miércoles. 19.01.2022 |
El tiempo
miércoles. 19.01.2022
El tiempo

Rumbo a las maravillas del Atlántico

La mayoría de la gente cuando piensa en un crucero se acuerda irremediablemente de la serie 'Vacaciones en el mar'. Gracias a ella los españoles descubren lo maravilloso que podía ser viajar en barco por el mundo. De aquella idealizada serie americana a la realidad hay más bien poco. Actualmente realizar un crucero no está reservado a los bolsillos más pudientes de la sociedad, los precios se han democratizado y prácticamente cualquier familia puede viajar en uno.

Desde hace un año los gallegos están de suerte porque, sin irse muy lejos, pueden disfrutar de unas inolvidables vacaciones en el mar. El Puerto de Vigo se ha convertido en puerto base del crucero Grand Vogayer, que recorre tanto las ciudades más bonitas del Atlántico, como Lisboa, Casablanca o Funchal (Madeira), ciudades del Norte de Europa, como Londres, Brujas o Amsterdam e incluso navega por los Fiordos daneses.

Viajar en un crucero es como vivir en un hotel que permite amanecer cada día en una ciudad distinta. Tienen a su disposición todas las comodidades de una mini ciudad, con servicio de habitaciones, restaurantes, zona spa, piscina, biblioteca, discoteca, teatro, bingo, guardería etc. Dentro de un crucero todo, absolutamente todo, está pensado para que los viajeros simplemente disfruten de sus vacaciones y se sientan como en casa. Los viajeros del Grand Vogayer, van llegando al Muelle de los Trasatlánticos de Vigo, sin dejar de mirar el barco que será su casa durante los próximos siete días. Mientras en el puente de mando, el capitán italiano Andrea Baldi comprueba que todo está listo para una nueva travesía, los nuevos pasajeros caminan hacia facturación cargados con sus maletas, pero sobretodo cargados de ilusión. Como en un aeropuerto, los viajeros esperan facturar sus equipajes y pasar el control de seguridad, tanto ellos como las maletas son revisadas bajo rayos X.

En la recepción del buque, la familia Freire, de Forcarei, un matrimonio y su hija, espera realizar el 'checking' del que será su primer crucero. Todavía no se creen que estén a bordo y, animados, esperan ''pasarlo muy bien y que no se mueva mucho'' el barco, comentan. Marearse durante la travesía es el miedo de todo 'crucerista', tanto es así que Alexandra Sánchez, la relaciones públicas del Grand Vogayer, asegura entre risas, que algunos pasajeros ''se marean y el barco ni siquiera se está moviendo''. La sensación de náuseas es inevitable para muchos, su duración depende de cada organismo, aseguran los propios pasajeros. Algunos se habitúan antes al suave balanceo de la nave y otros nunca. Para esos momentos de vahído lo mejor es comer manzana verde que ''hace más efecto que la biodramina'', asegura María Jesús, que se encuentra celebrando junto a su marido sus bodas de plata. Sin embargo, cuando hay mal tiempo y el mar está picado, ni la manzana ni los medicamentos ayudan a sobrellevar el mareo, añade esta viajera sevillana.

A lo largo de la travesía hay pasajeros que no se adaptan al balanceo del barco. Manolo es uno de ellos, mientras sale de la piscina afirma que ''nunca te acostumbras realmente, bajas a tierra y aún estás moviéndote''. En cambio a Jesús no le gusta pasear por el buque porque ''parece que vas con dos copas de más'', dice a su entrada en el buque después de un paseo por el Puerto.

Mientras unos pasajeros embarcan otros aprovechan para hacer turismo por Vigo. A Pedra y sus ostras es uno de los puntos de visita obligados. Sin embargo, los 'cruceristas' que han embarcado en otras ciudades, no solo aprovechan la parada en Vigo para disfrutar del marisco de la zona, si no también para hacer compras. No hay más que echar un vistazo a la gente que sube por la rampa cargada con bolsas, para saber que la parada gallega les ha merecido la pena.

En un domingo de julio

El sol acompaña, tal vez por eso, algunos pasajeros han hecho una rápida visita por la ciudad olívica, para poder aprovechar los cálidos rayos de sol tumbados en la cubierta del barco o tomando un refrescante cóctel en la terraza de la cubierta. La piscina es territorio casi exclusivo de los niños, ellos son los que más disfrutan de los baños a bordo. Tanto es así que hay algunos que ni respetan la hora de la comida. Es el caso de una niña rubia que después de darle dos mordiscos a una pizza se levanta y se mete de nuevo en la piscina. ''Nunca he sido tan feliz'', dice a su padre .

Pero no solo los niños se divierten y disfrutan al máximo del crucero. La familia Castillo al completo -abuelos padres y nietos- ha optado por quedarse tranquilamente a tomar el sol en las tumbonas de la cubierta principal. Es el primer crucero para estos granadinos que, aseguran que lo están pasando todos muy bien. ''Mejor que en un hotel de cinco estrellas'', indican. La única pega que ponen es el tiempo que no les ha acompañado. Cada mañana leen el diario de a bordo para saber en qué ciudad han atracado y a qué hora hay que estar listos para salir de excursión. El diario también les indica qué actuaciones o fiestas tendrán lugar esa noche. La familia Castillo no se quiere perder ningún espectáculo porque ''son muy buenos y se lo pasan muy bien'', aseguran.

Los pasillos del Grand Vogayer son un ir y venir de maletas y pasajeros, una pareja asturiana, que inaugura su quinto crucero busca su camarote para instalarse y poder comenzar cuanto antes a disfrutar de las instalaciones del barco, mientras otros apresuran el paso para regresar al buque.

Quedan pocos minutos para que el crucero abandone Vigo destino Cádiz. Tras los siete pitidos de rigor el buque zarpa y comienza su singladura por aguas atlánticas.

Rumbo a las maravillas del Atlántico
Comentarios