José Luis Prieto, el verdadero rey de Canelas

Si la fusión de Caixanova y Caixa Galicia fue complicada, la de los hoteleros de Sanxenxo, que derivó en la creación de CETS, no se quedó lejos. José Luis Prieto fue su primer presidente, en 2002, aunque su huella en el sector turístico ya la había dejado con la creación del hotel y la discoteca Canelas, clásicos entre los clásicos.

Dice Miguel Ríos que las claves para mantener una imagen joven son el pelo y el peso. No se  sabe si a José Luis Prieto le gusta Miguel Ríos, pero lo que es seguro es que sigue sus directrices al pie de la letra. Pueden comprobarlo en las dos fotografías que ilustran esta entrevista. Una fue realizada el miércoles; la otra, casi idéntica, es de hace casi dos décadas. Es como los carteles electorales de Manuel Fraga, que siempre salía igual, pero en este caso sin Photoshop. Porque José Luis Prieto parece idéntico a hace diez años, cuando echó a andar el Consorcio de Empresarios Turísticos de Sanxenxo (CETS), y quién sabe si a hace 45, en 1969, cuando inauguró el Hotel Canelas; o a hace 35, en 1979, cuando abrió la discoteca del mismo nombre.

Esas fueron las fechas. Sin embargo, la historia pudo ser muy diferente. «Eu quería montar algo, non sabía que. E antes que o hotel quixen facer a discoteca, pero na casa dixéronme que se estaba ‘jamao’. Daquela parecía falar do futuro a moi longo prazo. Por iso decidinme polo hotel, e a xente quedou tranquila na casa», recuerda entre risas.

No fue un inicio fácil. Como mucha otra gente, José Luis hizo la maleta y emigró al extranjero, a Francia, donde trabajó en la construcción. «A miña idea nunca foi quedar alí. Quería xuntar algo de diñeiro e volver para emprender. Os negocios de hostelería eran os que estaban en auxe». Aprovechando las huelgas del año 68, regresó a Galicia y levantó el hotel. Ni siquiera así pudo asentarse. «Aínda tiven a necesidade de seguir emigrando. Do 69 ó 72 estiven traballando en barcos alemáns e perforadoras. Saía en setembro, unha vez que se afrouxaba o traballo no hotel, e estaba por aí ata xuño».

Eran otros tiempos y otra forma de trabajar. «Eses tres anos foron duros. Agora hai máis persoal, pero naquela época todo o que podía facer a xente da casa... Era a única forma de saír adiante con estes negocios, e nestes tempos volve pasar un pouco o mesmo. Falo sobre todo de negocios medianos, de dúas ou tres estrelas. Se non, cos prezos que se ofertan, ou fas milagres... E os milagres fíxoos Deus hai moitos anos», ríe.

La discoteca

Después del hotel, diez años más tarde, llegó su sueño inicial, la discoteca. Le cuento la anécdota de un amigo, ya casi cincuentón, que al verlo como presidente de CETS, decía: «Este es el que me echaba a mí de Canelas». José Luis vuelve a reírse. «Entón non se portaría moi ben. O meu obxectivo era meter xente dentro, non botala fóra», carcajea. «A noite é distinta pero a min sempre me gustou».

Aún tendría tiempo de abrir otro hotel, el Caneliñas, que luego vendió, y de construir un tercero, el Galatea, que ahora tiene en alquiler. Y, sobre todo, de ser el primer presidente de CETS, el consorcio que unificó las tres asociaciones de hoteleros que operaban en Sanxenxo. No se puede decir que fuese un parto traumático, pero sí que costó lo suyo. «Uns tiraban para un lado e outros para outro. Aquelo non tiña sentido».

En sus primeras entrevistas como presidente del consorcio siempre se quejaba por las guerras que tiraban los precios. En esta charla vuelve a salir el tema. No ha cambiado gran cosa. «Non se mellorou. É un problema global, non só de aquí, pero chegou a ser sangrante en Sanxenxo, onde caiamos na ridiculez. O problema vén de que está saturado o mercado, e eu son un culpable máis, que fixen tres hoteis».

¿Soluciones a ese problema? Una regulación clara, lo que siempre resulta complicado. «Cando gobernaba Telmo Martín comentámoslle que eramos demasiados hoteis, que había que buscar unha forma de regulalo, porque estabamos tendo uns prezos lixo, e así nin gañabamos cartos nós nin os clientes saían satisfeitos. E non queriamos que a zona collese mala fama. Telmo dicía que estaba de acordo, pero que se viña un magnate para facer un hotel de 5 estrelas non lle ía dicir que non. Iso entendíamolo, pero de nivel máis baixo non queriamos. Ó final, nada, seguíronse facendo hoteis».

Hace siete años que se jubiló. Asegura que no es el típico dueño retirado que no deja trabajar a sus descendientes. «Non son meterete», resume. «Practicamente estou desafiuzado do hotel. Quen leva isto é o meu fillo Fernando. Eu desligueime de todo». 

Sin embargo, sus tiempos como cara visible de CETS lo han convertido en uno de los portavoces de la plataforma que reclama aceras en la PO-308 entre Portonovo y A Lanzada, un proyecto digno de protagonizar ‘Atrapado en el tiempo’, la película en la que Bill Murray vive una y otra vez el día de la marmota. «Esa obra íase inaugurar hai catro anos, aínda que levamos moito máis reclamándoas. A xente que chega aquí ve unha vergonza. Recordo a un señor de Asturias que era xefe de grupos e que estivo vindo uns 30 anos. Chamábase Florentino e dicíame: ‘José Luis, oh, ¿para cuándo van a estar las aceras? Siempre me dices que para el año que viene...’. O pobre home morreu sen ver as beirarrúas e eu non sei se me vai pasar a min tamén».

Más allá de eso, José Luis sabe aprovechar su tiempo libre. En sus tiempos en activo no perdonaba un mes de vacaciones en octubre. Ahora tiene todo el año y lo aprovecha para disfrutar de las pequeñas cosas que le hacen feliz. Su vinito a la una de la tarde, sus ejercicios para mantenerse activo («quito catro herbas que hai por aí») y, sobre todo, la pesca. Se monta con su consuegro y con algún amigo en un barco de 8 metros con dos motores con el que suelen salir por fuera de la isla de Ons, allí donde más pican. «Fanecas é o que máis entra, sargo, choco, abadexo...». Se queda estupefacto ante la pregunta de si comen lo que pescan, como si se lo hubiese preguntado un extraterrestre. «Home claro que o comemos, e tamén o regalamos ós amigos». Normal que se quede patidifuso. Al rey de Canelas, amante de lo práctico hasta el extremo, no se le  pueden preguntar cosas así.