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ALBERTO REY, LA TIENDA DE RAÚL: "MUCHOS PRODUCTOS LOS TENEMOS AL MISMO PRECIO QUE LOS SUPERMERCADOS"

El resurgir de las tiendas de barrio, una alternativa cercana al supermercado

María Luisa Martínez regenta dos ultramarinos
María Luisa Martínez regenta dos ultramarinos
No pueden competir en precios con las grandes superficies, pero ofrecen una atención más personalizada, aconsejando el producto y, sobre todo, buscan la cercanía y el "sacar de un apuro" a muchos vecinos

Se sitúan en zonas a las que los supermercados todavía no han llegado. Son barrios ‘nuevos’, que pese a que llevan ya muchos años habitados por familias con niños todavía no han recibido la comodidad de tener una gran superficie comercial de la alimentación instalada a escasos metros. Es por eso, que zonas como A Parda o el último tramo de Eduardo Pondal se han convertido en puntos escogidos por pequeñas tiendas de comestibles para instalar un negocio que en los últimos años parece estar en auge.

Algunos ofrecen la misma variedad de productos que un supermercado otros ni se lo plantean, porque quieren seguir siendo eso, una pequeña tienda de referencia para su gente, para su barrio.

Buscan ofrecer un servicio mucho más cercano, más amable y agradable al cliente. Quieren recuperar la cercanía y ofrecer algo más allá de lo que ofrecen los supermercados. Por eso lo tienen claro. Saben que no son una competencia para ellos, sino una alternativa. Un ‘plan b’ que está disponible más horas, más días, y que está al lado de casa para poder bajar y comprar el pan, un cartón leche, una botella de agua o ese producto que se nos ha quedado atrás para la comida.

ESTUDIAR LA ZONA. Lo que tienen en común las tiendas que se han instalado de un año a esta parte, es que sus propietarios buscaron con este negocio una salida profesional. Se quedaron sin trabajo y el panorama laboral no presagiaba nada, ni bueno ni malo. Por eso decidieron invertir los ahorros que tenían en montar su propio negocio.

Así, Alberto Rey y Estela Agraso, de 33 y 32 años respectivamente, se pusieron manos a la obra y abrieron en Eduardo Pondal una tienda de barrio, La Tienda de Raúl. Él dejaba atrás la construcción y ella aportaba su experiencia en el sector de la alimentación. Consideraron que era una buena zona "porque no hay ningún supermercado cerca y vimos una oportunidad de negocio. Tenemos intención de suministrar a toda esta zona y ya hay mucha gente que viene 2 o 3 veces por semana para hacer compra: fiambre para bocadillos, fruta, verdura... y el pan a diario", indica Alberto.

Llevan cerca de seis meses abiertos y "la cosa va yendo" aunque no tan bien como se esperaban. Falta que los vecinos se animen a entrar para "comparar un poco los precios para ver que muchos cosas están al mismo precio que en el súper, otras un poquito más caras, pero se ahorran una buena caminata", explica Rey.

Esther Vidal, de 49 años, también se lanzó con una pequeña tienda, que bajo el nombre de ‘Frutería Akane’ ofrece todos los productos de este rango y los "complementa con otros diferentes, artesanos, que no vas a encontrar en ningún supermercado, pero a precios asequibles. La gente que prueba vuelve para repetir. Tenemos muchos quesos artesanos riquísimos y también nos gusta variar los productos, traer cosas nuevas para que la gente pruebe".

En su tienda, que lleva algo más de un año, tienen ya clientela fija, "pero me sorprende y me alegra que siempre sigue entrando gente nueva que, por supuesto, prueba y vuelve", asegura Vidal. Ella y su marido también apostaron por el negocio porque ambos se quedaron sin trabajo, primero ella y después él. Quisieron quedarse en su propio barrio y como sabían de la necesidad de una frutería en la zona no lo dudaron.

DE TODA LA VIDA. Pese a que en los últimos años han abierto varias tiendas de barrio en zonas más alejadas del centro, lo cierto es que determinados ultramarinos aguantaron el tirón pese a tener a escasos metros hasta dos supermercados. Es el caso del Autoservicio Manolo, que lleva 60 años al pie del cañón y manteniendo su clientela. Y también cuidando a los nuevos, que acuden nostálgicos a comprar a la tienda como cuando lo hacían de pequeños con sus padres o abuelos.

María Luisa Martínez asegura que pese a estar en el centro y atender las demandas de los vecinos que diariamente vienen a por pan, embutidos y hacen compra "tengo muchos clientes que vienen de las afueras, de las parroquias, buscando productos muy concretos, que saben que van a salir buenos para determinadas comidas".

Como el suyo, sobreviven también los instalados en la zona monumental, como son el Ultramarinos El Cisne y el de Diego Lores. En el barrio de A Parda, donde en los últimos años se han abierto varios negocios de este tipo debido, también mantienen el tipo dos de los más longevos: La Abundancia y A Tenda, que antiguamente llevaba el nombre de Autoservicio Villaverde.

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