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Prescindibles

"Porque, por mucha creatividad que nos rodee, por mucha imaginación e ingenio que tengamos, no hay tanto"

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EL DOMINGO por la mañana, varios amigos asistieron a… algo. Algo que les pareció muy bien: una propuesta muy interesante.

Dichosos quienes tienen la fortuna de vivir una época y en un lugar donde hay tiempo, interés y recursos para el arte y la cultura. Incluso aunque a lo largo de la historia esas etapas hayan sido, a menudo, la antesala de ser invadidos por civilizaciones en un estadio anterior, guerreras, que jugaban con la ventaja de no valorar todavía demasiado la propia vida.

Dichosos, en cualquier caso, quienes sucumbieron a causa de su refinamiento.

Además, yo supongo que, siempre, quienes han nadado en el caldo de cultivo que propicia el arte, la cultura y la ciencia han tenido que ir apartando tablones y bolsas de plástico. Que tampoco en la Atenas de Pericles y la Florencia de los Medici debía de ser fácil separar el grano de la paja. Pero el caso es que yo estoy llegando a un punto en que si alguien me sugiere acudir a presenciar, visitar, ver, leer, escuchar, oler, palpar o degustar una propuesta muy interesante salgo huyendo. Porque yo creo que no hay tanto talento.

Lo que hay es una demanda enorme y bastante cuestionable de arte, cultura, nuevas experiencias y entretenimiento. Y, como consecuencia, una no menos enorme oferta, bastante cuestionable también. Porque, por mucha creatividad que nos rodee, por mucha imaginación e ingenio que tengamos, no hay tanto. No hay artistas para tanto arte. Es imposible.

Y la consecuencia es que acabamos rodeados de un exceso de representaciones, conciertos y performances que demasiado a menudo no merecen la pena, sobrevaloradísimos, que no justifican ya no solo el dinero de la entrada sino el tiempo que consumen. Y esto incluye la literatura, por supuesto, empezando por las legiones enteras de columnistas de gatillo fácil que cada semana tenemos algo que decir. Por no hablar del mundo de los espectáculos infantiles, donde directamente parece no existir umbral mínimo. Propuestas interesantísimas, trajes nuevos del emperador por todos lados. Y nosotros leyendo las explicaciones de los cuadros del CGAC con expresión sesuda, por si hay cámara oculta.

De toda esta maraña, por decantación, sin duda saldrá verdadero arte, sublime o crudo, que nos enseñará algo sobre nuestra vida. Sin duda. Pero mientras, qué exceso de prescindibilidad tenemos que soportar.

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