar su mano. Lo que suele ocurrir en todas las elecciones, por lo que la cobertura se antojaba sencilla. "Genial, no tendré problema para estar fuera a las 21.30 y disfrutar de un partido de pádel", pensé, optimista de mí.

El acto transcurría según el guión previsto: mucho político de postín, abrazos, fotos, amplias sonrisas por doquier, fotos, saludos, más fotos, una parada ante el Concello en el que Mariano Rajoy debutó en política, otra foto, ahora un vistazo a la Deputación en la que ejerció de presidente, un selfi... Así hasta llegar a la plaza de A Peregrina. 

La nube de cámaras y fotógrafos, unido al notable cordón de seguridad, hacía imposible acercarse a menos de dos metros de la comitiva, ni siquiera para obtener un simple ‘canutazo’ (unas breves declaraciones), por lo que opté por buscar una posición elevada para grabar un vídeo que dejara constancia del baño de masas en el que se zambullía el candidato. ¿Un vídeo para un periódico? Sí, porque también existe la página web. 

El atrio del Santuario de A Peregrina me pareció la localización óptima, no tanto porque me regalaba una perspectiva envidiable, sino porque allí apenas había gente y gozaría casi en exclusiva de su amplitud. Una tierna señora me reconoce que me copió la ocurrencia: "Es que desde aquí se ve mucho mejor y yo ya no tengo edad para empujones". 

Rajoy y su séquito posan para la foto de rigor ante el emblemático templo y prosiguen hacia el hotel Rías Bajas, destino final de esta ruta a pie. De nuevo, otra parada para tomarse más fotos y recibir más adulaciones. Aproveché la ocasión para grabar un segundo vídeo. "En este sí que se ve bien el mogollón. Vamos a esperar un par de minutos". Apoyé el brazo en la balaustrada de piedra y comencé a grabar mientras charlaba con un amigo al que me acababa de encontrar. 

Pero antes de llegar al minuto todo dio un vuelco. Un brazo por el aire, un ‘plash’ de película, las gafas de Rajoy por el suelo, cuatro guardaespaldas tumbando a un crío de 17 años y una voz en off exclamando 'ostiá'’. Todo en apenas cuatro segundos. "¿Le han tirado un huevo?", preguntaba una despistada mujer. "No, han agredido al presidente. Le han dado un puñetazo".

DESCONCIERTO. Las antorchas de las cámaras de televisión y los flashes histéricos alertan al resto de la multitud de que algo serio ha ocurrido. La asombrosa compostura con la que el presidente reanuda la marcha contrasta con los rostros desencajados de sus acompañantes, todavía atónitos por el atentado que acababan de presenciar.  

"Joder, joder, que le haya dado al rec. Por favor, que le haya dado". Reviso el móvil y !bingo¡ Tengo las imágenes de la agresión. Ante la multitud de reporteros gráficos presentes no dudo un instante en enviarlas a la redacción digital para que las suban a la web. En estos casos, el que mete el primer gol se lleva el partido. "Os paso la agresión a Mariano" "¿Pero qué fue, un empujón?" "Noooo, un leñazo en toda la cara!". 

Con Rajoy camino del coche oficial, la prioridad informativa se la lleva el agresor, ‘recluido’ durante unos minutos en una inmobiliaria hasta que un coche policial se lo llevó a Comisaría. 

De camino a la redacción entra la primera llamada al móvil. Es del programa Más vale tarde, de La Sexta. ¿Cómo habrán conseguido mi número? ¿Tendrá algo que ver que en el plató estuviese mi excompañero Manuel Jabois? Mamen Mendizábal se interesa, en directo, por la secuencia de la agresión, los detalles, la reacción, el agresor... 

A los pocos segundos, una batería de llamadas me retienen a la puerta de la oficina: La Brújula (Onda Cero), Radio Galega, Europa Press, Informativos Cuatro, Antena 3, TVE, El gato al agua (13 TV)... La llamada en espera desespera mientras por la pantalla desfilan números ocultos, de centralita, móviles y fijos de toda España. En ese momento empiezo a reparar en la repercusión mediática del vídeo tras confirmarse que es el único que recoge la histórica agresión. "Pero si había decenas de cámaras, ¿cómo es posible que ninguna grabase el momento? Pues lo fue". 

Tras dos horas al teléfono entro en la redacción y mis compañeros me reciben con un aplauso. "Qué raro -barrunté-. Hasta ahora solo me habían aplaudido cuando les obsequiaba con filloas en Carnaval o con tarta en mi cumpleaños". Me aclaran tanta efusividad: "Tú vídeo está siendo la leche. ¡Enhorabuena!". Alucino. 

Me cuentan que la centralita del periódico fue un hervidero desde el primer momento en que anunciamos vía Twitter que teníamos las imágenes de la campaña. Todo el mundo quería contar con ellas cuanto antes y cada segundo perdido era perder oro puro. Al cabo de unos minutos corroboro el alcance del desborde.

LARGA JORNADA. Después de la batería de entrevistas telefónicas, comienzo a darle forma a una crónica muy diferente a la que había esbozado mentalmente por la tarde. La hora de cierre se convierte en la peor enemiga, pero la rotativa nos regala un ‘extra ball’ y nos vamos a casa, como solía decir Pedro Rivas, "con la satisfacción del deber cumplido". Son las dos de la madrugada. 

Pero la vorágine mediática no había hecho más que empezar. Los reyes de las mañanas también querían conocer los detalles de la grabación: Susana Griso, Ana Rosa Quintana, Mariló Montero, García Ferreras... Por la tarde, Radio Galega, La Sexta, Nieves Herrero. Todos demandaban un testimonio de primera mano porque en este mundillo nadie quiere ‘ir a rebufo’ de la competencia. Y menos cuando se trata del tema del día, del mes y casi del año. "Nunca tal nesta me vira"...