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Lo que queda un mes después del fuego

El monte quemado empieza a cubrirse del marrón de las hojas secas y de minúsculos brotes. Las heridas que el fuego infligió a los pueblos y a las personas de la comarca tardarán más en curar

El síndrome del miembro fantasma es una dolencia conocida en la literatura médica que se suele dar en un porcentaje alto de personas que han sufrido una amputación. Este síndrome es descrito por quienes lo padecen como la percepción de la sensación de que el miembro desaparecido todavía está conectado al cuerpo y está cumpliendo su función.

Aunque no es el caso de un paciente humano, la desaparición de miles de hectáreas de monte gallego de un plumazo en la primera quincena de octubre puede considerarse un hecho traumático, y, en cierto modo, una amputación. El monte carbonizado, las casas destruidas, e incluso las tres vidas humanas perdidas en Nigrán y Vigo han supuesto un cambio demasiado rápido y complejo como para que la conciencia colectiva asuma estas pérdidas y, en algunos casos, la sensación es la de que nada se ha movido en un mes.

Cuatro semanas después de que las llamas causasen una de las peores pesadillas que ha vivido Galicia en su historia más reciente, salir al monte o volver al rural permite encontrar de todo: desde escenas protagonizadas por quienes no han perdido ni un segundo para poner en marcha la recuperación, hasta estampas en las que los protagonistas siguen paralizados, observando montañas de chatarra con las que conviven desde entonces, planteándose si algo se puede aprovechar aún y cómo hacerlo.

En Ponte Caldelas, los fuegos llegaron el domingo al caer la noche y tardaron apenas unas horas en devastar casi todo. Solo ocho de los 33 lugares del concello quedaron libres de las llamas. Un 30% de la superficie es negra desde entonces. Casi 3.000 hectáreas y varios vecinos han perdido sus casas. Una de estas familias, la de Harry Price, Elena Buch y sus tres niños, en A Insua, es la más perjudicada.

Perdieron la parte de su casa ecológica que hacía las funciones de dormitorios, el galpón, las herramientas y las lavadoras. Han tenido que ser realojados. "Nós queremos volver alí canto antes, pero voltar a ter unha casa vai para longo. Estamos vendo como facer. O mellor que sacamos de todo isto é a solidariedade", comenta Harry Price. Elena coincide y añade que no ha sido fácil, "nin o será", aunque su objetivo de conseguir vivir en el rural "e nun entorno menos cheo de eucalipto e maleza", sigue presente. De momento, la necesidad de que periten los daños y de presentar documentos ha impedido, incluso, que retiren su autobús-dormitorio, que parece haber salido de una guerra.

"O bó é que atopamos a xente solidaria, disposta a axudar. O triste é ver como algún veciño aínda di que non cortará os eucaliptos"


"O bo foi a solidaridade que atopamos. Temos un grupo de xente que nos apoia e que están dispostos a axudar cando poidamos construir a nova vivenda", apunta Harry Price. La negativa, también la ha visto. "Algún veciño xa dixo que non ía cortar os eucaliptos e que na súa leira non manda ninguén", lamenta.

Tampoco es posible entender bien lo que hizo el fuego a los caldelanos sin viajar a Parada. La historia ha sido similar en todas las localidades, pero aquí, el fuego no segó vidas humanas por muy poco. A María Guerra y a su marido, por ejemplo, les salvó el teléfono. "Cando miramos pola fiestra xa estaba aquí. Saímos e era todo fume", relata, atemorizada aún hoy. Un pariente había llamado desde Toledo, preocupado por lo que se estaba diciendo en las redes sociales. Eso impidió que las consecuencias fuesen peores. Aún así, con la ayuda de su hijo, que dejó el trabajo en un bar de A Reigosa para poder auxiliarles, solo la casa se libró de las llamas. "Perdemos dous tractores, unha picadora, a leña que tiñamos para o inverno, un coche...", relata. No sabe nada de las ayudas. "Cremos que pouco pode ser, porque moitas cousas eran de segunda man", opina.

Sus vecinos son otra de las caras de los incendios, José Filipe Soares da Sousa y José Ángel Soares Diz, padre e hijo, viven en sendas casas a escasos metros de este punto. Además de perder un tractor y una máquina de cortar leña, calculan que había unos 9.000 euros en material y herramientas en un galpón que se vino abajo cuando las llamas entraron en su finca. Ardió la huerta. "Morreron 28 galiñas. Veño de comprar seis, porque sen ovos non temos nin para darlle aos netos", confesó. Aparte de la recomposición del corral, poco más han hecho para borrar la huella del fuego. "Unhos amigos do fillo foron por leña e trouxeron algunha. Imos cortala xa. O resto, non o podemos mover. Falta que nos diga o Concello como facer e que nos axuden a retiralo", explica.

Desde su casa se ve el monte de Cuñas y Parada, completamente quemado. Las llamas han borrado pastos, matorral y bosque, pero todo eso no lo entienden los animales. Un rebaño grandísimo recorre la zona baja de la ladera y mordisquea entre la negritud. Se trata de la cabaña de Loudina Lombos Parada. "Comen no monte comunal desde sempre, e agora non teñen onde ir", apunta una vecina. Loudina, como otros 20 ganaderos, tiene forraje, aportado gratuita y solidariamente por cooperativas agrarias de Lugo y Ferrol. El problema es que las cabras y ovejas no acaban de comprender el cambio y, cada día, en cuanto las sueltan, escapan a la misma zona donde han pastado siempre, rescatando algún milimétrico brote de hierba de entre los rastrojos.

No todos han quedado esperando al recuento de chatarra. Cerca de Pazos, en Nefab, los trabajos para que la planta con 50 obreros no se parase comenzaron 24 horas después del incendio y la producción se retomó esa semana. A escasos metros está la planta de la empresa de leña Maisán. Allí ardió todo, desde un camión hasta más de 35.000 euros en leña seca para vender. Esta semana han cortado la primera remesa de eucalipto. "Na Lama tiñamos madeira e esa salvouse", comenta Sole Ramos, responsable de la firma con Manuel Gallo. "A madeira non está seca e aos clientes non lles gusta moito, pero nalgún momento hai que volver empezar, e canto antes o fagamos, mellor".

Lo que queda un mes después del fuego
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