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La plaga del picudo rojo no da tregua en Marín y obliga a talar 40 palmeras

Una de las palmeras taladas esta semana en la barriada de suboficiales
Una de las palmeras taladas esta semana en la barriada de suboficiales
Solo en esta semana, el Concello ha tenido que deshacerse de seis ejemplares infectados y considera que el problema podría agravarse dada la dificultad de erradicación del insecto

La Concellería de Medio Ambiente de la villa ya no sabe qué más hacer para evitar talar las palmeras que viven y crecen en el municipio marinense. La plaga del picudo rojo, un escarabajo originario del Asia tropical, está afectando de tal manera a estos árboles que en apenas un año se han tenido que cortar de raíz 40 palmeras que se situaban en parques, jardines y vías públicas.

El departamento destaca que hay épocas mejores que otras. Desgraciadamente, este momento es de los malos, ya que en esta semana han sido seis las plantas de las que se ha tenido que deshacer el Concello: una en la barriada de suboficiales, otra en la calle Marqués de Valtierra, otra en la Avenida de Ourense, una más en el lugar de Viñas Brancas, y dos en Jaime Janer.

"Nós lamentamos moito as talas, pero esta medida é necesaria para evitar o contaxio", explican fuentes del departamento municipal de Medio Ambiente, que temen que la plaga siga avanzando y acabe con todas las palmeras del municipio, que se encuentra en una situación similar a otros concellos limítrofes, también muy afectados por el picudo rojo.

Las plantas afectadas por esta plaga empiezan a ponerse amarillas y se marchitan, y cuando no se ataca a tiempo, el tronco se pudre y el árbol acaba muriendo.

El control de este escarabajo es muy difícil, por eso, a pesar de que los concellos ponen en marcha medidas preventivas o curativas, como el uso de parásitos, las palmeras no resisten y acaban infectadas. La presencia del insecto en España no es nueva, ya que data del 1993, pero actualmente se está cebando con las áreas más cercanas a la costa de los países del sur de Europa.

En Galicia, apareció por primera vez en el Concello de Gondomar hace tres años, y desde ese momento su propagación ha sido meteórica. Marín se salvó del hambre del picudo rojo hasta abril del año pasado, cuando los trabajadores de la Estación Fitopatolóxica do Areeiro empezaron a encontrar los primeros casos. El Gobierno local marinense está trabajando para buscar alternativas a la tala, pero los mismos expertos en la materia aseguran que esta, a día de hoy, la única forma de asegurar que no se contagiarán más ejemplares.

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