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Feijóo bajo el sol

«En mi pueblo teníamos una como ésa, una k-2. Éramos pobres pero teníamos una k-2 buenísima, de competición»

Alberto Núñez Feijóo se detiene en el puente y señala la piragua, sobre la que reman dos chicas: “El caso es que hubo un torneo, un descenso del Miño, y algún club se dejó olvidada la K-2 allí, en Os Peares. Pasaban los días, las semanas y los meses y nadie volvía a por ella. Quedó ahí olvidada, así que los chavales del pueblo empezamos a usarla por turnos. Es más difícil mantener el equilibrio sobre una de éstas que sobre una piragua individual. Siempre dependes de los movimientos de otro”. 
Sobre esa piragua abandonada, un suponer, Feijóo se formó en el arte de guardar el equilibrio y evitar caídas mientras algún compañero rema a destiempo. Y allí, en Os Peares, aprendió a desenvolverse entre administraciones, a la fuerza, como todos los vecinos. Os Peares es el lugar donde el Sil entrega el agua a la fama del Miño y el pueblo se parte en cuatro ayuntamientos que pertenecen a dos provincias. “Podías vivir en un concello, ir a la escuela en otro, comprar el pan en un tercero y los domingos oír misa en el cuarto. Todo eso en unos metros. Imagínate las complicaciones”. 
De ahí también puede venir su defensa de la reducción del número de municipios. “Hay más de ocho mil en toda España. Es una locura. No es eficaz y es caro. Se pierden servicios y baja la calidad de los que hay. Os Peares es un caso peculiar, un ejemplo extremo de lo que tenemos. Estamos manteniendo ese debate permanentemente abierto. Sería bueno reducir”. 
Habíamos quedado frente al puente de los Tirantes, en Pontevedra. Caía el sol a plomo y empezamos a caminar hacia la Illa das Esculturas. La culpa fue mía por presentarme con mi polo azul y la calva cubierta por una visera. Feijóo debió tomarme por un muchacho de Nuevas Generaciones. Él es un presidente peatonal y avanzaba a ritmo regular mientras yo agonizaba tratando de seguir sus pasos. Pensé que iba a arder y morirme ahí mismo, cubierto de gloria frente al presidente, como un bonzo. 
-¿Cómo es eso de que gobierne la lista más votada? Parece una medida oportunista. En Galicia, por ejemplo, con los resultados de las últimas Municipales tendríais ahora mismo Lugo, Ourense, Pontevedra, Vigo… 
-No comparto esa expresión. Nosotros no “tendríamos”. Los concellos no los tienen los partidos. Son de los ciudadanos. Pero además no es cierto lo que dices. 
-Lo dicen las cifras. 
-Es que hay que ver qué opciones se proponen. Una de ellas podría ser la de unas elecciones a dos vueltas. En un sistema a dos vueltas, que a mí me parece una buena solución, puede que no cambiara ninguno de los alcaldes de las ciudades que has mencionado. Allí donde no se dio una mayoría absoluta en una primera vuelta, en una segunda el voto de la izquierda se hubiera concentrado, obviamente. Y esos alcaldes tendrían la legitimidad de ser elegidos directamente por el pueblo, que no es lo mismo que acceder al cargo tras un pacto entre partidos que pierden y negocian después de las elecciones de espaldas al ciudadano. Lo curioso del caso es que los que más critican esta reforma son los mismos que siempre están reclamando apertura democrática. No hay nada más democrático que dar a la gente la oportunidad de elegir directamente a su alcalde, o al presidente de su comunidad. Y en cuanto a lo del oportunismo, tampoco es verdad. Llevábamos esto en nuestro programa y venimos proponiéndolo desde hace muchos años. 
-¿Pero se hará antes de las Municipales de 2015? 
-Daría tiempo de sobra, pero no lo sé. No depende de mí, claro. 
Ahí llegamos a lo que importa. Se vislumbra una terraza y Feijóo me mira compasivo. Él no tiene calor, y mientras me habla del debate sobre el referéndum (monarquía o república), yo pienso que debe llevar una camisa de calidad, refrescante. Mi polo azul, por el contrario, es de plástico, como si uno llevara un sol a la espalda. 
“La monarquía parlamentaria es un sistema que le va muy bien a España. Vengo de Japón”, me dice mientras busco aire. “Allí tienen una monarquía desde el año 600, y cada vez que muere o abdica un emperador no sale nadie a pedir un referéndum. Son la tercera economía del mundo. Y en Europa los tres países intervenidos son repúblicas. Por supuesto, no quiero decir que la república sea garantía de fracaso, pero tampoco lo es de éxito. 
Algunos quieren transmitir el mensaje de que una república lo arregla todo. Es un falso debate. Estamos demostrando que los problemas se arreglan con buenas políticas, como las de Rajoy en Madrid o las nuestras en Galicia, que se sitúa en los primeros puestos entre las comunidades, en todos los índices”. 
Pedimos. Él, un café con hielo. Yo, una cerveza que escondo para que no se vea en las fotos, por no perjudicar la imagen del presidente. Él no tiene la misma consideración conmigo y no esconde su café, que la imagen que perjudica es la mía. 
-¿Quieres hablar del juicio a Baltar? 
-¿Tú quieres que hable de Baltar? Bueno… Pues te digo: esa contratación de 104 personas sin concurso, sin listas, o con listas a las que no se les dio la publicidad debida, es extraña. Me parece extraña. No lo voy a negar. 
-¿Y lo de Compostela? 
-Se cometió algún error. En Santiago hubo problemas con dos alcaldes. Los dos dimitieron. Y los mismos que exigían esas dimisiones no se las exigen a los alcaldes de Lugo y de Ourense. Donde gobiernan los socialistas y el BNG, los alcaldes imputados no dimiten. No piden su dimisión desde el PSOE ni desde el BNG, que son socios porque ninguno de los dos ha ganado las elecciones. Hay una diferencia notable entre nuestra actitud y la de ellos. 
-También está la condena a los siete concejales del PP de Santiago. 
-Sí. No la comparto. Yo te digo lo que veo: un edil es acusado por una actuación realizada en el ejercicio de su cargo. No se trataba de un asunto particular, cuidado. Bien, se acuerda que en caso de que sea absuelto, y sólo en ese caso, la Corporación podrá cubrir los gastos de su defensa. Y condenan a siete concejales que toman ese acuerdo. Bueno, ese mismo caso exactamente se ha dado a lo largo de muchos años en muchos lugares, entre ellos Pontevedra, y nadie acusó a nadie, entiendo que porque no había nada que juzgar. No creo que esté mal asumir la defensa de un concejal al que se le acusa en falso, como concejal, de haber hecho algo regular y legal. Habrá que ver qué dicen otras instancias. 
Nos avisan. El tiempo se acaba. No el tiempo en sí, sólo el tiempo de la entrevista. Feijóo tiene que volver a Compostela. Le digo que está en puestos de salida para ser presidente de España. Me mira mal.
 -España tiene en Rajoy a un gran presidente y un gran candidato, para mucho tiempo. 
-Yo digo de aquí a 2020. 
-Pues no me lo preguntes en 2014. Pregúntamelo en 2020. Yo estoy a lo que estoy, que es sacar a Galicia adelante. Y lo estamos haciendo, por mucho que a algunos no les guste. 
-¿A quiénes? 
-Pues a la oposición, que no respeta a este país. 
-No será para tanto. 
-No les gusta que las cosas vayan bien. Acuérdate de los contratos con Pemex, por ejemplo. Se pasaron la campaña de las autonómicas jugando con el prestigio y con el nombre de Galicia, negando la existencia de esos contratos una y otra vez. Es muy grave lo que hicieron. Y de paso jugaron con el prestigio de México, de Pemex, de todos los agentes que intervinieron en la negociación. Jugaron con el futuro de nuestros astilleros. Hoy esos contratos se han ampliado con nuevos encargos que alcanzan ya los 600 millones de dólares y garantizan muchos puestos de trabajo durante mucho tiempo. Pero jamás he visto a nadie de la oposición rectificando ni pidiendo perdón por aquello. Es su actitud. No saben poner por delante los intereses y el prestigio de su país. 
Por el camino de vuelta le pregunto por Podemos, si no cree que los ataques desmesurados a Pablo Iglesias favorecen a Pablo Iglesias.
 -Algunos sí, como los que juzgan su manera de hablar o de vestir; su apariencia física o su coleta. Es una tontería. Otra cosa es pedirle a Pablo Iglesias que sea claro en algunos asuntos. Las explicaciones que ha dado sobre su relación con el régimen venezolano o sobre su probable proximidad al entorno de ETA no me parecen convincentes. Luego está su discurso sobre eso que llama “la casta”, con la que convive a diario y a la que pertenece. No es de recibo que prometiera que los eurodiputados de Podemos cobrarían 1.900 euros, dando a entender que el resto del dinero se lo ahorrarían los contribuyentes. No dijo la verdad. Resultó que los de Podemos cobrarán, céntimo a céntimo, lo mismo que los demás, y ahora dicen que harán donaciones a su partido o a movimientos afines. Que explique todo eso con claridad. 
¿Y Pontevedra? Me dice que “hay que abrir las puertas y las ventanas de este concello, atraer inversiones e industria. Tenemos congreso en el PP aquí, en unos días”. Le digo que creo que sólo se presentará Jacobo Moreira y le pido su opinión sobre él. “Ha hecho un gran trabajo en momentos duros. Está formado, tiene experiencia, es serio y trabajador. Yo lo veo bien, lo veo muy bien”. Acabamos otra vez a la entrada del puente, como Mariel Hemingway y Woody Allen en Manhattan, en plan conversación íntima. 
-Si yo tuviera talento para escribir viviría como tú –me dice. 
-No tengo talento. Y te aseguro que saldrías perdiendo. 
-Pero tú eres feliz. 
-De eso nada. 
-¡Bueno, hombre! –exclama-. Adelgaza, que estás muy gordo, y ponte en forma. Deja de fumar.
 Y el presidente de Galicia se aleja tras despedirse y darme una palmada demasiado enérgica para ser amistosa. Creo que quiso partirme la columna. Yo, tostándome al sol como un lagarto.

Feijóo bajo el sol
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