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La Navidad vista desde otro hemisferio

 Kwesi, de Ghana, junto a sus hermanos.
Kwesi, de Ghana, junto a sus hermanos.
Marín está en constante contacto con el resto del mundo gracias a la nutrida comunidad de inmigrantes que residen en la villa ►Venidos de diversos lugares, viven desde la lejanía las fiestas y recuerdan las diferentes tradiciones que en sus lugares de origen componen los ritos de las Navidades

HAY UN PUENTE invisible que ‘cose’ las fronteras del mundo. Es como un hilo que une dos vasos comunicantes por los que se cuentan secretos los niños pequeños. Es una puerta abierta a la humanidad. La tradición es, en fin, una representación colectiva de un pueblo, y cuando dos tradiciones interactúan se genera una riqueza difícil de igualar.

Otra línea imaginaria divide al planeta en dos partes simétricas, dos hemisferios que contraponen estaciones. Mientras Marín está sumida en el invierno, Ghana, Río de Janeiro y Perú disfrutan del calor veraniego. Kwesi, André y Carolina han cambiado las chanclas por los abrigos, pero han traído en la mochila la tradición que les hace seguir siendo hijos de la tierra que les vio nacer.

Es por ello por lo que distinguen las diferencias entre Galicia y los países de los que proceden. Con sus historias y el relato de sus costumbres, se dibuja en Marín un mapamundi navideño con sabor a otros continentes.

GHANA. Kwesi, con 40 años a la espalda, arribó a la villa portuaria hace once junto a sus hermanos "y aquí me quedé", dice feliz el ghanés, que se siente "un galleguiño más". Aunque echa de menos su país natal, "voy cada dos o tres años", o todos, si consigue ahorrar lo suficiente.

Las Navidades africanas poco tienen que ver con las de aquí. Así lo explica Kwesi, que rescata como punto en común "que también nos juntamos con la familia y los amigos". Sin embargo, ellos lo hacen fundamentalmente el día 25, no en Nochebuena.

El menú tiene como alimento estrella el ‘'fufu'’, hecho a base de plátano, aunque de un tipo específico de esta fruta, diferente al que aquí se comercializa, que se mezcla con otros ingredientes. Kwesi también habla de la sopa, "que no tiene nada que ver con la sopa que tenéis aquí". En Ghana es un combinado de pescado "frito o asado" y de carne, al que se le añade una salsa que suele incluir "cacahuetes, pimiento, cebolla y tomate. Incluso, a veces, la hacemos con los dátiles de las palmeras o con berenjenas", añade Kwesi, que al hacer compendio de los manjares de su tierra siente que se traslada hasta ella. "Madre mía, ¡estoy volviendo allá!", exclama con gracia.

Una vez terminada la comida, es costumbre que los niños "salgan a la calle a pedir limosna a las casas del vecindario". No se trata de una petición de necesidad, sino de un hábito muy arraigado en el país, en el que toda la comunidad se vuelca obsequiando a los más pequeños con comida, regalos o dinero. "Es algo que sólo se hace en el día de Navidad", reitera Kwesi.

Disfraces, máscaras, muñecos de paja, blancas vestiduras... son costumbres lejanas que se cuelan en la Navidad marinense 

Pasada la jornada central de estas fiestas, los ghaneses aprovechan el impás que se crea hasta el día de Fin de Año para llenar las calles de color. No se puede pasar por alto que el termómetro registra cifras cálidas, por lo que el aire libre es mucho más apetecible que aquí.

El ritual consiste en "salir disfrazados, con máscaras muy coloridas, bailando por toda la ciudad al ritmo de la música que tocan los músicos". Se sale en grupos, por lo que hay momentos en los que en un mismo lugar se encuentran dos agrupaciones y "toda la calle se llena de alegría, fiesta y color. Es muy guay, hay que verlo", subraya.

Cuando llega el último día del año, el color y el sonido dejan paso a la oscuridad y el silencio de la noche, en la que "hacemos vigilia y oramos para recibir al nuevo año", que al estrenarse invita a los ganheses a "ir a la playa y disfrutar del festivo".

RÍO DE JANEIRO. André es el responsable de que los marinenses tengan en la villa un lugar en el que, por el mismo precio,tomar un café, leer la prensa y escuchar salsa con la calefacción combatiendo el frío.

Natural de Río de Janeiro e hijo de emigrantes gallegos, André cree que la influencia americana es la causante de que "las Navidades sean tan parecidas" entre Brasil y su gigante vecino. Varía la comida, pues la gastronomía popular brasileña aún es patrimonio único de sus ciudadanos. "Se come pavo, pero al ser tan seco, le añadimos ‘'farofa'’, una especie de harina de mandioca", explica André, que reseña como otros platos típicos de la cena de Nochebuena "las alubias negras con arroz o la ensaladilla rusa. Marisco también hay, pero eso para los que tienen más dinero", bromea.

Lo que sí se vive de una forma radicalmente distinta es Fin de Año. "Todo el mundo se viste de blanco y va a la playa, donde pasa toda la noche; incluso hemos dormido ahí alguna vez". En esta costumbre se ve reflejada "la simpática mezcla de religiones que hay en Río de Janeiro", pues confluyen los cultos cristianos con los africanos o los de los creyentes musulmanes. Esto provoca que confluyan fiesta, misticismo y devoción "en un mismo lugar" y que se pueda ser testigo de los ritos de la religión afroamericana Umbanda, en los que, a ritmo de tambores y con cierto aire de espiritismo, algún creyente sea poseído por una entidad que se considera sagrada, "por lo que es normal ver a un anciano hablando como un crío, por ejemplo", puntualiza el brasileño. Se trata de una noche mágica que convierte Río de Janeiro en una ciudad en el límite entre lo real y el más allá.

PERÚ. A pesar de residir en Marín, cuando llegan estas fechas Carolina sigue "haciéndolo todo en casa al estilo del Perú". Así, siguiendo la tradición de su país natal, Carolina y su familia no comienzan la cena de Nochebuena hasta las 00.00 horas, un banquete en el que destacan "el pavo, platos elaborados a base de garbanzos, el panettone y la empanada".Los regalos de Papá Noel se entregan esa misma noche, pues "para nosotros el día 25 es como un día cualquiera". Tampoco existen los Reyes Magos, sino que "para los que creen en el nacimiento de Jesús ese día se conoce como el de la Bajada del Niño".

Lo que más diferencia las Navidades peruanas de las gallegas es la "construcción, el día de Fin de Año, de muñecos de paja, que vestimos con ropa vieja y que se queman", también a las doce de la noche, "como forma de despedir lo viejo y recibir el nuevo año".

Puede que Carolina no queme ningún muñeco a las puertas de su casa en Marín pero, al igual que Kwesi y André, celebrará la Navidad aliñando la tradición gallega con aires del hemisferio sur.

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