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A Guarda, ventana atlántica entre dos aguas

Castro de Santa Tegra, en A Guarda
Castro de Santa Tegra, en A Guarda
Situado en la desembocadura del río Miño en el océano Atlántico e impregnado de historia, este municipio es uno de los enclaves turísticos más importantes de Galicia

ESCAPAR del alboroto, las prisas y del agobio que pueden llegar a provocar las ciudades es uno de los deseos de muchos. En el sur de Galicia se esconde A Guarda, la zona limítrofe entre España y Portugal. En este municipio uno tiene la oportunidad de hacer un viaje por la historia empezando por la cultura castrexa hasta llegar a la actualidad. Por ello, se postula como la mejor opción para pasar un fin de semana diferente gracias a la infinidad de actividades, lugares y oportunidades que ofrece.

PONERSE EN MARCHA. Una buena forma de empezar la escapada es adentrarse en una zona donde el pasado sigue vivo. El tiempo se detiene en el Monte de Santa Trega, una visita más que obligada. Se erige como un excelente mirador natural con unas magníficas vistas hacia el estuario del Miño, Portugal, el valle de O Rosal y el océano Atlántico. Durante la ascensión al monte, se puede disfrutar de diferentes miradores que permiten descubrir detalladamente el entorno. El pico de San Francisco es su punto más elevado y allí se encuentran la capilla de Santa Trega y el Masat, un museo que ofrece a los visitantes una completa colección de labras y esvásticas, monedas romanas, objetos cerámicos y el famoso cabezón do Trega. 

Sin embargo, el tesoro de la cordillera es el yacimiento arqueológico, la Citania de Santa Trega. Se trata de un poblado galaicoromano cuya ocupación se sitúa entre el siglo IV a.C.y el siglo I d.C., alcanzando su mayor grado de desarrollo en el cambio de era, concretamente durante el proceso de romanización del noroeste peninsular. Este castro es uno de los legados patrimoniales más relevantes de las Rías Baixas y de Galicia en general gracias a su buen estado de conservación y a su relevancia. 

Una vez que se decide dejar atrás este magnífico enclave es hora de pasear por el pueblo.

DESCUBRIR EL ENTORNO. El puerto pesquero de A Guarda se caracteriza por las casas típicas marineras estrechas, de varios pisos y de gran colorido. Situadas junto los diques, son un punto de encuentro. Las calles están repletas de terrazas y restaurantes que acogen a vecinos y visitantes. Otro de los lugares interesantes es el Museo del Mar. Allí se cuida el pasado marinero de A Guarda basado en la pesca de bajura tradicional, el cual generó un interesante patrimonio.

Esta edificación, al final del paseo marítimo, recuerda a una antigua fortaleza defensiva de planta circular situada en el puerto. Esta fue derribada en 1945 para facilitar la extensión de las grandes redes utilizadas por los barcos de pesca y para aprovechar la piedra en la construcción del dique. Fue reconstruida en 1997.

El museo cuenta con dos colecciones: una etnográfica con una muestra de las antiguas artes de pesca y sus aparejos, y otra malacológica, con una selección de conchas de mar procedentes de todo el mundo.

Para seguir conociendo esta villa marinera es preciso adentrarse en cada rincón y tanto el casco antiguo como el urbano son los lugares para hacerlo. Paseando por el puerto, se encuentra el convento de las benedictinas, el cual fue transformado en hotel a finales del siglo XX. Siguiendo por la zona antigua, concretamente por las calles de Muro e Ireira, todavía se conservan tramos de una muralla medieval. 

En la conocida Praza do Reló se localizan el Ayuntamiento y la Torre do Reló, de procedencia medieval. Además, aún es posible observar ejemplos de casas indianas como la Casa dos Alonsos y, a pocos metros, uno descubre la iglesia parroquial de Santa María.

Ya en la zona más metropolitana está el casco antiguo. Este lugar es la evidencia del pasado y del presente que ha vivido A Guarda. Allí, las calles invitan a vecinos y turistas a recorrer los comercios y demás locales del pueblo. Bajando al puerto, existe la posibilidad de adquirir los productos más frescos y sabrosos en la popular Praza de Abastos. 

Antes de irse, no hay que olvidarse de recorrer el Centro Cultural, el mayor ejemplo de construcción indiana. Erigido en 1921 gracias a la colaboración de los emigrantes guardeses y destinado a Hospital Casa-Asilo, se reformó en 1990 para convertirse en este centro.

Este municipio se caracteriza también por sus playas, que son tanto fluviales como marítimas. Las primeras destacan por encontrarse en un entorno natural privilegiado donde uno puede observar Portugal desde su toalla. Entre ellas destacan el arenal de O Codesal y A Lamiña.

A Guarda cuenta con el distintivo Sendero Azul en reconocimiento al itinerario que enlaza las dos playas del municipio que poseen el galardón de bandera azul: O Muíño y Area Grande. Sin duda, todo un paraíso en la esquina de Galicia.

CRUZAR LA FRONTERA. Dada su localización, quedarse en territorio español no es una opción. Al otro lado del río Miño empieza otro país que, sin duda, tiene esa magia que hace que cualquiera regrese.

A diez minutos de A Guarda, yendo en ferry, se encuentra Caminha. Esta población portuguesa se caracteriza por haber sido el escenario de diversas luchas entre los países vecinos. La belleza, los puestos que adornan las calles y la buena gastronomía son los puntos fuertes de la localidad. 

Aparte de visitar el pueblo existen auténticas joyas que esconden años de historia. En medio del estuario, en un islote, se hallan las ruinas del Forte da Ínsua. La naturaleza, la arena y el límite entre río y mar cautivan a cualquiera que lo visista. Perderse por Caminha y dejarse llevar es lo mejor que se puede hacer.

Por todo ello, escoger A Guarda como destino vacacional es más que un acierto seguro. Apostar por Galicia para desconectar nunca defraduda. El paraíso no tiene por qué estar lejos y bien lo saben aquellos que han ido.

A Guarda, ventana atlántica entre dos aguas
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