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Las mareas de la incertidumbre

Las listas de unidad popular concentran las dudas ante las municipales, por su configuración y candidatos, su resultado y sus pactos. Sus expectativas se sitúan sobre el 25% del voto urbano

El perdemos pero todavía no sabemos contra quién que pronosticaban algunos de los más lúcidos miembros del PP gallego ante las elecciones europeas recobra su vigencia de cara a las municipales. Esa predicción es una versión al revés de la célebre predicción de Pío Cabanillas Gallas ante las generales de 1977, de ganamos pero no sé quiénes.

En las vísperas electorales de 2014 la cuestión residía en cómo se iba a configurar el espacio en el que se había producido el espectacular pero limitado terremoto de las autonómicas gallegas del 2012, el del surgimiento de Age, la fuerza encabezada por Beiras. Ahora la clave radica en cómo se vuelve a rediseñar ese espacio, capitalizado por su continuador español, Podemos, tras el ensanchamiento registrado en las europeas y en las encuestas.

Ahí está la clave de las elecciones municipales en Galicia, porque en ese ámbito se expresa el profundo malestar con la crisis y el sistema político. Es la zona de ruptura, como la bautizó el sociólogo Jaime Miquel, donde se registran los principales cambios, fruto de la cuestión fundamental, el hundimiento simultáneo de los dos grandes partidos. Y esa zona de ruptura alcanza una especial dimensión en las siete ciudades.

En el 2012 Age obtuvo en la Galicia urbana el 18,3% de los votos válidos, frente al 13,9% que sacó en toda Galicia. En las europeas la suma de Podemos y Age llegó en el conjunto de las ciudades al 23,5%, mientras su media gallega fue del 18,9%. El testigo lo deben tomar ahora las candidaturas de unidad popular, al rebufo del Ganyem Barcelona o de la Marea Atlántica de A Coruña. Sus promotores barajan el cálculo de unas expectativas de voto en la Galicia urbana de entre el 20% y el 30% de los sufragios, con variaciones significativas en cada ciudad, como ya ocurrió en las autonómicas y las europeas.

En el 2012 ese espacio osciló entre el 12,1% Ourense y el 21,8% de Santiago. Y en las europeas varió entre el 18,2% de Ourense y el 25,8% de Vigo. En las municipales influirán factores locales, como la fortaleza del BNG de Pontevedra, que limita la entrada de las mareas, o el profundo deterioro de la vida municipal en sitios como Ourense, Santiago y Lugo, que las debería de favorecer.

Está por ver que esas candidaturas, conocidas en Galicia como las mareas, obtengan ese 25% de media en las ciudades. Por ahora son una incógnita, primero porque no se sabe cómo se forman e incluso si sólo va a haber una lista. Está claro que el BNG no las apoya y los partidos de AGE, sí y que Podemos se pronunciará caso por caso. Es seguro el apoyo de Pablo Iglesias a la Marea de A Coruña, que tiene como uno de sus promotores a Antón Gómez-Reino, colaborador de la Tuerka. Pero en Vigo hay amagos de varias candidaturas y en Lugo se está gestando la de Somos Maioría, nacionalista.

También se desconoce quién será en cada ciudad el candidato, que debería ser elegido a través de unas primarias abiertas. Lo mismo ocurre con el resto de la lista y con el programa. En este contexto, los resultados que puedan obtener están envueltos en una completa incertidumbre, más allá de las expectativas que se puedan extraer de encuestas y de los datos de las autonómicas y europeas. Las experiencias de esas dos elecciones indican que el éxito depende de la capacidad que tengan para aparecer como una alternativa nueva, con aire inmaculado, para capitalizar el malestar de la crisis.

Sí se da por descontado que estas candidaturas entrarán en mayo en los nuevos ayuntamientos. Y ahí la incertidumbre se multiplica, pues nadie sabe si pactarán con otras fuerzas, sobre todo con el PSOE, o si el PP podría lograr gobernar en minoría en algunas urbes.

Carolina Bescansa, la enviada de Pablo Iglesias en Galicia

La compostelana Carolina Bescansa, profesora de Políticas de la Complutense, se consolidó esta semana como el rostro de Podemos en Galicia, a la espera de la elección de los líderes locales. Bescansa actúa como la enviada de un Pablo Iglesias, de quien se echa en falta una visita a Galicia, más de medio año después de su éxito. Quizá sufra ya ese “centralismo arrogante madrileño” que él mismo criticaba.

Las tensiones internas del PP gallego afloran en Lugo

Hace cinco años el PP había obtenido un 50% en las elecciones europeas de la primavera anterior, que confirmaron su triunfo de las autonómicas de marzo. El poder de Feijóo era omnímodo dentro del partido, superior incluso al que había tenido Fraga, quien había formado una confederación de tribus locales, a través de pactos con los barones. En cambio, el actual presidente de la Xunta apostaba por someter a los jefes territoriales, aunque después acabaría fracasando en Ourense. Se había pasado de lo que “diga don Manuel” a lo que “diga Alberto” como primer y casi único mandamiento del PP gallego. No se trataba de que quien se moviese no salía en la foto, como dijo en su tiempo Alfonso Guerra, sino que no había foto que no fuese expresamente bendecida por el líder.

Ahora, tomando como indicador el resultado de las elecciones europeas de la primavera anterior, el PP está en un 35%. Feijóo sigue siendo el amo dentro del partido, pese a haber perdido el tren de Madrid por sus fotos con Marcial Dorado. Pero su autoridad y la de su equipo ya no resulta tan potente ni su poder tan inquebrantable, como se ha puesto de manifiesto con el inédito pulso público entre las dos precandidatas a presidir la Diputación de Lugo, si los populares la reconquistan en las elecciones de mayo.

Lo primero que llama la atención de la disputa entre Raquel Arias, que fue en su día la punta de lanza de Feijóo en Lugo, y Elena Candia, la aspirante del sector de José Manuel Barreiro, es que vuelvan a cometer el error de pelear por una presidencia de la Diputación antes de tiempo. Los que se postularon en los últimos años no consiguieron su objetivo, como le pasó al socialista Antón Louro en Pontevedra en el 2007 y al propio Barreiro, en Lugo.

Las arcaicas, anacrónicas y totalmente prescindibles diputaciones no salen de las urnas, pues son elegidas indirectamente a partir del resultado municipal y su presidente es designado después por el dedo de quien manda en el partido ganador.

La batalla de Lugo ha surgido por los movimientos de Raquel Arias, que han llevado a algunos a pensar que Feijóo y su lugarteniente Alfonso Rueda están detrás. Si fuese así, la situación del PP gallego sería mucho más desesperada de lo que parece, ya que no tiene ningún sentido que diesen esa batalla antes de tiempo y menos todavía que la mantuviesen cuando ha saltado a la opinión pública. Más bien parece una iniciativa de Arias y sus partidarios, frente al vacío que genera la ausencia de Barreiro, ahora concentrado en su carrera en el partido en Madrid, donde, sin embargo, su posición se ha visto limitada por su implicación en la operación Pokémon.

Barreiro cuenta desde hace tiempo con el apoyo con Rueda. Con Feijóo, con quien competió por suceder a Fraga, siempre tuvo una relación complicada, aunque últimamente daba la impresión de que ambos se necesitaban más que nunca, en la dificultad. Pero los lugartenientes de Barreiro, con el secretario provincial Balseiro a la cabeza, no disfrutan de esas mismas bendiciones por parte de la cúpula del partido en Galicia.

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