Isaac Díaz Pardo: ''Yo me veo a mí mismo como un templagaitas''

Heredero de una intelectualidad abocada al exilio, Díaz Pardo regresó para traducir a términos económicos la idea de una Galicia posible. En esta entrevista, hecha en 2003 cuando contaba 83 años, mantenía la claridad del pensamiento crítico, aunque matizado por la amargura de quien vivió tanto. Fue un espíritu libre que solo rindió cuentas a sí mismo.

¿Cómo se ve a sí mismo, como un intelectual metido a empresario o como un empresario con inquietudes?

Como un templagaitas. Me dedico a templar gaitas y a limpiar mierdas de las empresas, porque soy un viejo que ya no admiten para otra cosa. Pero gaitas hay muchas. Algunos están esperando a ver si muero porque así pueden gobernar mejor las cosas, pero las van a pasar putas cuando me muera, porque gaitas hay muchas y se van a pelear.

¿Dónde le gustaría pasar sus últimos días?

Donde toque.

¿Cómo le gustaría ser recordado?

No he hecho nada para que me eleven a los altares.

Sin embargo, sabe que en un país que convierte a cualquiera de sus muertos en un gran hombre, habrá quien intente elevarlo.

Lo lamento por ellos.

¿No desearía jubilarse y vivir un poco más tranquilo?

Sí, pero como no pude pagar la Seguridad Social no puedo.

Hombre, en la calle no quedaría.

¡Cualquiera sabe!

Pero usted hizo dinero en Argentina.

No, no. Todo eso se fue desarrollando gracias al propio negocio. Tengo buenos recuerdos de Argentina, lo que pasa es que enseguida me di cuenta de lo que iba a pasar, que iba a ser lo mismo que el franquismo.

¿Y respecto a su relación personal allí?

Allí montamos una fábrica en Magdalena, que creció muy bien, y el Laboratorio Cerámico de Magdalena. Luego vinieron los caciques de aquí y de allí y se hicieron cargo de todo. Así que dije: «La madre que los parió a todos» y me fui de nuevo a España porque para aguantarlo allí, lo aguanto en mi país.

Digamos que es usted un artista frustado metido a empresario. Dicen que sus obras apuntaban maneras.

Lo que pasa es que yo hubiera sido arquitecto si no hubiera sido por la Guerra Civil. Pero en la guerra nos tocó perder a la familia y fue todo muy difícil. La carrera era carísima, así que tuve que hacer algo más barato, que fue Bellas Artes. Yo era bastante disciplinado para esas cosas y entonces, en el franquismo, era fácil tener éxito por aquello de que en el reino de los ciegos el tuerto es el rey. Y yo era tuerto, pero en cuanto pude salir fuera y darme cuenta de que la intelectualidad española de verdad estaba en el exilio, me dediqué a hacer algo más modesto, como la cerámica, y a ver si en algún momento se podía recuperar Sargadelos.

¿Por qué desde el primer momento tuvieron tan clara la idea de Sargadelos?

Primero, porque Sargadelos significaba la introducción del diseño industrial en España. Así que había ya una tradición industrial, porque Sargadelos no solo produjo cerámicas. Convenía resucitar ese espíritu, que al mismo tiempo era también artístico desde su creación. Esa tradición era muy valiosa para nosotros.

También ayudó a fundar el Instituto Galego de Información, que nació con la idea de crear un diario, Galicia, que fuera portavoz del galleguismo. ¿Por qué no pudo ser?

Bueno, lo que queríamos era crear un centro de información, que podía tener un diario. Pero ya se vio que la posibilidad de hacer un diario con el pensamiento que teníamos no iba a salir adelante.

¿Hubo presiones para que no saliera ese periódico?

No. Pero no hay libertad para llevar a cabo un periódico con nuestras ideas manteniendo la independencia, ya no por las autoridades sino por la gente. La gente no entiende de estas cosas. En el periódico que colaboro habitualmente me dejan decir esas barbaridades que digo porque las digo en gallego y no las lee nadie. Las leen mis amigos, pero nadie más.

¿Cree que el espíritu gallego que defiende tiene futuro o se verá solapado por el nacionalismo?

No sé si a usted le conviene decir lo que yo digo...

Yo no digo nada, lo dice usted.

Bueno, Galicia es actualmente un país colonizado económicamente. Una de las razones por las que no salió adelante ese espíritu es porque no hay economistas que se atrevan a defenderlo. Por ejemplo, los ríos son nuestros, pero no nos beneficiamos de ellos porque están explotados por una empresa de Madrid, que liquida sus impuestos en Madrid. Así no hay forma de que este país vaya adelante. Fabricamos muchos coches, pero son franceses. Esas empresas son rentables para sí mismas, pero no lo son para Galicia. Y haría falta un equipo de economistas que dijera estas cosas, pero nadie se atreve.

¿Ve una opción política que pueda defender este espíritu?

No, no se atreven. Yo no creo en una utopía, en hacer una cosa totalmente anárquica a estas alturas, no estoy en esa idea. Pero, desde luego, sí que habría que tener en cuenta nuestra rentabilidad. Y a eso no se atreven.

¿Cómo juzga el concepto de nacionalismo que se defiende?

España no tiene otro remedio que federarse, porque está formada por unos pueblos que tienen una identidad diferente, es una invención histórica. Pero no creo que nadie piense en la independencia. Lo del País Vasco es a causa de la cerrazón de Madrid. Pero el PNV, que es el partido democrático más antiguo de España, nunca pensó en la independencia. Y lo mismo en Galicia, nunca hubo ideas de separación.

 

Dicen que es bastante tacaño.

¿En qué sentido? Porque yo no tengo un real.

¿Cuál es su satisfacción diaria?

Ninguna.

Y cuando mira atrás, ¿qué satisfacciones ha recibido?

No tuve posibilidad de tener satisfacciones y de gozar mucho.

¿De qué se siente orgulloso?

De nada.

¿Qué espina le queda clavada?

A lo mejor no haber nacido, porque la vida tiene demasiadas complicaciones. La vida no tiene mucha importancia, si morimos ahora no pasa nada.

¿Se ha cumplido alguno de sus sueños?

No sé si los he tenido. Pienso que lo único que hice bien fue trabajar y punto. No hay lugar para creer que se ha hecho una labor trascendente, porque nada lo es. Estamos viviendo en una capa silical que rodea una bola de fuego; eso cualquier día revienta, o cae un meteorito y acaba con todo. Pero tampoco sabemos si será así, porque nuestra capacidad de conocimiento no es tan grande como creemos.

Instalado en el escepticismo, ¿cómo afronta el final de su vida?

A mí que me tiren en una fosa, sin caja y sin nada, que me echen la tierra encima y que meen encima.

¿No cree en el más allá?

Soy agnóstico.