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El escualo de Portonovo

Manuel Ulloa, un marinero de la villa sanxenxina, fue capaz de pescar en la década de los 50 un tiburón peregrino de cerca de cuatro metros de longitud mientras faenaba con su hijo entre Caneliñas y Punta Seame

Los caprichos del mar pueden deparar sustos y sorpresas a quienes se ganan la vida en sus aguas. En ocasiones no es necesario alejarse demasiado de tierra firme para realizar un hallazgo inesperado. En Portonovo pueden dar fe de ello. Durante décadas, a orillas de la villa marinera han ido apareciendo cadáveres de todo tipo de especies marinas, algunas de las cuales no son nada habituales en estas latitudes.

Durante los últimos meses, las redes sociales han conseguido rememorar uno de los episodios más insólitos que se recuerdan en la localidad sanxenxina. Fue a mediados de la década de los 50, cuando una humilde dorna, en la que se encontraban faenando Manuel Ulloa y su hijo Juan, se topó de bruces con un tiburón peregrino de más de cuatro metros de longitud. La foto del ejemplar capturado, realizada en el antiguo muelle de Portonovo, fue rescatada recientemente por el responsable de la página de Facebook ‘Sanxenxo Antigo’. Incluso el patrón mayor de la Cofraría de Pescadores San Roque, José Antonio Gómez, recuerda el revuelo que causó aquel suceso, a pesar de que "eu non tería máis de tres ou catro anos".

Al que no le falla la memoria ni un ápice es al propio hijo de Manuel Ulloa. Era habitual que Peche, tal y como se le conoce en la villa, acompañase a su padre a faenar. Ambos dirigieron su embarcación hacia un punto de la costa situado en las inmediaciones de Caneliñas y Punta Seame. Fue allí donde se encontraron con el tiburón peregrino. "Levantei o trasmallo e apareceu a quenlla", rememora Peche, que añade, no sin orgullo, que en ningún momento se asustó, a pesar de que el escualo aún vivía cuando se produjo la inesperada captura.

Una vez muerto, fue necesaria la ayuda de una segunda embarcación para poder remolcar al peixe momo, tal y como se conoce a esta especie en algunas zonas del litoral de Galicia, hasta la dársena de Portonovo. "Pesaba un mundo", asegura Peche. "Era moito máis grande cá nosa dorna". Como no podía ser de otra forma, la llegada a puerto causó una enorme expectación. A fin de cuentas, no era nada habitual encontrarse con un ejemplar de tiburón tan grande en las Rías Baixas. "Nunca viramos algo así", asegura el vecino de Canelas .

Curiosamente, el escualo capturado a orillas de Portonovo no era uno de los más grandes. Y es que un ejemplar adulto puede alcanzar los diez metros de longitud y superar las cuatro toneladas de peso. A pesar de que su apariencia recuerda a la del tiburón cazador, lo cierto es que esta especie  se alimenta filtrando el agua. Nada con la boca abierta hasta hacerla redonda para alimentarse de placton.

episodios similares. La historia del tiburón peregrino no es la única vivida en Portonovo. Algunos de los marineros más veteranos de la villa aseguran que, antes de esa captura, ya se vivieron episodios similares.

Miembros de la Confraría de Pescadores San Roque rememoran la localización de una tortuga de grandes dimensiones en las inmediaciones de la playa de Baltar. Este singular hallazo se produjo más de una década antes que el del peixe momo.

El escualo de Portonovo
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