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El PSOE busca poner fin a la travesía en el desierto

Pedro Sánchez
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Pedro Sánchez asume el reto sabedor de que para gobernar necesitará el apoyo de, al menos, Ciudadanos o Podemos. Los socialistas apelan al legado de Felipe y Zapatero mientras la incertidumbre aflora en algunos sectores por la deriva de la campaña, en la que quedan relegados asuntos como la corrupción o los recortes. Recuperar el voto urbano y de los jóvenes, su objetivo

Las elecciones generales supondrán para el PSOE la oportunidad de volver al Gobierno de la mano de su candidato, Pedro Sánchez, después de cuatro años de travesía del desierto, aunque en caso de derrota y unos malos resultados, los socialistas podrían verse abocados a una nueva crisis interna.

Sánchez asume el reto con la convicción de que será el nuevo presidente porque España necesita un cambio y la única opción pasa por el PSOE, aunque consciente de que precisará el apoyo de, al menos, Ciudadanos o Podemos.

"Solo contemplo la medalla de oro", ha asegurado el candidato socialista durante la precampaña, aun sabedor de que las encuestas le dan como segunda e incluso tercera fuerza.

Para los socialistas, pese a que las encuestas no le son propicias, el escenario apunta más a un empate técnico con el PP que deja las puertas abiertas a fraguar una alternativa en caso de que Mariano Rajoy, si gana, no encuentre socio de gobierno.

INCERTIDUMBRE EN EL PARTIDO. Sánchez se ha volcado en insuflar optimismo, aunque en las últimas semanas, en sectores del partido se ha instalado una sensación de incertidumbre por la deriva que ha tomado la campaña.

La crisis política de Cataluña y la repercusión de los atentados de París han dejado relegados asuntos como los recortes o la corrupción con los que el PSOE cree que puede 'hacer daño' a Rajoy y despertar la conciencia de los electores.

El empuje de Ciudadanos y la competencia por la izquierda de Podemos tampoco han dado tregua a los socialistas, que temen cosechar un resultado aún peor al que tuvo Alfredo Pérez Rubalcaba en 2011.

La crisis política de Cataluña y la repercusión de los atentados de París han dejado relegados asuntos como los recortes o la corrupción con los que el PSOE cree que puede 'hacer daño' a Rajoy.



Hace cuatro años, los socialistas obtuvieron siete millones de votos (28,8 por ciento) y 110 diputados, el peor resultado de toda la democracia, lo que desencadenó una tormenta que se llevó por delante al propio Rubalcaba.

Con una estimación de voto por debajo de ese listón, Sánchez se aferra a que existe una mayor oferta electoral y a que solo lleva año y medio en el cargo para reclamar su continuidad en caso de derrumbamiento.

Sin embargo, con la celebración del congreso del PSOE en los primeros meses de 2016, las espadas quedarían en todo lo alto si Sánchez no logra "jubilar" a Rajoy, como él mismo se ha encomendado.

EN BUSCA DEL PACTO. En el todo o nada, Sánchez confía en que aun con un mal resultado, como ocurrió en los comicios autonómicos y municipales de mayo, el PSOE tenga margen de triangular una combinación para mantener viva la esperanza de volver a la Moncloa, una vez que ha dejado claro que no tiene por qué gobernar la lista más votada.

Después de haberse entregado en cuerpo y alma desde que fue elegido secretario general en julio de 2014, Sánchez está echando el resto para divulgar por toda España su propuesta de cambio seguro.

El PSOE asegura que su oferta es una hoja de ruta para la modernización de España a medio plazo, que tenga como base una nueva política económica asentada en una reforma fiscal más justa y que, a través de nuevos impuestos, genere más ingresos que acaben con los recortes en los servicios sociales.

También llevan como bandera electoral un amplio catálogo de medidas de regeneración democrática y de lucha contra la corrupción y la propuesta de poner al día la Constitución para sentar las bases de un nuevo modelo de convivencia que solvente el problema catalán.

"No es solo un programa electoral, sino un proyecto de país y un programa de gobierno", han señalado desde Ferraz. Al mismo tiempo, el PSOE promete derogar algunas de las iniciativas estrella del Gobierno de Rajoy, como la reforma laboral, la ley de educación o la de seguridad ciudadana.

Para atraer a quienes quieren un cambio que deje atrás las recetas de la derecha y concentrar el voto progresista, los socialistas han escogido de lema de campaña "Un futuro para la mayoría".

El LEGADO DE ZAPATERO Y FELIPE. Ferraz es consciente de que necesita movilizar al electorado, desperezar a los indecisos y volver a recuperar a los jóvenes y al voto urbano, que fueron sus principales fugas en mayo en beneficio de Podemos y Ciudadanos.

Aunque algunos dirigentes aún ven "debilidad de marca" en el PSOE, se ha apostado por volver a dar visibilidad al puño y la rosa de su logo para reivindicar lo mejor del socialismo y el legado de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, que participarán en varios mítines, aunque solo el primero coincidirá con Sánchez.

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