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La espina clavada del habla no inglesa

Bardem y Penélope Cruz han ganado sus respectivos Óscar, El laberinto del fauno se hizo con tres premios técnicos y El secreto de sus ojos  hizo subir al escenario a Gerardo Herrero, pero desde 2004, cuando ganó Mar adentro, España no ha sido ni nominada como mejor película de habla no inglesa.

¿Por qué el cine español, en uno de sus mejores momentos creativos y comerciales, no acierta al elegir una representante en Hollywood? ¿Sopesan bien los académicos de España lo que puede interesar a sus homólogos en los Óscar? España es el tercer país con más nominaciones en esta categoría, por detrás de Italia y Francia, pero desde que empezó el siglo XXI solo lo ha conseguido una vez.

En 2001, Pedro Almodóvar ganaba el Óscar al mejor guión original por Hable con ella, película que en la carrera por representar a España fue batida por Los lunes al sol, que no alcanzó nominación. Y, desde entonces, algunas de las decisiones de la Academia han sido discutidas, aunque otras veces fue Hollywood el que sorprendió.

La categoría de mejor película de habla no inglesa se vota en un comité especial, al que se le obliga a ver todas las películas. Y en los últimos años, han sido clamorosas las ausencias de cintas como la rumana Cuatro meses, tres semanas, dos días o que sigan dejando sin Óscar a Francia desde 1992.

El propio Almodóvar quedó fuera de las nominaciones en esa categoría con Volver, cinta que, en cambio, dio la primera nominación a Penélope Cruz. Y ese año, El laberinto del fauno, también con capital español, sí que fue nominada a seis Óscar, incluyendo mejor película de habla no inglesa, pero representando a México, país de origen de su director, Guillermo del Toro.

La película, que ganó tres Óscar -premiando a David Martí y Montse Ribé en la categoría de mejor maquillaje, y Pilar Revuelta en la de dirección artística- pero vio cómo la galardonada no inglesa era alemana: La vida de los otros.

A pesar de que la cinta de Guillermo del Toro era una mirada fantasiosa a la posguerra española, a veces se ha acusado de enviar a Hollywood producciones demasiado locales, especialmente aquellas centradas en la España de la posguerra, rémora que, de manera más o menos injusta, ha acompañado al cine español de los últimos años.

Obaba, de Montxo Armendáriz -que con la misma fórmula sí que había sido seleccionada, en cambio, con Secretos del corazón-, Los girasoles ciegos, de José Luis Cuerda, y Pa negre, de Agustí Villaronga, que además estaba hablada en catalán, no tuvieron suerte. Las dos primeras, además, ni siquiera encontraron apoyo en los Goya.

El mismo año que Pa negre, otra cinta española, La piel que habito, de Pedro Almodóvar, era nominada al Globo de Oro y ganaba el BAFTA en esa categoría.

En 2007, en cambio, se apostó por un cine mucho más exportable e industrial: El orfanato, éxito de taquilla de Juan Antonio Bayona -que ahora ha posicionado para el eunuco dorado a Naomi Watts por Lo imposible- que incluso tuvo una nueva versión en Hollywood. Tampoco hubo suerte.

Y el año en el que Fernando Trueba, de reconocida eficiencia gracias a su Óscar por Belle Epoque, era seleccionado de manera muy discutida por El baile de la victoria, otra película con producción española y con el mismo actor protagonista, Ricardo Darín, era la que daba la sorpresa.

El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella, se imponía a La cinta blanca, de Michael Haneke, o Un profeta, de Jacques Audiard, y entre los que subían a recoger el premio estaba el productor español Gerardo Herrero.

Finalmente, También la lluvia, de Icíar Bollaín, se quedó a muy poco: superó el corte hacia las nueve pre-finalistas pero no entró entre las cinco. Ganaría otra mujer cineasta, Susanne Bier, con En un mundo mejor, por Dinamarca.

En 2012, todas las esperanzas estaban puestas en Blancanieves, de Pablo Berger. Con el arma de doble filo de repetir la fórmula muda de The Artist y con una calidad refrendada el domingo pasado con diez Goyas, quedó eliminada en el primer corte.

Con Amor, de Michael Haneke como favorita indiscutible, pues también ha sido nominada a mejor película, director, actriz y guión, han sido desplazadas la chilena No, de Pablo Larraín; la noruega Ko-tiki, la danesa Un asunto real y la canadiense War Witch.

La espina clavada del habla no inglesa
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