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Pontevedra, un nido de espías

Ya nos gustaría saber qué papel jugaron María y Concha, las hermanas Mendoza, en toda ésta época con los alemanes y los ingleses... 
En la foto la Legión Condor desfilaba por Príncipe como tropas de la Wehrmacht enviadas por Alemania, mientras el público les aplaudía con entusiasmo y vitoreaba a Hitler, algunos convencidos y muchos por miedo. 
Pero, ¿por qué estaban los alemanes en Pontevedra y en Galicia? Trataré de resumirlo, aunque daría para escribir una novela. A pesar de que España era ‘teóricamente’ neutral en la segunda guerra mundial, en Galicia se libró una guerra dentro de la guerra. 
Los puertos. Pocos lo recuerdan, pero en Vigo se escondían submarinos alemanes, con el permiso de Franco, que huían de los ataques aliados. La ciudad se convirtió en puerto refugio con la ayuda de los pesqueros, que a veces los remolcaban. 
El cable. Por una playa viguesa pasaba, desde 1896, un cable telegráfico submarino que sería de vital importancia durante la guerra. El cable enlazaba todas las comunicaciones de Europa con América y Asia. De los cinco cables cuatro eran ingleses y uno alemán, que utilizaba el código Enigma. El Internet de la época. 
Enigma era una máquina alemana para escribir código cifrado que durante muchos años fue un verdadero quebradero de cabeza para los espías ingleses porque nadie conseguía descifrarlo. 
Así es como Vigo, desde finales de los años treinta, se convierte en ‘un nido de espías basado en las comunicaciones’. Según el diario de un almirante nazi, que anotaba todo lo que pasaba con la flota cuando recalaban en Vigo y Ferrol; «Los espías en Galicia informan». El asunto del cable alemán termina cuando los aliados descifran el código y el cable aparece cortado, supongo que por ‘algún espía’ en alguna ‘misión secreta’. 
Es una pena que no se conserven las traducciones que hacían las hermanas Mendoza de las cartas de los alemanes e ingleses esa época: «Eso sí que es un enigma». 
Las Antenas. En esos mismos años los alemanes trajeron a Galicia grandes antenas, desmontadas y en camiones, a una zona muy despoblada. Eran popularmente conocidas como ‘Torres de Arneiro’, en Lugo, y su misión era controlar el océano Atlántico. Interceptaban la información de los submarinos que se triangulaba a través de estas antenas, como los móviles de hoy en día. Una de ellas medía ciento veinticinco metros. Pero un temporal se las llevó por delante en 2009. 
Y el último factor geoestratégico para los alemanes fue un mineral escaso en el mundo pero abundante en Galicia: El wolframio. 
El wolframio gallego era ‘el oro nazi’. Servía para endurecer el acero con el hierro de los cañones y le daba una resistencia muy especial. Un kilo multiplicaba por quince los ingresos mensuales de cualquier gallego sumido en la miseria después de la guerra civil. Las tabernas eran lugar de negocios clandestinos para alemanes e ingleses, alrededor de prostitutas, cines y atracciones y durante el racionamiento en algunos lugares se bebía champan francés. En Galicia se desmontaban hórreos y muros buscando el preciado mineral. Así durante cinco años. Pero a medida que los nazis iban perdiendo la guerra el wolframio iba perdiendo valor. 
Al final de la contienda, los aliados pidieron cuentas a muchos agentes nazis establecidos en Galicia, pero pocos fueron extraditados. Es más, algunos alemanes se instalaron en Galicia permanentemente, como dan fe los nombres de las tumbas del cementerio vigués de Pereiró.
 Para ver: El capítulo 6 ‘A arañeira nazi’ de la interesante serie O Explorador, en TVG á carta.

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